martes, 23 de agosto de 2011

Hey ho, let's Pope!


Habrá a quien le resulte muy difícil de entender pero el éxito de las JMJ en Madrid es una muestra del fracaso de la Iglesia católica. Quiero decir que constantemente Benedicto XVI clama contra una modernidad que cree es muy negativa pero, a la vez, ha tenido que someterse a su lenguaje para hacer manifiesta la supuesta pujanza que aún mantiene la religión. Nada diferencia las JMJ de un macroconcierto de rock* al uso, desde sus entradas con holograma hasta el patrocinio de grandes corporaciones. Un evento masivo con escenario, pontífice estrella y arzobispos teloneros. Los lemas de "esta es la juventud del Papa" suenan como una paráfrasis de los Ramones, Hey ho, let's Pope, de un Blitzkrieg Pope, que por ser Ratzinger alemán suena muy adecuado. Todo el mundo recuerda la cínica pregunta de Stalin acerca de cuántas divisiones tiene el Papa, pero precisamente eso es lo que se ha tratado de calcular en Madrid; medio millón, millón y medio, dos millones o más de asistentes; los confesionarios nada menos que 200. Lo que se esgrime no son valores espirituales sino números. Más cuando se trata de hacer balance económico, de beneficios comerciales. El Papa no nos revelará el misterio de uno y trino, pequeñas unidades, sino de millones, de euros, por supuesto. Y esto es así porque para la iglesia de B-16 la caridad es secundaria y el primer objetivo es la (re)evangelización del primer mundo, de Europa y sus desarrolladas pero seculares sociedades. Al fin y al cabo es aquí donde está la pasta.




*Resulta ejemplar en este sentido que, cuando B-16 recibió a la monja de clausura más longeva, Sor Teresita, ella le regalara un libro sobre sus vivencias titulado ¿Qué hace una chica como tu en su sitio como ese?, paráfrasis de Burning.

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