martes, 30 de agosto de 2011

Las vacaciones de Rajoy


A Rajoy le molesta la fama de vago que le han puesto, le han colgado un sambetino de gandul indolente, que deja pasar los meses sin hacer ni decir nada relevante hasta que llegue el día de las elecciones, que ganará de forma automática. Rajoy cree que es una crítica injusta, dice que se ha recorrido media España pueblo a pueblo, pero sigue haciendo declaraciones sin preguntas ante la prensa porque las comparecencias en las que hay que responder a cuestiones fuera del guión le suponen un dolor insuperable. Hasta sus rondas de mítines están estacionalizadas, y siempre coincide alguno al principio o al final de las vacaciones de Semana Santa que cae por Canarias, para aprovechar un puente.

Quizá Rajoy trabaje más de lo que parece; en todo caso incluso los incondicionales reconocen que su forma de afrontar los problemas puede dar esa impresión. Deja pudrirse los asuntos espinosos con la esperanza de que se arreglen solos o desaparezcan; como ha sido el caso de Asturias con Cascos, o el de Valencia con Camps. No parece una gran virtud para un futuro presidente, pero entre tanto descanso, y mientras pacta con ZP la reforma de la Constitución, se ha deslizado que espera una gran contestación social a algunas de sus medidas, nada menos que un par de huelgas generales en los primeros meses de legislatura. No concretó más porque es mejor pasar por vago que por cruel recortador de derechos. Así, entre ajustes presentes y futuros, las vacaciones de Rajoy son lo último que nos queda del Estado de Bienestar.


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