domingo, 21 de agosto de 2011

Zizek y el 15M


El filósofo esloveno Slavoj Zizek ha publicado un artículo sobre los disturbios y saqueos de Londres en el que repasa también las revueltas árabes (con una perspectiva pesimista sobre la evolución de Egipto) y termina con Grecia. También se refiere a España, al movimiento del 15-M, lo hace (según mi traducción, muy susceptible de mejorar) con estas palabras:


(...) Pero uno debería evitar también la tentación del narcisismo de la causa perdida. Es demasiado fácil admirar la sublime belleza del alzamiento condenado a fracasar. Hoy la izquierda afronta el problema de la negación determinada*: ¿qué nuevo orden deberá reemplazar al viejo tras la insurrección, cuando el sublime primer momento haya terminado? En este contexto el manifiesto de los indignados (en español, en el original), dado a conocer tras sus concentraciones en el mes de mayo, resulta revelador. Lo primero que llama la atención es su intencionado tono apolítico. "Algunos de nosotros nos consideramos progresistas, otros conservadores. Algunos somos creyentes, otros no. Algunos de nosotros tienen claras y definidas ideologías, otros son apolíticos; pero todos estamos preocupados y enfadados por el panorama político, económico y social que nos encontramos: corrupción entre los políticos, los hombres de negocios y banqueros, dejándonos desamparados, sin voz". Han apoyado sus protestas sobre "las inalienables verdades sobre las que debe regirse nuestra sociedad, el derecho a la vivienda, al empleo, la cultura, la salud, la educación, la participación política, el libre desarrollo personal, y los derechos de los consumidores para una vida sana y feliz**". Rechazando la violencia, han llamado a una "revolución ética". En vez de poner el dinero por encima de los seres humanos, deberíamos volver a ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no mercancía. No soy un producto de lo que compro, por qué lo compro o a quién se lo compro. ¿Quiénes serán los agentes de esa revolución?. Los indignados rechazan a la clase política por completo, de derecha a izquierda, por verla corrupta y controlada por la lujuria del poder. Y, sin embargo, el manifiesto consiste en una serie de demandas dirigidas ¿a quién? No a la gente, al pueblo, en sí mismo; los indignados (aún) no han proclamado que nadie más lo hará por ellos, que ellos mismos tienen que ser el cambio que quieren ver. Y esta es la debilidad fatal de las recientes protestas. Expresan una rabia genuina pero no que no es capaz de trasformarse en un programa positivo de cambio sociopolítico. Expresan un espíritu de revuelta sin revolución. (...)

*Negación determinada se refiere aquí a un concepto de la fenomenología de Hegel, en la que, desde luego, no soy experto. Diría que podemos entenderla, dentro de su concepto de dialéctica, como la antítesis, que se opone al primer estadio de tesis, en una negación que suma elementos de la tesis ya asimilados, pero que aún no ha llegado a la fase de superación. A la síntesis.

**El "derecho a la felicidad" se recoge en la Declaración de Independencia de EEUU y tiene, en realidad, un origen perverso. La base de esa declaración está en los escritos de Locke que se apoyan en la propiedad, pero allí se habla de la felicidad para no recoger preciosamente el derecho a la propiedad de otros hombres, los esclavos negros en las plantaciones de los estados del sur.

El texto de Zizek tiene gracia porque precisamente el libro que yo estoy leyendo del autor en este momento se titula En defensa de las causas perdidas. Voy por la mitad así que no podría hacer mucho más análisis con rigor.


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