sábado, 24 de septiembre de 2011

El armario del emperador


La crisis comenzó con el primer dedo que señaló que el emperador estaba desnudo. Grandes empresas se desplomaron porque apoyaban su valor en paquetes de hipotecas imposibles de pagar con los que se especulaba en bolsa. Los bancos dejaron de confiar entre ellos y se secó el crédito. Esto es así; pero pronto llegaron lacayos dispuestos a vestir al santo con nuevos ropajes, aunque otra vez invisibles; como la mano del mercado: la culpa era de los reguladores. Todavía no habíamos terminado de responder ¿quién?, cuando la procesión imperial ya había avanzado lo suficiente para mostrarnos las nalgas. La solución serán más recortes sociales, en salarios, derechos laborales y edad de jubilación. Y ajustes públicos, en educación y en sanidad. Pero nada, que ese traje es todo ojal, que seguimos viendo al emperador en bolas y esto no se levanta. Las bolsas se desploman y, una vez más, lo que urge es recapitalizar a la banca porque el liberalismo económico ya ha saltado del naturismo al exhibicionismo lujurioso.

El caso es que, desde el comienzo de la recesión, tenemos bordado ya el vestido que hace falta, aunque se guardó muy pronto en el armario. Controles reales a las agencias de calificación, una persecución efectiva de los paraísos fiscales y la evasión; con una tasa que grave el movimiento de capitales por especulación.

Seguir exprimiendo a la población sin concesiones para que una minoría mantenga una vida de lujo extremo es una obscenidad. ¡Hagan el favor de taparse, un poco de decencia!

No para cualquiera (24-09-11)

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