martes, 13 de septiembre de 2011

Estado de sitio


En la apertura del curso universitario Francisco Álvarez-Cascos dijo algo revelador; para alentar una relación más directa entre estudios y empresas señaló que estamos pasando “del estado de bienestar al estado emprendedor”, y eso tiene mucha miga. El llamado “país de los autonómos” es un concepto que nace a mediados de los 90 en plena burbuja digital en Silicon Valley y forma parte de la utopía liberal que imagina una sociedad en la que cada uno es su propio jefe, una empresa en sí mismo, libres todos de ataduras tales como los convenios y los salarios. Claro que la burbuja digital estalló y pese a toda esta retórica las grandes corporaciones siguieron buscando obreros de toda la vida, eso sí, deslocalizados en países sin derechos.

Pero también se encontró otra solución, y son los denominados “falsos autónomos”, aquellos que en realidad solo facturan a una empresa porque realizan el mismo trabajo que un asalariado pero por cuenta propia, con menos derechos sociales y un jugoso (para la empresa) fraude a las arcas públicas.

Nos gusta creer que la abolición de la esclavitud llegó en el siglo XIX gracias a una evolución del pensamiento, de un genuino espíritu de derechos humanos. Y en algunos casos fue así, pero también porque la revolución industrial hizo menos rentable un sistema en el que hay que pagar casa y manutención a los esclavos. Para mutar el trabajo hoy a algo peor también necesitamos una palabra bonita, como emprendedor; pero del de bienestar vamos al estado de sitio de cada individuo.


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