sábado, 1 de octubre de 2011

Campo de minas


Seguí con interés la entrevista, por llamarla de alguna manera, que concedió el presidente Francisco Álvarez-Cascos a su pantalla amiga el pasado jueves por la noche. Una de las preguntas (que el entrevistador leía como si repasara en voz alta un dictado) se refería a las críticas que ha recibido por la inacción de su gobierno en sus primeros cien días. A esto no respondió el presidente con un relato de los hechos de su ejecutivo (lo cual hubiera sido imposible porque no hay) sino que afirmó que había gastado este tiempo en desbrozar el “campo de minas” que, según él, le dejaron los que le precedieron. Esta metáfora bélica no tiene desperdicio porque, en la vida real, la limpieza de un campo de minas se hace con sumo cuidado y sigilo, midiendo con precisión cada centímetro del terreno.

Pero lo que llevamos viviendo en Asturias desde las elecciones de mayo es un sinfín de explosiones, que cuando aún no se ha apagado el eco de una ya está estallando la siguiente, ahora a un lado luego al otro; cercados por el fuego hacia adelante y hacia atrás, y por eso no avanzamos. De tan autóctonos que se nos han vuelto algunos de repente parece que han olvidado el rigor del artificiero y van tanteando el prau con una fesoria a golpes con satisfacción de pirómano. Porque las detonaciones sirven para ocultar que detrás de la llama no hay nada, pero hay gente a la que pilla en medio y arde. Obviamente les importa un pimiento, más si se ven los fuegos artificiales sentados en sillas de 500 euros.


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