domingo, 23 de octubre de 2011

De linchamientos

Linchamiento es una palabra que proviene de un nombre, el de Charles Lynch, revolucionario norteamericano que con sus juicios sumarísimos inició toda una tradición de la república de los EEUU. Conviene saber en todo caso, tal y como se describe en Extremo Occidente de Juan Carlos Castillón, que allí el término tiene connotaciones negativas o positivas según en qué costa del país nos encontremos. En en el Este, un linchamiento es algo perverso porque se asocia a los crímenes del KKK y su persecución inhumana de los negros después de la Guerra Civil. En el Oeste no es así, allí durante mucho tiempo tomarse la justicia por su mano fue la única justicia posible, y está grabado en el inconsciente colectivo de la gente que se forjó una sociedad civilizada gracias a hombres honestos que, en un momento determinado, dejaban la azada, montaban a caballo y perseguían a un ladrón de ganado o a un asesino hasta darle caza y ahorcarlo del primer árbol que se encontraban porque no existía ningún tipo de institución judicial consolidada en la última frontera. Esto nos puede parecer una barbaridad, pero forma parte de su idiosincrasia y, al fin y al cabo, todos los mitos nacionales son igual de falsos.

Esta semana hemos vuelto a hablar de linchamientos por los últimos momentos de Gadafi, de los vídeos que se grabaron mientras le arrastraban vejándole tras su captura. En el blog Obamaworld han hecho una buena reconstrucción de los hechos y, lo más importante por qué era necesario que Gadafi muriera. Hay algo que no comparto, y es la tesis (muy extendida, por otro lado) de que hubiera sido peligroso que el ex coronel compareciera en un juicio por las tremendas revelaciones que hubiera proclamado desde el banquillo de los acusados sobre sus relaciones con Occidente. Decía Nietzsche que hacemos mal en atribuir a la maldad comportamientos que, en realidad, se deben a la mezquindad; y no hay tanto astuto mal hacer en el mundo, aunque hay mucho o demasiado. Lo cierto es que nos hemos pasado la semana recordando cómo la práctica totalidad de los líderes europeos se codearon con Gadafi hasta anteayer y no hace ni un mes que el Sunday Times revelaba que Blair viajó dos veces en un jet privado a Libia después de haber dejado Downing Street, seguramente para tratar concesiones petroleras relacionadas con la liberación de Abdelbaset al Megrahi, condenado por el atentado de Lockerbie. Casi todo lo relevante sobre estos asuntos lo sabemos ya. Sucede algo semejante a las filtraciones de Wikileaks, que muchas ya las imaginábamos o las suponíamos porque eran evidentes. Otra cosa es encontrártelas escritas negro sobre blanco en un cable diplomático.

Algo que sí me ha molestado son los comentarios que atribuyen a los libios que le capturaron una barbarie inédita que demuestra que les será imposible llegar a formar una democracia. Tiene gracia porque revela todo tipo de prejuicios hacia los africanos, moros además, cuando seguramente no haya habido un pueblo más bárbaro y salvaje que el hombre blanco europeo, lo que no quita que haya sido también extremadamente civilizado, que le guste comer con cubiertos y escuchar ópera.

Tan reciente como en 1989 tenemos el final de Ceaucescu en Rumanía, que también fue capturado cuando trataba de huir del país. Se le hizo un juicio rápido y se le ejecutó junto a su pérfida esposa. A nadie le dio pena.

Más atrás, de entre los grandes tiranos de Europa occidental que reinaron hasta la II Guerra Mundial, queda la referencia de Mussolini. Capturado cuando trataba de huír a Suiza disfrazado de soldado alemán, el Duce fue fusilado a metralleta junto a su amante Clara Petacci. Pero su cadaver fue mutilado y colgado en las calles de Milán. Los golpes que le dieron a su cuerpo dejaron su rostro irreconocible, y la noticia provocó un profundo impacto en Hitler, que decidió preparar la destrucción de su cadaver tras su suicidio en el bunker de Berlín, para evitar tener un destino semejante. Siempre recuerdo la escena de la captura de Attila y Regina en Novecento, de Bertolucci, porque ambos personajes son un remedo de Mussolini y su amante, en la microitalia que representa la granja en la que transcurre la película. El fragmento es este:




Tras la captura, Attila es encerrado junto a los cerdos y finalmente rematado de un tiro en la sien ante la tumba de una de sus víctimas. A Regina no se le concede la muerte, y vivir será su castigo. Tratamos como linchamientos los de tiranos vivos y la vejación de sus cadáveres. Aún a riesgo de caer en la Ley de Godwin, pero porque con casos extremos se explican mejor algunas cosas, os animo a ver esta imagen que es dura de verdad:



Se trata del cuerpo de Franz Ziereis, era el comandante del campo de concentración de Mauthausen (donde murieron, por cierto, muchos españoles). Ziereis consiguió huir tras la llegada de los aliados, pero le capturaron en una cabaña en Austria donde se había escondido y resultó gravemente herido durante el ataque. Fue llevado a un hospital militar y allí fue interrogado y reconocido por algunos de sus antiguos prisioneros. Murió, a causa de sus heridas, y esto es lo que los prisioneros del campo hicieron con su cadáver. Yo no me siento con ánimos para juzgarlos. La foto está sacada de la web WWII in color; un archivo fotográfico muy recomendable.

Quiero decir que a mí, que estoy sentado en una cómoda silla con techo y paredes, me hubiera encantado que a Gadafi le llevaran preso a un tribunal internacional y que le juzgaran y le condenaran decentemente. Pero me puedo poner también en la piel del chavalete (porque son chavaletes) combatiente de Misrata que ha perdido a amigos, a un padre o a hermanos, que ha sufrido la tortura y las privaciones de una guerra salvaje y que un día, se encuentra escondido en un desagüe al hombre que ha mantenido ese reino del terror. Y no me esperaría que fuera clemente.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Todo un ejercicio de estilo para justificar un linchamiento. No hay justificación, chavalote. Apetece mucho cargarse uno por uno tus argumentos aparentemente ilustrados, pero me aburre. Quizá no te merezcas clemencia si un día la necesitas.

Lordo dijo...

Si has llegado a esa conclusión es que no has entendido nada; a lo mejor yo no me he explicado bien. Pero lo dudo. Gracias por lo de ejercicio de estilo.

Booker dijo...

"Quizá no te merezcas clemencia si un día la necesitas" Justificar un linchamiento está muy mal, chavalote