domingo, 30 de octubre de 2011

Fugao de Tineo

Finalmente cayó el fugao de Tineo, Tomás Rodríguez, conocido como "Tomasín" entre sus vecinos, fue detenido por guardias civiles apostados en las cercanías de su cabaña después de más de dos meses de búsqueda por los bosques. A Tomás se le perseguía tras la muerte de su hermano Manuel, cuyo cadaver apareció con fuertes golpes en la cabeza a comienzos de septiembre en el monte de la aldea de la Llaneza. La Policía buscaba a Tomás para tomarle declaración por la muerte de su hermano, aunque no le acusaba formalmente del asesinato. En el pueblo las opiniones de los vecinos estaban divididas, hay quien lo consideraba responsable --Tomás tiene un caracter hosco, no dudó en amenazar o lanzar piedras a otros vecinos en el pasado-- mientras que otros dudaban de que fuera capaz de hacer daño realmente a nadie; decían que su hermano Manuel había tenido problemas últimamente con unos portugueses y que quizá Tomás se topó a su hermano muerto, se asustó y huyó. De las responsabilidades penales de Tomás no nos vamos a ocupar aquí porque no nos corresponden, ahora será juzgado o no si se le atribuye algún delito. Aquí de lo que vamos a hablar es de su leyenda, la de un hombre que puso en jaque durante nueve semanas a los cuerpos de montaña de la Guardia Civil, que no son precisamente unos domingueros.


Quizá mañana lunes ya tengamos una imagen de Tomás Rodríguez, quizá le veamos esposado, cubriéndose la cabeza con una chaqueta, como se suele ver a las entradas de los juzgados a los detenidos en los telediarios. Hasta ahora no ha habido ninguna. Ni siquiera se mostró la que la Guardia Civil pudo captar de él hace dos semanas, imagenes logradas gracias a las cámaras que el FAPAS tiene instaladas en los montes asturianos para estudiar a las especies en peligro. La descripción que de Tomás se ofrecía era la de un hombre vestido con un poncho, casco militar y botas que vagaba por el bosque. Antes de eso nos habían dado otros retratos aproximados; su barba le crece hasta el pecho, es tímido y fuerte como para cargar a pulso el ganado en un camión. Hasta los 20 años llevó una vida normal, tan normal como la del resto de habitantes de La Llaneza; pero un día (hará otros 20 años) cruzó --alguien de aquí quizá dijera que chifló, o que dió en llocu-- y decidió cambiar de vida radicalmente, echarse al monte y vivir una vida que hace parecer opulentos a los espartanos. Antes de que sus padres fallecieran, a veces bajaba a La Llaneza a que le dieran algo de pan u otra comida; su padre o su hermano (según el relato) le regaló algunos animales --tenía vacas y caballos-- que nunca fueron estabulados, es decir, jamás durmieron en un establo, ni fueron marcados, vivían al raso, como muchas noches si el tiempo acompañaba dormía Tomás. Se ha hablado siempre de la cabaña en la que vivía, donde anoche fue detenido, quizá sea mejor verla. Esta es una imagen del exterior:



Y así es como se fotografió el interior de la cabaña, en los primeros días de su huída:




Varios datos sobre el estilo de vida de Tomás hicieron crecer su leyenda, no solo por su capacidad para eludir todos los controles y batidas que realizó la Guardia Civil durante su búsqueda. Se decía que, para beber la leche de sus vacas, usaba parte de un envase de suavizante recortado sobre el que ordeñaba la leche y del que la bebía directamente. En su cabaña se encontraron algunas escopetas (que parte de la prensa ha descrito como "artesanales" no sé en qué sentido) que allí se quedaron la primera noche tras precintar la Guardia Civil el recinto. Sin problemas, Tomás acudió a recogerlas en la oscuridad y se las llevó consigo. Pese a las cámaras, y pese a las batidas, nunca dejó de atender a sus animales a los que visitaba sin ser descubierto y por los que parece sentir un cariño especial --de hecho se especula con que su hermano habría querido vender las vacas para cambiar de negocio, para comprar un camión, y que Tomás le atacó por privarle de sus animales; lo cierto es que la Guardia Civil los guardó hace poco en un cercado como una especie de cebo, para tratar de atraerlo. Sin éxito--; es más, el 30 de septiembre, en plena búsqueda y a plena luz del día, Tomás bajó del monte hasta el pueblo de La Espina, en Salas, acudió al supermercado, compró provisiones para un mes que pagó en billetes de 50 euros y luego regresó al monte en taxi. Antes de dejarle marchar entre la fronda, el taxista, que le había reconocido, le dijo "tengo que denunciarte, Tomás". Él le respondió con un rotundo y certero "haz lo que te salga de los cojones". Y desapareció.

La orografía ayudó a Tomás. En un viaje que hice tiempo atrás junto a otros periodistas acompañando a Xuan Bello a la aldea de Paniceiros, el escritor (que lo es bueno porque es un gran fabulador) gustaba de entretenernos y tratar de engatusarnos con historias del lugar que no sé si serán ciertas o se las inventaba sobre la marcha. Una vez hizo que tres periodistas catalanes casi subieran al faro de Cudillero porque les había contado que, en días claros, desde allí se puede ver Irlanda. En otra ocasión nos contó que la leyenda decía que bajo el monasterio de Obona crece una red de túneles en forma de laberinto cuya extensión es la misma que el concejo de Tineo. Xuan Bello se reía cordialmente de nosotros; pero es cierto que Tineo está lleno de cuevas y minas abandonadas en las que se decía que Tomás podría guarecerse por un tiempo indeterminado de los rigores del clima.

Su descaro, su austeridad legendaria, su resistencia numantina, es lo que hizo de Tomás una leyenda en las redes sociales, en twitter con el hashtag #fugaodetineo y en Facebook con un grupo de admiradores que le comparaba con Rambo; por supuesto con el primer Rambo, el de Acorralado, el que cuando llega el coronel Truman a buscarlo les dice a los policías que le rastrean que ha venido, no a protegerlo, sino a protegerlos a ellos de él.

Hay algo conmovedor en la historia de Tomás Rodríguez que no ha encontrado el trato que merecía en los medios nacionales ya que este episodio apenas se conoce más allá de Asturias. Quizá sea que aquí pesa en el inconsciente colectivo la imagen del maquis, que se prolongó por décadas y que todavía hoy trata de recopilar sus relatos. Al fin y al cabo, aún resuenan las historias de fugaos en el cancionero astur de finales del siglo XX y estremecen a los contemporáneos; desde Llan de Cubel, hasta la adaptación asturiana de The Partisan de Leonard Cohen que se grabó con motivo de su premio Príncipe de Asturias (el concierto First we take Milan puede verse íntegro y con calidad aquí).

Particularmente, las hazañas de Tomás siempre me han hecho pensar en el emboscado de Ernst Jünger. Para su tratado sobre la rebeldía, el autor de Tempestades de Acero toma la espesura como metáfora; pero Tomás en Tineo la aplicó literalmente; antes de que le pasara nada a su hermano. Marchar, huir, a todos se nos ha pasado alguna vez por la cabeza, dejarlo todo y vivir una vida en la que a cada instante merezca la pena llamarlo vida, por ser radical y extrema. La renuncia es exagerada, pero Tomás la hizo.

De cómo acabará su historia hablarán ahora los tribunales. De lo que hemos tratado ahora sobre la resistencia de un individuo frente a todo un sistema aplastante, de lo que dijo Jünger o (más de mi gusto) Albert Camus en El hombre rebelde, seguiremos hablando muchos más días. Porque, muy a nuestro pesar, es el tema de nuestro tiempo.




Actualizaciones:

No se tapó la cara en la entrada a los juzgados. De hecho, Tomás regresó a Tineo tras su detención sonriendo y entre los vítores y aplausos de sus vecinos. La primera imagen del fugao de Tineo es esta:



La escopeta "casera", es una de perdigones que Tomás trucó para disparar munición de calibre 12. Los billetes de 50 euros con los que pagó sus provisiones en la escapada al supermercado de La Espina los guardaba en un bote de Colacao en la cabaña. En total, sus ahorros eran de 30.000 euros. Tomás reconoció que disparó a su hermano porque le maltrataba habitualmente y el último día en que estuvieron juntos le amenazó de muerte.

5 comentarios:

Paula Rodríguez dijo...

Me ha gustado un montón. Coincido contigo en que no se le dio la importancia y la difusión que merecía. Si esto pasa en EEUU sale a nivel mundial y Hollywood estaría haciendo la peli.

Anónimo dijo...

Excelente artículo, amigo mío. Una precisión mínima: desde lo alto de Cudillero se ve Irlanda cuando está nublado. Un fuerte abrazo, Xuan Bello

carmen dijo...

Me encanta el articulo, en el fondo muchos envidiamos a Tomasin, por libre , por autentico, por responder a instintos que son la esencia del hombre mismo....frente al mundo vulgar, ordenado y perfecto

Álvaro. dijo...

Conoces la canción "los fugaos" de Nuberu

Lordo dijo...

Antón encendió la mecha, prendióla con picardía