jueves, 13 de octubre de 2011

Hora de reclamar


Para montar un mueble de Ikea no hay que ser especialmente mañoso, al fin y al cabo es como una especie de juguete del huevo kinder pero en grande; y solo hay que seguir atentamente las instrucciones. Si no sale bien puede ser que falte una pieza o que venga con un defecto de fábrica. Para arreglar nuestra crisis europea, nuestros líderes han seguido al pie de la letra el manual liberal conservador: se han hecho reformas laborales y de la jubilación, se han decretado ajustes severísimos en el gasto público y ya se toca sin disimulo tanto la sanidad como la educación. Pero no acaba de armarse el mueble, todo cojea, no se sostiene. ¿Ha faltado alguna pieza, alguna recomendación del BCE o del FMI que no hayamos seguido? La verdad es que no, así que no queda más remedio que reclamar al fabricante porque el producto está defectuoso.

La contención absoluta del gasto ha congelado hasta detenerla a la economía, no hay crédito, no hay consumo y nos hemos encerrado en un círculo vicioso, paralizados repasando una y otra vez cada paso del manual. La solución, dicen, pasa por recapitalizar la banca y eso viene a ser como regresar de nuevo a la tienda que, como todo el mundo sabe, tiene forma de laberinto y obliga a visitar todas las secciones una a una hasta el final. Porque el sostén de la banca obligará a recortar más gasto público y las agencias que hoy lo exigen nos dirán mañana con cinismo que nos hemos gastado mucho dinero en eso. Olvídenlo, ya es hora de acudir a la hoja de reclamaciones.


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