sábado, 29 de octubre de 2011

La estilográfica y la crisis


En ese centro comercial cuyo nombre nunca se puede citar en la prensa si no es para elogiarlo porque gasta en publicidad más que nadie, ya no venden casi nada. La gente deambula por su secciones, bajo carteles que anuncian la llegada de la primavera o el otoño con semanas de antelación, pero ya no pueden consumir como antes. Bueno sí, el otro día, un caballero se interesó por las estilográficas que lucían en el mostrador, preguntó por una en concreto singularmente atractiva y la dependienta le explicó su desorbitante precio: son 20.000 euros. Sin problemas, el señor la compró en el acto. Quizá les compense que, en estos tiempos, un solo individuo gaste en un minuto en una pluma lo que el resto de los mortales podía mover en una tarde entre libretas, guantes y patatas; pero dudo de que sea un buen negocio a largo plazo.

Las estadísticas confirman esta anécdota; mientras el consumo se ha estancado en casi todos los sectores, las ventas de productos de lujo no han dejado de crecer. Es lógico y define muy bien lo que está pasando porque lo que vivimos es un saqueo mundial por parte de los más poderosos. Tras aprobarse la recapitalización de la banca europea, las entidades españolas se mostraron indignadas (también ellas, ahora) porque se las señala en demasía y, sin embargo, las bolsas se dispararon. Están eufóricos porque hay un billón de euros en el que podrán seguir metiendo el cazo. Pero es hora de decir que si en un pueblo cierran un ambulatorio, que cuando se rebaja aún más el salario de un mileurista, es para que un señor engominado pueda seguir fardando de yate en el Caribe.

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