viernes, 21 de octubre de 2011

La tentación


No podría ni me apetece hacer un análisis sesudo del comunicado en el que ETA anunció ayer el cese definitivo de la violencia. Ni de sus orígenes, ni de las consecuencias que tendrá en el futuro, ni de si será por fin ya el definitivo o habrá una escisión, qué sé yo. Hay análisis a patadas en la prensa de hoy, elijan el que más les guste.

Soy más humilde y me quedo con algo pequeño y local, pero que no puede quedar perdido en la vorágine de las últimas horas. De entre todas las reacciones que se dieron ayer, las más llamativas fueron las de un grupúsculo de politicos y periodistas que parecían realmente fastidiados con el comunicado. Se pasaron media tarde buscándole las vueltas, no podía ser que después de estar tanto tiempo reclamando el comunicado que pusiera fin a la violencia se lo encontratan de repente. Fue crucial que, entre todas las valoraciones del día, Rajoy reconociera que el anuncio se hacía "sin contraprestación". Y es algo que pilló con el paso cambiado a mucha gente, sobre todo entre los que, dentro del PP, se lanzaron a valorar el comunicado antes de escuchar la valoración del líder.

Fue muy elocuente el silencio de Pedro J. Ramírez. El normalmente más que locuaz director de El Mundo en twitter, capaz de pelearse por unos segundos con tal de aparecer como el primero que anuncia una noticia, tardó más de una hora en decir algo, y cuando empezó se le veía KO, desconcertado, con argumentos de risa. Otro tal cual fue Mayor Oreja. Ambos (no solo ellos) representan a ese grupo que ha hecho de ETA el eje fundamental de su argumentario y sin ella se sentirán huérfanos. Lo cierto es que para este grupo las víctimas no son un fin, sino un medio, uno del que sacar rédito electoral o económico; y el mejor ejemplo es el 11M , lo que pasó en vísperas de las elecciones y la teoría de la conspiración.


Pero no es eso a lo que yo venía, sino a analizar la reacción del presidente de Asturias, de Francisco Álvarez Cascos, el líder del partido que lleva sus siglas, FAC. Fue soprendente que, en una tarde en la que, quien más quien menos buscó su minuto de gloria, él se despachase con una respuesta extemporánea. Literamente fue así:


El presidente de Asturias, Francisco Álvarez Cascos (Foro Asturias), declinó hacer declaraciones al respecto porque "los Premios están por encima de ETA".

Es el último párrafo del teletipo de Europa Press, Cascos no aparece en el titular, estaba concentrado en la llegada de los últimos premiados de la Fundación Príncipe de Asturias al Hotel de la Reconquista. Era algo absurdo y que provocó indignación en varias personas anoche.

Hoy sí que ha reaccionado. Ha sido en el programa de Juan Ramón Lucas en en RNE (el audio completo aquí), hoy Cascos ha dicho que el comunicado pone condiciones para el el gobierno que surja de las urnas después del 20N y que si no se cumplen esas condiciones, sin duda, la banda volverá a matar.

¿Por qué ese cambio de actitud? Si ayer los premios eran más importantes, ¿a qué viene esta reacción en el día en el que se celebra la ceremonia solemne de entrega? Pues, en mi opinión, a que Cascos pretende recoger el voto de los desencantados con la reacción de Rajoy, de quienes le han considerado durante estos ocho años un "maricomplejines". Cascos se presenta a las generales en Asturias y en la Comunidad de Madrid, y ha llegado a la víspera de la campaña con un mensaje confuso y a veces contradictorio, que pretende conjugar un regionalismo rancio con el antinacionalismo, que trata de vender su propuesta como una solución contra "el chantaje" de PNV o CiU, pero que arremete contra el centralismo que "margina a Asturias". De pronto ha surgido un nuevo elemento para el debate, y si los aguerridos se encuentran decepcionados con Rajoy, quizá él pueda ofrecerles una alternativa.

Aguerridos, o aguirristas, porque nada es casual en esta historia y si la presidenta de la Comunidad de Madrid ayudó a la financiación de Foro Asturias mediando en reuniones con grandes empresarios de la capital, ha llegado la hora de devolver el favor. A nadie se le escapa que, desde el anuncio de que Gallardón irá en las listas del PP madrileño la lideresa vive horas bajas. Si ha ayudado a financiar un partido que puede robarle votos por la derecha al suyo propio es por ganas de aguar un poco la previsible victoria arrolladora de Rajoy. Dudo que llegue a arañar un puñado de sufragios en Madrid, pero eso no es lo importante.

Tan crucial como que de ETA no surja una escisión en el camino del abandono de las armas es que el PP siga unido la postura adoptada ayer por Rajoy, abrir el paso a un grupo populista que sienta la tentación de hacer demagogia fácil con el terrorismo en el momento que llega a su final es peligroso, y podría poner muchas piedras en el camino a una solución que casi rozamos con los dedos. No nos lo merecemos.

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