martes, 18 de octubre de 2011

No hay dietas milagro


Cómo se eligen las metáforas resulta muy descriptivo; por ejemplo, entre los conservadores españoles está de moda comparar la gestión de la economía nacional con las cuentas que se echa una familia. Es lógico, se meten dos conceptos en uno (el bolsillo y la familia, que suenan gratos a su electorado) por un mismo precio, aunque sea una analogía bastante desaconsejable. Lo cierto es que las familias no se han administrado nada bien en las últimas décadas en España (nuestro problema es la deuda privada, no la pública) y además, la familia ya está muy lejos de ser solo su rancio concepto de papá, mamá y la parejita.

No, una metáfora mejor sería la de las dietas milagro, esas que prometen adelgazar decenas de kilos en apenas unas semanas con las técnicas más extravagantes. Son un peligro porque pueden afectar gravemente a la salud y, a veces, provocar la inanición. Los resultados están ahí, después de drásticos ajustes hasta la economía alemana está a punto de detenerse, y aquí ni fluye el crédito ni hay consumo. Pero para completar la metáfora habría que añadir que, además, no solo nos engañan con un espejo cóncavo para hacernos ver más gordos de lo que realmente somos, sino que hay otros glotones que se pesan a la vez que nosotros en la báscula para endilgarnos su gula. Porque mientras nos cierran hospitales se propone volver a recapitalizar la banca, con sus bonus y salarios astronómicos, pero sin tocar los paraísos fiscales ni tomarse en serio la evasión de impuestos. Y es que, además de comer bien, hay que hacer algo de ejercicio, sudar un poco, pero por una vez ellos, no nosotros.


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