martes, 15 de noviembre de 2011

Casa Real S.A.


De lo que le pase a Iñaki Urdangarín, de su instituto Nóos, de las vinculaciones con el caso Palma Arena, hablarán los tribunales. No puede ser de otra manera, la presunción de inocencia es para todos, hasta para los duques y no se puede decir mucho más sin caer en el riesgo de meter la pata. Urdangarín, de momento, ni siquiera está imputado.

La Fiscalía ha dicho que ya se verá y además esta historia ya tiene un malo oficial, el socio Diego Torres, profesor de Urdangarín en la ESADE con el que, tras cursar Business Administration, decidió hacer negocios, sin duda, sin tener en cuenta su título nobiliario sino porque era un brillante y prometedor pupilo. Claro que sí. Tampoco se ha divorciado la infanta Elena de Jaime de Marichalar, se trata de un separación temporal de la convivencia; de otro modo la Iglesia católica, inseparable de los todos los ritos de nuestra monarquía, hasta en las tomas de posesión de los ministros, hubiera puesto en grito en el cielo.

De lo que sí podemos hablar es de la inmobiliaria Aizoon, participada por Urdangarín y también por su esposa Cristina porque ¿para qué necesita una infanta tener una inmobiliaria? No me refiero a que haya hecho negocios sucios, aunque su gestión fuera impecable; ¿para qué? ¿No tiene la Casa Real un asignación generosa en los presupuestos para vivir sin trabajar, que es lo que hacen los reyes? Una asignación que se completa con partidas en casi todos los ministerios para conseguir la ilusión de la monarquía más barata de Europa y de la que no se rinden cuentas ante el Parlamento. Quizá por eso vayan a rendirlas en los tribunales.

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