domingo, 13 de noviembre de 2011

La buena esposa




Cuando, en el debate entre Rubalcaba y Rajoy, el primero le preguntó al segundo por su recurso al matrimonio homosexual lo primero que contestó el líder del PP es que las diputaciones provinciales eran muy importantes. Como Rubalcaba insistió, Rajoy retomó la idea de que se trata de un problema de nombre, que a él le gustaba más lo de las uniones civiles y que había llevado tal cosa en su programa de 2004, lo cual no es cierto.

Cabe pensar que, para los conservadores españoles, el concepto de matrimonio es muy restrictivo, mucho, no solo porque piensen que se limita al que pueda darse entre un hombre y una mujer; sino por lo que denotan algunas cosas sobre el papel que cada cual deba tener en la vida conyugal. ¿Que no? Escuchemos la canción con la que se amenizó la semana pasada el inicio de un mitin del PP en Valencia. La transcripción de la letra es esta:


"Somos madres, mantenemos nuestra casa limpia y pura, como todos, trabajamos sin desdén, no hay duda alguna, choferesas, enfermeras, cocineras y modistas, pedagogas, cantantes y hasta artistas, cuentacuentos, albañil y economista. Somos madres. Alguna cana en nuestra sien se nos asoma y lloramos cuando hijo ya mayor nos abandona, nos engaña recibir alguna flor y un achuchón, pero más nos gusta un bolso de Vuitton, sin hacer más comentarios. Somos madres, somos madres, somos madres".

No tiene desperdicio, especialmente lo del bolso de Vuitton; aunque seguramente el meollo del asunto está en la descripción de las cualidades y capacidades femeninas de estas madres, mujer-mujer, válidas para todo. Pero ¿es esto un ejemplo de machismo? La respuesta corta es sí, la larga, si profundizamos un poco más, exige más matices. Vamos allá.

La primera tentación de un progre trasnochado al ver la canción de las populares valencianas es tirar de la Sección Femenina, el órgano creado por la hermana de José Antonio Primo de Rivera que estableció los cánones de la mujer ideal nacionalcatólica durante la mayor parte de la dictadura. Hace tiempo corrió por internet una serie de imágenes inspiradas por los consejos de esta organización para las buenas esposas, algunos como este:


Lo cierto es que se trata de un fake, como bien han señalado en La huella digital; pero aún así, los textos no se alejan mucho de lo que realmente se recomendaba en los manuales de Economía doméstica y las revistas que publicaba la Sección Femenina. Era así. Naturalmente, se trata de un modelo fascista, no muy distinto de las tres K --Kinder (niños), Kirche (iglesia) y Klüche (cocina)-- que proponían los nazis para las buenas germanas.

Sin embargo, no dista mucho de lo que se ofrecía en las sociedades democráticas de los años 50, en los ejemplares Estados Unidos de América; tal y como se puede ver en este otro decálogo que también circula hace tiempo por la red:



Hay dudas de si se trata, también, de un fake. La página de referencia en esta materia, Snopes, no lo tiene claro. Puede que se trate de una composición contemporánea, pero viene a decir, que, al fin y al cabo, esa era la realidad lo que se esperaba y se exigía de una good housewife. Así que tenemos que esta división de roles de género se dispersa a ambos lados del Atlántico y también a ambos lados del espectro ideológico conservador, desde el fascista al democrático. Pero lo cierto es que la idea de la mujer que es madre, y además choferesa (porque conduce), enfermera (porque cuida a los enfermos de su casa), psiquiatra (porque a todos da ánimos) y, sobre todo, economista (porque es la que sabe llevar mejor que nadie las cuentas del hogar) no es solo una idea conservadora; es también una metáfora recurrente en textos feministas de toda clase que tratan de resaltar las múltiples capacidades femeninas en un adverso mundo hecho solo para los varones.

Suele pasar, en todo caso, que esta idea (brillante en principio) y con un origen reivindicativo igualitario acabe siendo asumida, y luego apropiada, de nuevo por los conservadores. O peor aún, amigas, por las conservadoras. Dos ejemplos recientes son la Mama Grizzly de Sarah Palin o la schwäbische Hausfrau, el ama de casa suaba (ahorradora y eficaz) que Angela Merkel suele citar en sus discursos (tal y como se explica en este artículo).

Lo cierto es que la pata sobre la que se sustenta la creación del ideal femenino multidisciplinar necesita, para no caerse, apoyarse en otra, la de la degradación varonil por ser un inútil integral. Hay muchísimos ejemplos en la publicidad, en Sociological Images suelen recoger bastantes, aunque este artículo es un buen resumen. En el hogar medio solo mamá puede ocuparse de las cosas realmente importantes porque papá, más allá de cortar el cesped y cambiar bombillas, es torpe, bruto e ineficaz. Pese al barniz emancipador que pudieran aparentar estos anuncios, lo cierto es que también contribuyen a reforzar los esterotipos sobre los que se sustenta el patriarcado tradicional, eso sí, estos muestran el lado simpático del tópico. Son los que el Instituto de la Mujer jamás censuraría, seguramente porque no se toman en serio sus propias ideas.

Pero demos unos cuantos pasos más. ¿Y qué pasa cuando el papel de cuidadora sumisa no es una imposición sino una elección? No puede ser, eso quizá para siglos pasados, pero no a estas alturas. Pues vamos a echarle un ojo a este documental:




Este es el primer vídeo de una serie de cinco; son casos realmente llamativos pero reales. Tienen mucho que ver con un fenómeno de integrismo religioso que en España no es habitual (de momento) pero en EEUU sí. Allí ya es un clásico The Surrendered Wife, a este lado del Atlántico lo que lo está petando en determinadas comunidades musulmanas es Tu puedes ser la mujer más feliz del mundo. En ambos casos, cristiana o islámica, la propuesta es similar, las mujeres deben volver al redil y por su bien, no son libros dirigidos a hombres en absoluto, son textos para mujeres que tratan de justificar que un papel secundario frente al marido es lo que beneficia en conjunto a la pareja. Y lo terrible es que ambos ha sido éxitos de ventas.

Para la ficción quedan The Stepford Wives, que imagina una pequeña comunidad en la que las esposas son perfectas amas de casa y obedientes que se comportan como robots, porque efectivamente lo son. Un libro muy interesante cuya adaptación cinematográfica más reciente, protagonizada por Nicole Kidman, es más bien floja. Pero queda un paso más, ¿y cuando el rol de esposa sumisa es un fetiche sexual? Quedó para la posteridad el pasmo del feminismo oficial cuando muchos años después de su publicación se confirmó que el autor de Historia de O no era tal sino autora. Años repitiendo que todas esas escenas se correspondían a fantasías de dominación del cerebro masculino y resulta que habían sido imaginadas y luego magistralmente plasmadas en papel por la buena de Anne Desclos, bajo el seudónimo eso sí, de Pauline Réage.

Pero es que los látigos, cadenas, latex, botas y cuero son también estereotipos sobre el BDSM que es un fetiche sutil com muchísimas variedades. Para el caso que nos ocupa es preciso acudir a Taken in hand (no hay peligro NSFW, solo hay texto). Todo un sitio dedicado a las fantasías de mujeres que quieren ser esposas sometidas, incluso físicamente, y no por cuestiones ideológicas ni religiosas, sino como fantasía sexual. Cuidado, no una fantasía de un noche, sino como estilo de vida. Es una página hecha por y para mujeres, y no hay mazmorras sino hogares con cortinas. La sexualidad humana es infinitamente diversa y por eso es maravillosa.

Cierro con una propina. El error de las políticas de género desarrolladas desde la administración contemporánea es que solo se enfocan en un género: el femenino. Es lógico ¿no? Son las mujeres quienes han padecido de forma más grave la desigualdad a lo largo de la historia, la lucha contra esa discriminación la han emprendido casi exclusivamente ellas en solitario, y el feminismo ha centrado todos sus esfuerzos en este asunto, el suyo, el de ellas. Pero corre el riesgo de estancarse, porque si, como efectivamente repite, no se puede dejar al margen de la sociedad al 50% de la población que son las mujeres; de nada valdrá luchar por la igualdad sin contar con el otro 50%, que son hombres. Y no hay políticas de género dignas de tal nombre dirigidas a los varones, pese a datos alarmantes como que el fracaso escolar es mayor entre los chicos. Es preciso abandonar el lado sonriente del patriarcado, el que halaga a las mujeres, como vimos en los anuncios recogidos por Sociological Images. Y abandonar la idea de que la mujeres son mejores madres que los padres. La Carretera de Cormac McCarthy es uno de los escasísimos ejemplos de visión positiva de la paternidad alejada de los tópicos clásicos; pero es una novela apocalíptica. Me hizo pensar en la noticia del padre que murió abrazando a su hijo de 3 años. No habrá canciones para él.

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