jueves, 3 de noviembre de 2011

Probemos con Procusto


Cuando se les agotan los argumentos, los partidarios de mantener la asignatura de religión en la escuela suelen recurrir a que no se puede entender la mayor parte de la cultura occidental sin tener unas nociones de cristianismo. Y es verdad; aunque por esa regla de tres deberíamos incluir sin dudar en los temarios a todo el panteón grecorromano porque sin eso sí que no se entiende nada de nada. Tenemos tan grabados los mitos griegos en nuestra cultura y lenguaje que no se puede evitar recurrir a ellos para explicar cualquier cosa, y como nos sirven lo mismo para un roto que para un descosido resulta ya de verdad difícil usar alguno sin ser tópico. No se puede encontrar un texto que proteste contra una ley que considera injusta sin que aparezca por allí Antígona; siempre anda al quite Prometeo cuando vamos a hablar de algún gran avance que también acarrea algún peligro; el que quiera resaltar que ya advirtió de algo y que nadie le hizo caso tirará de Casandra. Con Europa (que se llama así por una moza que raptó Zeus disfrazado de toro) atenazada por la crisis de Grecia, más desde que se anunció el último referendum, ya se deben haber agotado todas las analogías. Pero voy a probar con la mía, que es la de Procusto. Este bandido invitaba a dormir a sus víctimas en una cama de hierro; a las que eran más altas las mutilaba para que encajaran; a las de menor talla las descoyuntaba para estirar sus miembros hasta cubrirla. Tal es el rigor de los ingenieros contables que cuadran sus cuentas sin importarles el sufrimiento de los ciudadanos. A Procusto lo venció Teseo no sin antes hacerle pasar por la misma tortura. Buena moraleja.


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