martes, 29 de noviembre de 2011

Sáenz y los rubalpuntos


El momento más bajo de la campaña de Rubalcaba fue cuando alguien tuvo la ocurrencia de ofrecer en su página web puntos que, después de acumularse, podían canjearse por una taza, un termo o un cuaderno moleskine; tal cual las ofertas de una entidad bancaria para que pases allí tu nómina. No podíamos imaginar que el premio gordo, quien sabe cuántos puntos serán necesarios para lograrlo, era precisamente el indulto a un banquero condenado. Y así, tras las elecciones, el consejo de ministros aprobó el perdón de Alfredo Sáenz, que había instigado denuncias falsas contra tres empresarios. Tras el 20N, el PSOE necesita reescribir su relato de la crisis, recuperar el discurso social; y podrá decir que emprendieron recortes obligados por las circunstancias o la presión de centroeuropa; pero el indulto de Sáenz no lo pidió Merkel ni Sarkozy.

La estúpida idea de los rubalpuntos parte de un desconocimiento de cómo funciona internet; se ofrecían por mencionar al candidato en redes sociales y algún asesor de campaña pensó que eso de 2.0 se refiere a lo moderno y on-line. No es así, 2.0 se refiere a un sistema abierto y participativo que tiene en cuenta las aportaciones de todos y que crece, precisamente, por su falta de jerarquía. Ahora que el PSOE se dirige a un congreso en el que dice que va a renovarse quizá debería pensar que debe de tratar de parecerse menos a un banco y mucho más a una verdadera organización abierta. A donde los ciudadanos acuden para proponer ideas y soluciones y no a canjear regalos; bisutería y abalorios como con los que el hombre blanco compraba sus tierras a los que llamaba salvajes.



No para cualquiera (29-11-11)

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