martes, 27 de diciembre de 2011

Basado en hechos reales


El discurso del rey, la película, es un caso de éxito cinematográfico paradójico. No es una mala película, está bien ambientada e interpretada, pero su trama nos narra un tópico --el de una historia de superación personal, la del protagonista tartamudo que tiene que leer un discurso crucial para la nación-- al que se le da la vuelta. Las historias de superación personal nos hablan de los esfuerzos para sobreponerse a todos los obstáculos que injustamente la vida impone a determinadas personas desde la cuna. Pero Jorge VI es un privilegiado que debe a su cuna, precisamente, poder llegar a reinar y leer ese discurso.

Y así llegamos al discurso del rey, el de la Nochebuena, que batió récords de audiencia porque se cruzaron apuestas sobre si habría menciones o no a los problemas con la justicia del Duque de Palma por desviación de fondos públicos. Finalmente las hubo, de refilón, cuando Juan Carlos I habló de que no se puede generalizar y hundir el crédito de instituciones por lo que haya hecho alguna manzana podrida; y añadió que la justicia es igual para todos. No lo es, y es obvio desde el momento en que nuestra Constitución reza que la persona del rey es inviolable y no se le puede juzgar; así que el relato del discurso real de la realidad resulta tan paradójico como el de la película de ficción, aunque esté basada en hechos reales; quiero decir históricos, aunque también regios, claro. Ya veremos si la justicia juzga con equidad en este caso; de momento el tribunal de la opinión pública ya ha dictado sentencia, sumarísima, de culpabilidad. Y eso solo es culpa de la opacidad de la Casa Real.


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