domingo, 4 de diciembre de 2011

Mientras lloras por la Bola de Cristal

Una vez oí a un escritor que comenzó a sentirse viejo cuando, viendo un partido de fúbol, se dio cuenta de que todos los jugadores le parecían críos. Quizá para la primera generación de españoles que ha vivido siempre en democracia; la que ronda la treintena y ahora empieza a asomar de verdad la cabeza en las primeras filas de la política, en los escaños y en la calle; una de las imágenes icónicas de la subversión en la programación infantil es la Bruja Avería en la Bola de Cristal. ¡Viva el mal, viva el capital! Y nos decimos que ya no hay programas como ese; y que ya nadie sabrá la relación entre los cassettes de música y los bolígrafos BIC.

Bueno, pues no. Aunque Rajoy no lo crea, no solo los que tienen 15 años están perfectamente capacitados para debatir de política; merece la pena también dejar de llorar porque se apagó la Bola de Cristal si las lágrimas no nos dejan ver las estrellas catódicas que hoy brillan. Mi favorita es Hora de Aventuras, fantástica serie que narra las peripecias de Jake el perro y Finn el humano en el país de Ooo, singularmente contra su archienemigo el Rey Hielo, cuyo mayor afán es secuestrar princesas. La trama tiene una imaginación desbordante que crece a niveles absurdos a cada episodio, algo que a mí me resulta hilarante. Cada episodio, con una aventura alucinante, se cierra con los créditos finales acompañados de la melancólica Island Song (en español, las canciones han sido adaptadas por Templeton). Aunque soy devoto de la V.O, el doblaje al castellano me parece brillante y muy bien adaptado. Desgraciadamente, el episodio del que vamos a hablar hoy aquí solo pude encontrarlo en inglés. Business Time:




En la traducción al castellano se llama Los empresarios, y es correcta, aunque de quienes habla más bien es de los hombres de negocios (business men); que aquí solemos llamar ejecutivos. Es igual; tampoco quiere llamarse nadie ya empresario y todo el mundo quiere ser emprendedor. El caso es que Jake y Finn, mientras construyen un muelle de entrenamiento, se topan en la playa con un iceberg que trae congelados en su interior a un grupo de ejecutivos; al liberarlos les piden a los aventureros que les den un trabajo, y Jake sugiere que acaben de construir el muelle. Los ejecutivos se muestran como tremendamente eficaces en cualquier ocupación, incluso en batallas que requerirán el uso de la espada, limpian la casa y sirven un refrigerio en una pausa del combate. El problema es que delegar todo en los empresarios hará que Jake y Finn se vuelvan obesos de tanto comer helado sin hacer nada, acomodados; y la fría eficacia de los empresarios hará que, para proteger a los pequeños seres peludos, los encierren en una cápsula. "Pero así no pueden ser felices", dice Finn; "eso es irrelevante" contestan los empresarios. Sólo la eficiencia cuenta, también la inhumana. Finn y Jake tratan de despedirlos, los cual hará que los ejecutivos les ataquen. Así que, finalmente, deberán volver a contratarlos, esta vez para que se congelen de nuevo en el iceberg y desaparezcan en el mar.


Los empresarios de Hora de Aventura son eficaces, ¿pero son útiles? En absoluto; como en la vida real, contamos con ejecutivos eficientes a la hora de acumular capital, pero ¿para qué? Se hace a costa de que todo sea destruido --porque nuestra economía ha dejado de apoyarse en el trabajo para girar sobre la pura especulación-- y además el sufrimiento es una variable despreciable a la hora de pensar en el objetivo final, que no es otro que el beneficio (para ellos). No en Ooo sino en nuestro mundo real, las cosas han llegado a un límite tal que amenazan con llevárselo todo por delante por su ilimitada codicia. Aquí, incluso la respuesta ha sido un ataque cuando ni siquiera ha habido una seria tentativa de deshacerse de ellos.

Que la solución propuesta sea la de que sean congelados en un iceberg dejado a la deriva, es brillante.

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