sábado, 14 de enero de 2012

Cienfuegos por torquemadas


Claro que el Ayuntamiento de Gijón puede cambiar al director de su festival de cine. La pregunta es cómo y por qué. Mal que al antiguo responsable se le avisara del cese minutos antes de que se hiciera público, peor que se argumente con vacuidades y una reivindicación del chovinismo que se quiere hacer pasar por amor al terruño. El Festival de Gijón --que con Cienfuegos multiplicó por siete su audiencia-- siempre tuvo sitio para la cinematografía asturiana. De hecho muchos de los cineastas asturianos que han optado a algún premio relevante pasaron primero por el Día de Asturies; pero además gran parte de los autores y títulos de cualquier nacionalidad que han marcado un hito en el cine independiente también pasaron por las salas de Gijón, porque el verdadero orgullo de ser asturiano no se basa en la endogamia sino en la capacidad de ofrecer desde Asturias una mirada cosmopolita y universal. A la brillante gestión de Cienfuegos le sustituye un nuevo equipo en el que los currículos se limitan a haber rodado dos cortos o haber ido en las listas de FAC en las elecciones municipales. El chiringuito, como el infierno de Sartre, son los otros. Esto podría quedar como un episodio de nepotismo si no fuera porque se suma a una estrategia de aniquilación cultural emprendida desde el gobierno de Cascos contra todo lo que ellos entienden como arte degenerado, que ya ha sepultado la Semana Negra y dejado el Niemeyer en Avilés vacío y sin contenidos, o la RTPA asfixiada por los impagos, por meses, de los salarios de sus trabajadores. Perdemos Cienfuegos por torquemadas, sombra y llama, con Carballo como leña para la hoguera.


No para cualquiera (14-01-12)

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