sábado, 28 de enero de 2012

Duce paisano


Desde el regreso de la democracia, la derecha ha tenido dos oportunidades de gobernar Asturias. Las dos acabaron mal, y las dos por culpa de una misma persona. No hay repetición de lo que primero fuese una tragedia como ahora una parodia, porque poco hay más trágico que comenzar el año al borde de los 100.000 parados, con impagos en sectores vitales para el bienestar o para cientos de trabajadores en la RTPA y una prórroga presupuestaria. Todo en la misma época en la que la UE se dispone a controlar las cuentas de los Estados mientras que el propio Estado español va hacer lo propio con las autonomías. Cascos quebró el gobierno de Sergio Marqués por motivos nunca del todo aclarados pero que tenían mucho de querellas personales; y por cosas semejantes rompió hace un año con el partido del que fuera secretario general para lanzarse a tomar a Asturias como rehén de su soberbia. Desde entonces ha sido incapaz de llegar a ningún pacto con ningún grupo de la oposición (salvo en ayuntamientos) por su concepto autoritario de la política. Pero tampoco hubiéremos llegado a esta situación si en Asturias no se hubiera trabajado hace tiempo en labrar la idea de que se trata de un estadista excepcional, auténtica reencarnación de Jovellanos, que por sí solo se sobra y se basta para gobernar sin necesidad de ideologías ni programas. El infantilismo de creer en un gran guía, un duce paisano, que cuajó en el Principado tiene muchos culpables, algunos entre los que hoy más se espantan por el monstruo que ayudaron a construir. El tiempo se agota y se cierran las salidas pero los ciudadanos no tienen por qué pagar más las megalomanías de nadie.


No para cualquiera (28-01-12)

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