jueves, 12 de enero de 2012

La letra a sangre


Hay algo ridículo en el debate interno del PSOE después de las elecciones y es el escuchar lamentos sobre cómo se podría haber planteado una política económica distinta, si se hubiera podido hacer algo sin ajustes. No, no hubieran podido, porque se trata de recortes impuestos desde el exterior. Los estados ya no pueden dictar sus propios planteamientos económicos, sería más honrado reconocerlo y preparar una alternativa para poder hacerlo a nivel europeo en el futuro.

Tampoco el PP tiene autonomía para hacer nada, sus anuncios de recortes (esquivando siempre que acaba de rescatarse a la comunidad valenciana) se hacen, explícitamente para “enviar mensajes” a los mercados o a Bruselas o a Alemania, directamente. Son ajustes, además, pensados para reducir el déficit como prioridad y nunca, pese a lo que repita Rajoy, ni para crecer ni para crear empleo. Al contrario, lo más probable es que, sin una política de estímulo europea, los recortes agraven más la recesión y el paro en países de la periferia como España. Para los conservadores, esto tiene una ventaja, porque la estrategia del terror sirve como coartada para recortar derechos sociales y laborales que ahora se pueden colar como sacrificios impuestos por la necesidad.

El PSOE en particular, y la socialdemocracia en general, no se entera de la vaina y no entiende que hay otras reglas del juego para ellos, que su electorado sí castiga incumplimientos y corruptelas y el de los adversarios no; que los conservadores podrán desarrollar mejor sus programas en el nuevo panorama posterior a la desaparición del Estado Nación y ellos no. Pero ni con sangre les entra la letra.

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