sábado, 21 de enero de 2012

Megadrôle


Ya hay quien, con el cierre de Megaupload y la detención de sus responsables, habla de la Primera Guerra Mundial Digital. Será un drôle de guerre , en todo caso, porque un bando puede llevar a la cárcel a gente y el otro, como mucho y de momento, bloquear páginas web con ataques de denegación de servicio. Más que guerra, es guerrilla. Pero si la batalla va a ser por Megaupload, además, los dos bandos están equivocados. Desde luego los que dirigen el ataque relámpago del FBI si piensan que con medidas así (o con la SOPA o la Ley Sinde) pueden terminar con lo que ellos llaman piratería. Hay decenas de sitios similares y siempre quedará el P2P. Se equivocan, por lo mismo, quienes en el otro bando han visto en esto una afrenta a la libertad de expresión porque Megaupload tiene más que ver con la pasión futurista por la velocidad que con el libre intercambio cultural.

Lo que sí es esta guerra de broma es un síntoma, una señal de algo más profundo sobre el sistema económico contemporáneo. Uno cuyo eje no es la producción de bienes sino la especulación de activos financieros; en el que los productos no se publicitan por sus beneficios objetivos sino por las sensaciones o emociones a las que se asocian en los anuncios, en el que trabajo se desvaloriza como un estorbo salvo que roce las condiciones de esclavismo. Aquí resulta crucial para el capital luchar por la propiedad intelectual porque es marcando a fuego con su sello las imágenes, las emociones, las ideas como consigue dominar la realidad tangible; donde moran y laboran los plebeyos, lejos de su paraíso que, por supuesto, también es fiscal.

No para cualquiera (21-01-12)

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