jueves, 5 de enero de 2012

Política del roncón


En su afán por estar en varios sitios a la vez, el presidente Cascos comprometió el apoyo de su partido en la investidura de Rajoy “sin condiciones” para, semanas después, lloriquear porque no le gusta lo que le toca de los recortes. Se puso grandilocuente y amenazó con tomar medidas legales contra el ajuste y esto tiene mucha gracia viniendo de alguien que aún se resiste a cumplir la ley autonómica que le obliga a dejar de retener el crédito a la RTPA y a cumplir así con los cientos de trabajadores que llevan meses sin cobrar su salario. Eso se llama prevaricación.

No es una actitud novedosa en el caso de Foro. Hace poco dieron su apoyo sin más a los presupuestos del ayuntamiento de Oviedo, a la vez que insinuaban que todo podría arreglarse con su partido gemelo en el caso de que al alcalde le dieran la patada hacia arriba para colocarlo en la Delegación del Gobierno. Los días pares, Cascos esgrime un discurso de principios inamovibles inspirados en ideales hegelianos; y los días impares confiesa que es una cuestión de personas particulares y que si cambian a De Lorenzo todos volverán a ser hermanos y a cantar el Himno a la Alegría. Que todo se limita a la inquina entre estas dos personas, alcalde y presidente, se hace evidente en Gijón, donde los dos partidos han pactado sin problemas hacerse con la alcaldía, y aprobar las cuentas. Por estar a la vez en Madrid y en Asturias, en Oviedo y en Gijón, pero ni lo uno ni lo otro, el Principado roza ya la cifra de 100.000 parados. Dice el refrán asturiano que tocar y andar a la procesión solo lo hace el gaitero. Pero es que además aquí no hay más melodía que el sonido del roncón.

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