sábado, 25 de febrero de 2012

Expiación coja


Antes de la crisis España ya tenía una tasa de paro muy alta, debían ser unos dos millones de desempleados. Desde 2007 la cifra se disparó hasta los cinco y nos hicimos a la idea de que cada uno de los nuevos despidos, y a veces el total que acumulábamos, eran responsabilidad exclusiva de Zapatero, el muy malvado. Hay cinco millones de personas que quieren trabajar y no pueden, decía nuestro nuevo presidente Mariano Rajoy en sus mítines de campaña. Pero eso no se puede mantener mucho tiempo, y aprobada ya la reforma laboral que puede disparar el paro hasta los seis millones es hora de cambiar el argumento y dejar bien claro que quien no trabaja es porque no le da la gana, por gandules. Así nos lo está explicando la patronal, cuando uno de sus dirigentes sugiere que se suprima la prestación de desempleo a quien no quiera irse a Laponia, o cuando afirman que a quien se le acaba encuentra bien rápido un nuevo trabajo. La patronal cree que estamos muy acomodados y que urge un poco más de mano dura para que nos pongamos las pilas. Eso sí, el presidente de la CEOE, Juan Rosell, ha reclamado una amnistía fiscal para las empresas porque las virtudes de la intemperie se predican mejor cuando se está bien a cubierto y en el paraíso fiscal siempre hace buen tiempo y no llueve. En la resolución de la crisis europea hay una moral de expiación que está coja, los desahucios, las cartillas de racionamiento para escolares griegos, se explican porque la gente debe aprender que las deudas se pagan; pero es un rigor que solo se aplica a los plebeyos. Siempre hay fondos para rescatar corporaciones y bancos. Y, por supuesto, a quienes los dirigían a la quiebra.


No para cualquiera (25-02-12)

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