martes, 14 de febrero de 2012

País de autónomos


Cuando, después de aprobada la reforma laboral, le preguntaron ayer a Cospedal por si su definición del PP como partido de los trabajadores quedaba hueca, la presidenta de Castilla La Mancha respondió que dudaba mucho de que todos los casi once millones de votantes del PP el 20N fueran empresarios; y añadió que si España contara con tal cifra de emprendedores no habría el paro que ahora padecemos. ¿Sí, es así? Hay una utopía conservadora, como casi todas con origen en EEUU, que habla del país de los autónomos. Comenzó a fraguar a finales de los 80 con los inicios de Silicon Valley; y fue un fracaso. El sueño de una red de pymes ligadas al I+D nunca salió adelante porque las grandes corporaciones informáticas funcionan como las industrias tradicionales, con factorías deslocalizadas en países del tercer mundo donde no existen derechos laborales ni sindicales. La reforma laboral aprobada por Rajoy es el reverso de ese sueño; conseguir implantar las condiciones sociales del tercer mundo en España, se abarata el despido y se abre la puerta a la rebaja de salarios unilateralmente por parte de la patronal. A menudo ocurre que el encumbramiento del emprendedor oculta el desprecio hacia los trabajadores, únicos paganos de esta crisis, por cierto; y además los que realmente sostienen las arcas públicas porque desde una nómina no se puede evadir a Hacienda. Nuestros emprendedores sostienen un 20% del PIB en el mercado negro. Que aproveche, queda por saber quién consumirá en las pymes con una masa de trabajadores empobrecidos y cuando una multinacional se instale en las afueras con precios con los que no se puede competir.


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