jueves, 9 de febrero de 2012

Política ‘low cost’


Hay una línea de continuidad entre el presidente de Ryanair, Michael O’Leary, y el presidente de España, Mariano Rajoy. El primero se plantó ayer en el aeropuerto de Bilbao donde están concentrados los trabajadores despedidos de Spanair para reírse un poco de su desgracia a la vez que aprovecha para promocionar su aerolínea y trata de recaudar subvenciones que es de lo que viven los emprendedores de las compañías low cost.

El segundo se plantó en su primera cumbre europea presumiendo de que era tan duro que le van a hacer una huelga general en breve, una forma de promocionar los recortes extremos que se estilan en Berlín este invierno; mientras el BCE sigue haciendo fluir dinero barato a la banca privada sin que fluya el crédito a los ciudadanos.

Las dos actitudes revelan un profundo desprecio al trabajo. O’Leary dirige una compañía siempre al borde de la ley, que hace del escándalo su mejor publicidad. Rajoy todavía no ha tomado una sola medida pensada para favorecer el crecimiento del empleo, ni siquiera su durísima reforma laboral servirá para eso, él mismo lo reconoce. A nadie se le escapa que sin una política de estímulo no habrá crecimiento, y que eso no se dará sin un cambio en el eje franco-alemán. Eso es así ahora y lo era también en la pasada legislatura cuando ZP podía cargar con todas las culpas. Como Rajoy no tiene nada que ofrecer para el trabajo nos tiene encandilados con su contrarreforma conservadora, sobre el aborto, la educación o los recursos al matrimonio homosexual. Como O’Leary, Rajoy usa el escándalo para promocionar sus reformas, es lo que tiene la política low cost.

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