martes, 21 de febrero de 2012

Un pico y una pala


El primer presidente del Gobierno del Partido Popular, José María Aznar, comenzó como joven falangista joseantoniano --hay hemeroteca que lo demuestra-- pero luego fue evolucionando y llevó al conservadurismo español hasta identificarse con un atlantismo anglosajón que estaba fuera de la toda la tradición reaccionaria hispana pero que llenó los discursos populares de técnicas de márketing business school; y al final hasta se hizo su propio think tank que se llama FAES y concilia en ese nombre toda esa trayectoria. El segundo presidente, Mariano Rajoy, no. Es un señor de provincias al que le gusta recurrir a tautologías del tipo “hay que hacer lo que hay que hacer”, o usar chascarrillos casi decimonónicos tipo “el tato” y “vaya tropa”. Es un conservador clásico que apela al “sentido común” como si fuera un mantra y cree en la gente “normal”, que no se sabe lo que es porque lo cierto es que lo normal es una convención que cambia con los tiempos y lo que ayer era raro hoy es cotidiano. Por eso no extraña que para justificar su reforma laboral, en plena oleada de protestas, Rajoy dijera que es justa y necesaria, como en la liturgia de la misa católica, a ver si cuela y todos decimos amén y esperamos tranquilos dándonos la mano hasta que el presidente nos diga que podéis ir en paz. Rajoy no es falangista ni atlantista ni ningún ista; sino creyente en lo “de toda la vida”, la gente de bien y de orden, como Dios manda; y ha hecho esta reforma porque en su concepto del mundo el trabajador propone y el empresario dispone, que aquí hay una jerarquía natural que hay que respetar. Y al que se queje, un pico y una pala.




*La foto, todos deberíais leer los cómics de Hipster Hitler.

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