jueves, 1 de marzo de 2012

Abajo el trabajo


A la patronal ya no le gusta llamarse empresarios, prefieren emprendedores y los más pretenciosos optan por el galicismo de entrepreneur; pero mi favorito es creadores de empleo porque se repite en el país con la tasa de paro más alta de la UE. Por supuesto, no es casual. Se trata de difundir la idea de que el trabajo es una dádiva graciosa que concede el empresario, y por eso debemos mimarlo. No es así, uno se hace empresario para ganar dinero, lo cual es legítimo. A veces, para ganar más dinero, hace falta contratar a gente.

El trabajo es un recurso más del negocio, como el alquiler del local, el agua o la luz, y se paga como tal porque es un producto, un bien, una materia que se mueve en el mercado. Para abaratarlo, para hacerlo un elemento de usar y tirar, no bastan leyes como la reforma laboral del PP que incluye barbaridades como la rebaja unilateral del salario o el despido por ponerse enfermo; hay que desprestigiarlo. Por eso lo último de la patronal es tratar de equiparar el subsidio de desempleo a la sopa boba de la que viven los vagos. También es una falacia porque, en parte, esta prestación se paga con lo que ha ido cotizando cada uno mientras trabaja, es un monto de su sueldo que se guarda para esto. Quienes la reciben no le deben nada a nadie y menos a los empresarios.

Pero el PP le ha dado una vuelta de tuerca más. Se trata de obligar a los parados, bajo amenaza de perder este subsidio, a realizar trabajos para la comunidad. Imagine un barrendero de uno de los muchos servicios privatizados por los ayuntamientos; su jefe le exige una rebaja salarial o el despido; el barrendero se va al paro y allí se encuentra con que debe barrer de nuevo las calles si no quiere que le quiten la prestación por la que ha trabajado. Negocio redondo pero ¿para quién?


*La foto es el reverso de un billete de 2 pesetas, de un belarmino, la moneda acuñada por el Consejo Soberano de Asturias y León durante la Guerra Civil.

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