viernes, 30 de marzo de 2012

El último huelguista


Una de las curiosidades de la huelga general de ayer era la de ver si los comercios chinos también se unían al paro. En el imaginario colectivo, los comercios asiáticos no respetan festivos, ni horarios establecidos; en realidad ningún tipo de normativa. De hecho, las leyendas urbanas más racistas les atribuyen la fantástica capacidad de eludir impuestos por imaginarios acuerdos bilaterales entre China y España. Pero lo cierto es que ayer muchos chinos cerraron, se sumaron, de grado o por mimetismo con otros comercios, a la huelga general. No fue así en el caso de la cadena de supermercados del empresario que hace poco nos aseguraba que los chinos eran el modelo a seguir. Allí, según cuentan, se exigió con días de antelación que sus trabajadores anunciaran si iban a secundar el paro, lo que es una ilegalidad manifiesta; una más porque mientras los altavoces de la carcundia no han parado de repetir cuentos de terror sobre los piquetes, nada se dice sobre las amenazas y coacciones de la patronal para no unirse a la huelga abusando de las condiciones de precariedad con las que someten a sus empleados. Y no solo en víspera de huelga sino durante todo el año.

Quizá la huelga de ayer sea la última, porque por activa y por pasiva, la patronal y los partidos afines han reclamado una reforma de esta ley para, no descafeinarla, sino hacerla definitivamente un rito inocente, un show de pancartas que no moleste mientras ellos se llenan la billetera con mucho dinero sin declarar porque ese es el estilo del emprendedor español. Quienes ayer buscaron todo tipo de excusas para no sumarse a la huelga quizá no vuelvan a tener una oportunidad nunca más y quizá lo merezcan, pero sus descendientes no. Han vendido muy barata la dignidad de sus hijos.

Porque no se trata tanto de medir el éxito de la huelga de ayer, cada cual contará su versión a un público predispuesto a creerla; sino de si la reforma laboral que la ha provocado conseguirá favorecer la creación de empleo. Y lo cierto es que no. Incluso sus promotores reconocen que no habrá trabajo hasta que haya crecimiento, lo que es una confesión de que esta reforma es una alforja demasiado pesada para este viaje. Servirá eso sí, para legalizar al fin, las prácticas comunes del mercado laboral español donde lo normal es no hacer contratos, que te paguen en negro, firmar por media jornada para luego tener que cumplir jornada completa y sábado también… Habíamos llegado a un punto en que exigir a la patronal que se limitara a cumplir la ley se había vuelto revolucionario, así que han cambiado la ley.

Dicen que en China está establecido que si hay una determinada temperatura, un exceso de calor, es legal no acudir al trabajo. Así que el gobierno ajustó los termómetros de Pekín para que nunca marcaran los grados que permitían quedarse en casa. Ayer, dicen, se encendieron las farolas durante el día para incrementar el consumo eléctrico y disfrazar así el bajón lógico de una huelga general. No sé si es cierto, si lo es tampoco sé si es efectivo. Sí me parece que, en todo caso, las analogías con China no terminarán aquí ni tampoco mañana, porque el objetivo de esta reforma laboral es devaluar el trabajo español y llevarlo a condiciones tercermundistas porque es la única manera de incrementar nuestra productividad (cobrar menos por hacer lo mismo) que se les ocurre a los fraudulentos, tecnófobos y endogámicos potentados que manejan los dineros de este país.



Balance de la huelga para La Voz de Asturias.

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