martes, 27 de marzo de 2012

Su propio duernu


Lo más interesante de las reacciones a los resultados de las elecciones del domingo es que Cascos renunció al discurso del PPSOE --columna vertebral de su argumentario durante la campaña-- para abrazar el pacto con los que, hasta el sábado, eran los pérfidos defensores del sucursalismo con Madrid, los que traían ministros turistas de la mano de Rajoy. Acabado el recuento, Cascos y FAC (lo mismo da), ya no eran transversales, más allá de las ideologías caducas, sino que de nuevo volvían a ser un grupo de derechas que debía formar alianzas con el partido hermano para oponerse a la izquierda. Lo dijo literalmente. Al final, no habrá más duernu que el que pueda permitir comer a la vez a Cascos y a Cherines. ¿Será posible esa coincidencia de comensales? Habrá que contar primero el voto emigrante mañana; por otro lado ese pacto PPFAC es, a largo plazo, un suicidio para el conservadurismo asturiano. Los resultados del 25M nos revelan que para el electorado de derechas en Asturias, profundamente entregado al populismo, la figura de Cascos vale más que la marca PP. Es cierto que, en las generales, dieron su apoyo a la mayoría absoluta de Rajoy pero luego no han regresado para revalidar al partido a nivel autonómico, ni con Cherines en el anzuelo. El PP asturiano se arriesga peligrosamente a ser fagocitado por un grupo regionalista conservador que lo haga irrelevante a medio plazo. Pero, además, a largo plazo la perspectiva es peor ya que cedería su espacio electoral a un grupo que tiene su fecha de caducidad marcada por el momento en que su líder desaparezca, ya sea por abandono o por causas naturales, porque todo el partido está consagrado y depende de una única persona. ¿Hay alguna garantía de que un pacto PPFAC ahora sea estable? ¿qué confianza da quien ayer abjuraba del PPSOE y hoy se abraza a una de sus patas?


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