martes, 3 de abril de 2012

Esto es miedo


Desde luego, Cascos no es el único político al que los hechos le desmienten sus palabras, pero es que además se cuenta entre los pocos capaces de contradecirse a sí mismos con declaraciones opuestas de un día para otro e, incluso, entre el grupo más escaso que puede hacerlo con absoluta desvergüenza. No se trata solo de que abandonara el discurso del PPSOE para mendigar el apoyo de los populares en las pocas horas que mediaron entre la apertura de las urnas y el final del recuento el 25 de marzo, tampoco que abrazara un regionalismo rancio y sobrevenido para luego rogar por el acuerdo con UPyD cuya bandera es el centralismo, no. Lo peor es el cinismo con el que ha planteado ahora todo tipo de recursos contra el voto emigrante, indignado por una modalidad de envío que en mayo le pareció perfecta; con alcaldes, como el de Valdés, que califican de “surrealista” el valor de sus sufragios cuando el pasado septiembre Cascos trataba de camelarse Buenos Aires diciendo que la diáspora asturiana era el concejo 79.

En definitiva esta posición de veleta se explica por una contradicción más, la de que Cascos asegura que no quiere aferrarse a ningún cargo cuando todos estos aspavientos, especialmente el recurso que trata de retrasar la constitución del parlamento, revelan su desesperación por tener que levantarse de la silla. En el acuerdo o el desacuerdo entre PP y FAC se dirime la disolución de uno de los dos grupos en Asturias, y nadie da un duro por la posibilidad de que Cascos agote aquí la legislatura si le toca estar en la oposición. Si así fuera, su Foro desaparecería en cuestión de meses porque lejos de ser un partido asentado y renovador, no es más que la expresión fanática de devoción al amado líder. Sin él no es nada, le ha dado hasta las iniciales. Toda esta soberbia es miedo.


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