domingo, 29 de abril de 2012

Frenchmaid

A la primera vuelta de las presidenciales francesas, Hollande y Sarkozy llegaron más ajustados de lo que auguraban las encuestas. Ha bastado con que los sondeos vuelvan de nuevo a señalar la mayor probabilidad de la victoria socialista para que la UE se haya puesto a mirar al otro lado. Fue también una elección marcada por el incremento de voto a la ultraderecha de Marine Le Pen, hasta casi el 20%. Tan es así que Sarkozy trata de remontar el relato de Hollande de resistencia a la austeridad esteril con un par de guiños xenófobos a ver si pesca algo en ese grupo. Es gracioso porque cuando hasta el responsable del BCE Mario Draghi se acercó un poco a levantar la vista del ajuste, Sarkozy le respondió con un "no recibo órdenes" de Draghi (solo he encontrado un enlace en italiano) que revela que sí las recibe desde Berlín. ¡Ah, la servidumbre, el servicio! Hay una historia relativa a Le Pen que tiene que ver con esto y cuyas imágenes darán más visitas a este blog que cualquier mil palabras que se me ocurrieran. Fue cuando la primera esposa de Jean Marie, Pierrette, la mamá de Marine, se divorció de su colérico marido. Machista en extremo también, porque va en el lote, el primer líder del Frente Nacional puso pegas al sostenimiento de su ahora ex sugiriendo que se ganara la vida fregando, y ella le respondió haciendo lo propio en un reportaje fotográfico para Playboy que le pagaron mucho mejor que limpiando una escalera de verdad.




Frenchmaid, la criada francesa es la cúspide del fetichismo de la criada, y es un tópico recurrente también en las relaciones de poder de la política internacional; durante la guerra de Irak fue bastante frecuente ver viñetas y parodias de Aznar en el papel de sirvienta de Bush. Con la crisis quien sometió a todos fue Merkel pero incluso a ella le gusta vender en Der Spiegel que, lejos de esa imagen de dama de hierro de la austeridad, ella comienza todas las mañanas haciéndole devotamente el desayuno a su esposo.

Sostenemos aquí desde hace tiempo que poco a poco se avanza hasta la formación de dos grandes bloques políticos paneuropeos, y que ambos se turnarán en tomar las riendas de una unión, en la que actuarán, que no se está formando cortesmente sino a empujones. Son aún larvas de lo que habrá de venir. La conservadora predomina desde hace décadas y su idea no es tanto la de lograr una UE fuerte sino que su particular feudo se haga fuerte dentro de la UE para lo que recurre a mensajes populistas. En Francia es la xenofobia de Le Pen, que Sarkozy ya utilizó con los disturbios de inmigrantes de segunda generación en los banlieue; y todo pese a que él mismo es hijo de un inmigrante húngaro. Otra de sus ojerizas es el tratado se Schengen porque para toda la carcundia europea los espacios libres de circulación son siempre para los capitales mucho antes que para las personas. El populismo alemán atañe a la genealogía de la crisis que para su auditorio se explica por la pereza y el carácter ocioso natural de los sureños frente al rigor virtuoso que les es propio. Ahí a la orilla del Mediterráneo son unos derrochadores, y los conservadores españoles compraron el relato porque les convino un tiempo. A pesar de que España llevó sus cuentas públicas con superavit (pero una gran burbuja inmobiliaria) el ataque fue contra la idea de que se habían dilapidado fondos públicos cuando nuestros problemas de deuda son privados y corresponden la la banca.  Sarkozy lo ha usado tambien en campaña, equiparando los problemas de Grecia (que son de falsedad contable y bajo gobierno conservador) con los de España, porque la península es su banlieue para esta vuelta ya que en la crisis europea él ha tenido que tomar el papel de criado frente al mandato alemán. Y es que ocurre que, al final la política conservadora se apoya en el miedo, y sus tópicos se repiten a diversas escalas (porque como para los alemanes son vagos los españoles, para los catalanes lo son los subsidiados del PER), aunque la teoría del despilfarro progre sea muy útil para justificar recortes en educación, sanidad y derechos labolares largamente demandados por los conservadores; al final, esa apuesta por X (España, Francia, ponga uno) fuerte en Europa, esa lucha de todos contra todos, solo puede terminar con, efectivamente, el predominio de uno, el más fuerte. En este caso, Alemania es la única beneficiada de una crisis de deuda en la periferia a la que se niega a poner freno definitivamente porque, mientras dure, se financia barato o gratis (siendo su deuda un valor refugio) y, además, acoge a los cerebros huídos de mercados laborales arrasados como el español. Ya es tan frecuente en nuestros telediarios ver las noticias atroces de bajadas de bolsas junto a reportajes de empresas alemanas que ofrecen trabajo a ingenieros, técnicos profesionales, etc, a cambio de aprender el idioma. El conservador, en toda Europa, ha sido un juego de poder pernicioso, que, como en La señorita Julia de Strindberg nos ha hecho girar a veces como amos y sirvientes, alternativamente a veces, pero que, al final, nos empuja al suicidio. Y no otra cosa es el empecinamiento dogmático en la austeridad a costa del crecimiento. Pero temo que os aburra tanto análisis, pondré otra foto de Pierrette:






Mientras tanto en España la situación es desoladora. Rajoy llevará el ajuste al paroxismo mientras no haya en Europa quien le diga que puede hacer otra cosa, esa es su servidumbre. Nada hará, sin embargo, que ceje en una agenda propia que incluye la privatización de cuantos más servicios sociales mejor, una reforma laboral que permite despedir a enfermos, que los trabajadores irregulares no puedan acceder a su vez a la atención médica, quizá rebajar la libertad de huelga y quién sabe que absurdos respecto al aborto o al matrimonio entre personas del mismo sexo, entre otros derechos civiles. Nada de esto tiene que ver con la creación de empleo ni la recuperación econonómica, que son cosas del amo, pero podrá colarlas entre el clima de terror y desesperanza de la población. Si un día hay nuevo amo, y la cosa en Europa cambia, Rajoy cambiará también (pero no se recuperará un solo derecho perdido) y porque será entonces el hecho que hay que hacer.  Ese ha sido el mensaje que con el que Rajoy se ha ganado a un electorado español que no pide mucho más. La ventaja de haber sido vago, en el sentido de difuso, durante la campaña le permite a Rajoy cumplir o incumplir a conveniencia de lo que le reclame el momento porque sabe que lo que le reclamarán los suyos no va mucho más allá de "lo de toda la vida" y eso es exáctamente a lo que se refiere el presidente cuando apela a "lo normal" o el "sentido común", la eterna jerarquía de siempre, los que mandan y los mandaos. También en España son las criadas las que mejor explican qué es ser de derechas:





Pero a la izquierda no hay algo mucho mejor. Porque el PSOE se engaña con la victoria de Hollande como una reivindicación de sus tesis, después de haber gobernado (aunque admitiéramos como cierto que forzados)  bajo las contrarias. Si el partido socialista español va a llevar a cabo una política econonómica conservadora o socialdemócrata en función de quién gobierne en centroeuropa, no será sino una criada un poco diferente. Que se cree menos circunspecta que su compañera abiertamente facha, pero que, al fn y al cabo, se limita a decir: que inventen ellos.



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