martes, 17 de abril de 2012

No funciona


El truco de las políticas conservadoras contemporáneas es que no lo parezcan. Lo más rancio, lo más reaccionario trata de hacerse pasar por algo natural, una solución técnica despojada de ideología, es “lo que hay que hacer”, no una opción sino una consecuencia que sigue la lógica de una maquinaria aritmética. Así hemos llegado a que una crisis que tiene su origen en la especulación desmadrada --con artificios contables en los mercados globales, y con la del suelo en España-- pretenda resolverse, no atajando esos problemas, sino desviando la atención con recortes que, qué casualidad, son el programa soñado por la agenda carca. Los problemas económicos de España se deben en buena parte a una gran deuda privada a la que no se sabe bien si podrá hacer frente la banca, mientras que las cuentas públicas estaban saneadas y presentaban superávit hasta el 2007. Pero al relato conservador le convenía achacar el despilfarro al Estado porque así se justifican recortes en sanidad, educación y derechos laborales. La política dictada por Bruselas o Berlín se centra en ajustes y ahoga el crecimiento, es un dogma para el que cualquier crítica es herejía.

El caso es que el disfraz técnico de una ideología solo puede durar lo que dure esa apariencia aséptica y funcional sometida al rigor de la intemperie de la realidad. Lo técnico, se supone, es eficiente; y ocurre que todo lo que hemos hecho hasta ahora no funciona. De nada ha valido abaratar el despido y tratar de reducir al raquitismo nuestro sistema de protección social. No sirve, no funciona. Y ninguno de los sacrificios futuros que se puedan imaginar ofrecer al leviatán de los mercados servirá para nada. Además los recortes son una injusticia y una crueldad hacia los más débiles, pero eso nunca ha conmovido a los conservadores. Tendremos que insistirles en que su técnica no funciona.

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