domingo, 8 de abril de 2012

Quelqu'un m'a dit, Sarkozy


Muy lentamente y de forma muy distinta a como los europeístas de buena fe hubieran querido, la UE está mutando hacia una verdadera unión política. Lo que pasa es que lo está haciendo a empujones, entre codazos y pisotones a las ciudadanía en lugar de con ceremoniales tratados firmados con arreglo al protocolo en algún palacio del viejo continente. De algún modo, las declaraciones del presidente francés Nicolás Sarkozy en las que ha alertado de que una victoria de su rival Hollande en las presidenciales del próximo 22 de abril conducirían a los galos a la situación que ahora padecen Grecia y España son una muestra de esto. Por supuesto, no deja de ser un número de saltimbanqui en campaña, Hollande comenzó fuerte (ya no, y hay un creciente temor entre los socialistas franceses a las cifras de abstención) y Sarko ha tenido que recurrir a todo tipo de shows para contrarrestarle, entre ellos redadas generalizadas contra islamistas después del asalto a un colegio judío en Toulouse.

A Sarkozy se le presume partícipe, junto a Merkel y también Rajoy, del supuesto pacto secreto de líderes conservadores para no recibir a Hollande denunciado por Die Spiegel y negado hasta la saciedad por los protagonistas. Que sea cierto o no resulta poco relevante en realidad; lo importante es que Hollande ha manifestado su intención de modificar el tratado europeo que fija las reglas de austeridad como camino dogmático para salir del valle de lágrimas de la crisis y que bloque conservador que domina Europa no se lo quiere. Merkel participará activamente en la campaña electoral francesa; y sin comerlo ni beberlo, también ha entrado España en ella como un trasto que tirarse a la cabeza. Hubo un tiempo en que los líderes europeos podían permitirse tratar con respetuosa distancia (sincera o no) lo que hacían sus pares más allá de sus fronteras pero ya no porque lo que ocurre en el país de al lado afecta y mucho a lo que pueda pasar en el propio. Los conservadores sí tienen un plan para Europa, uno que incluye el raquitismo para el Estado del Bienestar sobre el que se fundó la prosperidad pasada del continente. Al otro lado, a la izquierda, a la socialdemocracia, como lo quieran llamar, no hay nada, el silencio, la conmoción del boxeador noqueado. Soledad Gallego Díaz escribió en El País este artículo sobre el panorama socialdemócrata europeo que, en mi opinión, es desolador; más aún si la referencia va ser el laborismo británico que, de nuevo en mi opinión, tiene muy poco que ver con la tradición socialista continental.

Así fue que la reacción a las palabras de Sarkozy no recibieron una respuesta unánime en España, sino dividida. Mientras el PSOE bramó por lo que considera un ataque intolerable, el PP por boca de Elvira Rodríguez lo consideró un análisis muy acertado. ¿Qué es acertado? ¿Tienen acaso su origen en gobiernos socialistas los fraudes contables que provocaron el desastre griego? No, fueron gobiernos conservadores, y para hacerlo recibieron el asesoramiento de la banca Goldman Sachs en la época en la que trabajaban en su seno el actual presidente del BCE, Mario Draghi; y también el primer ministro tecnócrata de Italia, Mario Monti. Siendo nuestro ministro de economía, Luis de Guindos, el que fuera responsable en España y Portugal de Lehman Brothers, nos falta muy poco para completar un poker de ases. ¿Es acertado también el relato conservador de que los problemas de España tienen su origen en el despilfarro propio de manirrotos socialistas? Paul Krugman está cansado de desmentirlo, con gráficos y estadísticas, España tenía superavit en sus cuentas públicas hasta el inicio de la crisis y el principal de los problemas para afrontar los embates de deuda es la falta de soberanía monetaria, todo unido a la estrecha visión merkeliana de ajuste fiscal sin crecimiento. Es un relato falso, pero ¡cuidado!, muy útil para el largamente anhelado objetivo conservador de meter mano a los sistemas públicos de educación y sanidad.

Ocurre además que el caso Sarkozy despierta demasiadas comparaciones, aunque a algunos les parezcan odiosas. Lo hacen con el caso de los guiñoles que se burlaron del extendido dopaje entre deportistas españoles y que al ministro del ramo, José Ignacio Wert, le parecieron nada menos que una expresión de xenofobia. También que, en otra ocasión, cuando Hugo Chávez atacó a Aznar (y no falto de razón) por haber apoyado un golpe de estado en su contra en Venezuela, el entonces presidente Zapatero salió a defenderle porque, pese a sus diferencias ideológicas, había que respetar a quien fuera electo por los españoles. Fue el famoso episodio del ¿por qué no te callas? del rey Juan Carlos, la defensa de Aznar por parte de Zapatero aparece en este vídeo en el minuto 1:44.

Por un lado, resulta comprensible la tentación del PP de apoyar en España las declaraciones de Sarkozy, contribuyen a afianzar su relato de la crisis. Por otro son un suicidio. Mientras España esté en el punto de mira de los especuladores, este tipo de declaraciones contribuyen muy poco a lograr la prometida y nunca lograda "confianza" de los mercados que Rajoy juró que llegaría con su sola presencia. Errores como la amnistía fiscal, el farol de cambiar el objetivo de déficit o el retraso en presentar los presupuestos generales del Estado a la espera del resultado de las elecciones andaluzas tampoco ayudan. Pero lo más importante es, ¿de verdad es un buen negocio para el PP sumarse al naciente bloque conservador europeo?

Lo cierto es que no. Muy a regañadientes, el PP y sobre todo su impasible electorado, está descubriendo que la crisis no era culpa exclusiva de Zapatero, y peor aún, que no está en manos de ningún político español ni de ninguna medida que se pueda tomar desde el país salir de ella. La solución solo llegará si cambia la política europea de ajuste a una de estímulo. Pienso que, en secreto, los populares rezan por una victoria de Hollande en Francia y si se lograra una del SPD en Alemania ya sería la repanocha. Eso permitiría que España saliera de la trampa entre una exigencia draconiana de rigor prespuestario que, a la par, espanta a los inversores que no ven perspectivas de crecimiento. Los mercados reclaman las dos cosas a la vez, y no es extraño. Hasta los más acérrimos defensores del liberalismo reconocen que los mercados se comportan como una estampida de búfalos, sin orientación ni criterio, guiados por miedos irracionales o rumores. Mucho más civilizado que tratar de pastorear una desbandada de reses es meterlas en un cercado, la ganadería. No sé si a los socialdemócratas les gustará la metáfora pero deberían aplicarla.

Como canta la bellísima consorte de Sarkozy, Quelqu'un m'a dit (alguien me ha dicho) que los conservadores europeos todavía se aman.




Serais ce possible alors ? uuummmmmmmm

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