jueves, 12 de abril de 2012

Tres crisis


A la crisis mundial desatada por la codicia de los especuladores se sumó aquí la particular española propiciada por décadas de favorecer el ladrillazo; y más tarde, en Asturias, Francisco Álvarez Cascos puso sus iniciales como un INRI en la Cruz de la Victoria para traernos meses de desgobierno que ahora pretende prolongar en una parálisis institucional que deje a la comunidad petrificada hasta junio por su pataleta de recurrir a todas las instancias posibles el legítimo voto de los emigrantes.

Cascos ha apurado, incluso, los límites del plazo para la constitución del parlamento asturiano, alargando la agonía de los cientos de empresas y personas que dependen de que la administración funcione con normalidad en un cínico intento de ganar tiempo en busca de una salida que salve su cada vez más patética situación personal. Trata de ganar tiempo robándoselo a los demás porque cada día que pasa sin que se asienten las instituciones se pierde mucho dinero, ya sea por los impagos que caracterizan a la administración de FAC o por las oportunidades perdidas de negocio para quienes tratan en vano de buscar inversores en el exterior porque no pueden ofrecer una garantía de estabilidad en el Principado. No todos, por supuesto, ganan los que se benefician de las prisas sobrevenidas de un gobierno en funciones a quien después de no legislar más que la pesca del salmón le ha dado ahora por licitar todo lo que se pueda a un ritmo desenfrenado.

No cabía esperar otra cosa de un grupo formado a mayor gloria de la vanidad personal de un único individuo pero hasta la megalomanía tiene un límite y Cascos parece tentado de sobrepasar la marca de Corea de Norte. Tener que bregar con la recesión mundial general y la española particular ya es suficiente para aguantar caprichos personales.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Genial la foto, Luis. Parece Don Pim Pom. Si no fuera porque nosotros somos el pim, pam pum..

Adolfo dijo...

Sinceramente, ver estas noticias cuando estás fuera, me hacen pensar que no voy a tener un sitio al que volver.