sábado, 21 de julio de 2012

Algo pasa con Merkel




Desde el inicio de la crisis, y desde que en el caso concreto de Europa se decidió no abordar la recesión en común sino de manera que cada país aguante su vela, ha ido creciendo la animadversión hacia Alemania a la que se mira con una mezcla de admiración (por sus buenas cifras económicas, que ocultan en todo caso muchas injusticias y desigualdades) y rencor por la intransigencia con la que aborda los ajustes y recortes que uno a uno, como fichas de dominó, han tenido que ir asumiendo los países que necesitaron un rescate. Después de Grecia, Portugal e Irlanda, le llega el turno a España y, de seguir así, el próximo será Italia.

Hay quien asume que hay una especie de conspiración de los países nórdicos para fastidiar a los mediterráneos, yo no, porque como el gran filósofo alemán F. Nietzsche creo más bien que los actos estúpidos se explican más por mediocridad y mezquindad que por pura maldad o abyección. Hasta el gobierno español del PP, que antes de ganar las elecciones fomentó la fantástica fábula de que toda la crisis se explicaba por la inutilidad de ZP y tras su marcha todo se arreglaría mágicamente, ha terminado por recurrir al enemigo externo, acusan al BCE de ser un banco clandestino, y los dos diarios más decididamente pro gubernamentales coinciden hoy en poner al Banco Central Europeo (que es lo mismo que decir la política ortodoxa alemana) en el centro de sus dianas.



Yo ya he escrito lo que me parece sobre el afán alemán de buscar una explicación moral a la crisis y los peligros que eso conlleva; pero me han llamado la atención unos cuantos artículos más que, desde diversos matices, vienen a alertar de algo parecido.

La escritora Monika Zgustova publicó en El País este El cuento de hadas alemán, en el que destaca cómo la canciller se ha dedicado a engordar un cierto chovinismo germánico que pinta a los países de la periferia como parásitos insaciables.

José Ignacio Torreblanca se muestra más comprensivo con Merkel, de la que nos asegura que a pesar de las apariencias lo que ella quisiera es que la dejaran en paz, que apartaran de sí este cáliz amargo de la crisis. Pero señala un idea interesante, Castigos colectivos recuerda que, al finalizar la IIGM no se demonizó al pueblo alemán en su conjunto mientras que ahora, desde Berlín sí se apunta a pueblos enteros como culpables de la depresión.

Extenso, sesudo y preciso es el artículo de Rafael Poch en La Vanguardia, Alemania en la Gran Desigualdad recorre el camino desde la caída del muro de Berlín, pasando por la reunificación hasta llegar a este juego del chantaje entre naciones, en el que la rigurosa germania oculta interesadamente que ha sabido saltarse muchas veces las reglas del juego a conveniencia y eso no casa con la rigidez que ahora exige a los demás.

Hasta en la BBC han llegado a plantearse si no hay un trasfondo religioso en estas tensiones entre centro y periferia, que bien parecen una reedición de la Guerra de los 30 años enemistando a católicos y protestantes. Las citas de líderes alemanes en este sentido que recoge el artículo ponen los pelos de punta.

La revista New Statesman calificó, en la portada de la parte superior de esta entrada, a Merkel de la "líder más peligrosa de Europa" y ciertamente lo es. Sinceramente yo no creo que por maldad, sino por cortoplacismo y una visión demagoga, populista y bastante paleta de la política europea. Pero también podemos verlo con humor.



Es un magnífico cómic de Tom Tomorrow, los Austerions, los talibanes de la austeridad, el dogma ortodoxo de la contención del gasto y el raquitismo del Estado que no tiene otro objetivo que aniquilar el sistema social europeo, el bienestar. También lo hay al otro lado del Atlántico, la locura en la que ha caído el Partido Republicano, por cierto, también desde hace tiempo encadenado al fundamentalismo religioso.

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