sábado, 28 de julio de 2012

Dark crisis rises

Muchos spoilers, aviso.



En el plano cinematrográfico, la última de Batman, Dark Knight Rises, me ha parecido bastante convencional. Quiero decir, aparte de la espectacularidad de grandes escenas, los finales están más vistos que el tebeo: que Miranda se nos revele como la hija de Ra's al Ghul y además la legendaria niña (no era un niño ¡oh!) que consiguió escapar la prisión pozo en vez de Bane es un remedo de la revelación de la verdadera identidad de Ra's al Ghul-Ducard al final de Batman Begins. Además, también es un recurso tópico que el sistema de propulsión del que carecía el aparato volador de Batman habían sido arreglado en secreto por el superhéroe lo que le permitió salvarse en el último momento y, pese a la innegable maestría de Nolan, es imperdonable que cuando Alfred (Michael Cane) acude a la terraza de su plaza italiana y levante la vista no se detenga ahí el plano, en su rostro sonriente, sino que nos enseñe a Wayne y Catwoman disfrutando del buen ganado asueto. No hacía falta enseñar eso, bastaba con la mirada del mayordomo. En fin. Pero me lo pasé muy bien en el cine, que de eso se trata, en todo caso.

A parte de todo esto, el cierre de la trilogía de Nolan sobre Batman ha disparado las especulaciones sobre un supuesto mensaje reaccionario en la película, un ataque en toda regla a los movimientos más críticos con el capitalismo de casino, como OccupyWallStreet, por la parodia de revolución social que plantea Bane al hacerse con la ciudad de Gotham. Hay muchos artículos en este sentido, uno de ellos es este; aunque hay que decir que Nolan ha negado rotundamente que se pueda hacer ningún tipo de lectura de política de su Batman, bastante tiene el pobre con que le hagan un tiroteo en el estreno.

¿Tiene razón Nolan? Pues no, la verdad. Es que se puede hacer una lectura política de casi todo, y más de una saga como la suya que se ha hecho un hueco potente en el imaginario colectivo del internet contemporáneo y que ya forma parte de la cultura popular. Esto es así. ¿Qué es lo que ha despertado las críticas políticas a Dark Knight Rises? Primero la escena del asalto a la bolsa de Gotham por parte de la banda de Bane, al verla yo me preguntaba si tratarían de hacernos sentir misericordia por los brokers que se llevan como rehenes en moto, con el grave riesgo de que se estrellaran contra el asfalto. No la sentí la verdad, a menudo he imaginado peores finales para muchos de ellos. Hasta los polícías que acuden al rescate siente reparos en sacrificar su piel por salvar a semejante fauna, parece que lo hacen a regañadientes. Definitivamente son unos tipos que caen mal y Nolan lo sabe, trata de mostrarnos que también son humanos. Yo lo sigo dudando. Más adelante, cuando Bane secuestra a toda la ciudad trata de disfrazar su asalto de revolución social, propugna el saqueo de los acaudalados por parte del populacho y celebra juicios sumarísimos contra el establishment que son un reflejo de los tribunales de salud pública de la Revolución Francesa en los que las tricotosas de la calle enviaban sistemáticamente a la guillotina a cualquiera que perteneciara a los odiados estamentos del clero y la nobleza. Parece que el mensaje del filme es, sí hay mucha injusticia en nuestro sistema, pero cuidado con lo que andais reivindicando, puede que solo sea populismo y terror, algarada y desmanes. El tópico de la crítica también señala que, finalmente, nuestra salvación llega de la mano de un millonario filántropo, que es Wayne-Batman, y que ejemplifica el ideal norteamericano de que no es necesario el estado del bienestar sino que basta con las acciones de caridad y mecenazgo de los más ricos. ¿Algo así, no?



Yo pensé muchas de esas cosas al ver la película. Pero creo que para ser justo habría que remontarse a la saga completa. Es decir, ¿por qué hacen todas esas cosas los malos de Dark Knight Rises? Bueno, pues al final nos explican que están tratando de cumplir el plan inicial de la Liga de las Sombras, los malos de Batman Begins. La Liga de la Sombras se presenta a sí misma como una especie de conjurados contra la degradación moral. A lo largo de la historia, nos dice Ra's al Ghul, han sido podadores de mala hierba y quirúrgicos amputadores de miembros gangrenados, ellos saquearon Roma, incendiaron Londres y llevaron la peste a Europa. Ahora llega el turno de Gotham (que aquí ni se disimula en mostrarse como Nueva York) como epicentro de este mundo caduco y corrupto que debe morir para renacer inmaculado, aunque haya que llevarse por delante a miles o millones de inocentes. Pero hay más. Ra's al Ghul le confiesa a Batman que a lo largo de los siglos han perfeccionado sus armas y, si al final de Batman Begins, tienen el absurdo plan de llevar la locura a la ciudad mediante una toxina propagada por el aire, su idea inicial (mucho más brillante) fue usar la economía. En efecto, la Liga de la Sombras es la responsable de la depresión que afecta a Gotham al inicio del filme, durante la infancia de Wayne. Ellos jugaron con artificios contables para provocar la ruina que provocó el paro que provocó la desesperación de los hombres que finalmente se lanzaron al robo a mano armada y mataron a los padres de Wayne. Padres que con su ejemplo filantrópico lucharon contra esa recesión (no se dice cómo, más que hicieron un tren público). Así que tenemos la explicación en Begins de los brokers de Rises. No son sus movimientos especulativos, ni las hipotecas basura ni las posiciones en corto los que causan la crisis. Es la Liga de las Sombras, o al menos lo era al principio.

En realidad, la mejor metáfora de la crisis no está ni en Batman Begins, ni tampoco en Dark Knight Rises, sino en la del medio, sin duda la mejor película de la saga, a mucha distancia de las otras dos: Dark Knight sin más. Y lo es por su villano, el gran Joker interpretado por Heath Ledger que no tiene otra motivación ni deseo que "ver arder el mundo" según nos explica en fiel Alfred.



Dark Knight es la mejor película de la saga por varios motivos, por la interpretación de Ledger, porque se muere la chica pero, sobre todo, porque da una respuesta de desesperanza en la búsqueda de justicia: el plan era actuar con un trío de hombres honestos, el propio Batman, el incorruptible policía Gordon y finalmente el buen fiscal Dent, que iba a ser la salvación sin máscaras ni artificios de la ciudad, siguiendo la ley por el libro, pero acaba cayendo en la locura y el lado oscuro. Dent muere y Gordon y Batman tendrán que mantener una mentira sobre su final para que la ciudad siga creyendo que aún hay esperanza, lo que empuja al superhéroe a cargar con sus crímenes y convertirse en un proscrito.

Pero Dark Knight es grande porque grande es su villano. En un inicio, la mafia (que, como cualquier persona letrada sabe, solo es el capitalismo por otros medios; en todo caso el ideal del liberalismo porque no necesita del Estado para emprender y abjura de su monopolio de la violencia) está desesperada por la fiera actividad de Batman que, junto a Dent, están a punto de reducir el crimen a algo testimonial. Hasta pierden sus ahorros cuando la policía está a punto de confiscarlos de sus corruptos bancos y muy a su pesar tienen que aceptar la oferta del psicópata Joker para acabar con el enmascarado y recuperar su dinero, a cambio de la mitad del montante. Pero cuando Joker recupera la pasta, todo en efectivo, una auténtica montaña de billetes, les prende fuego. Joker no desea oro ni mujeres, no quiere invertir el orden social, le gustan la dinamita y la gasolina "porque son baratos" (es un emprendedor que sabe ajustar presupuestos), se define como "un agente del caos". Joker es la mano invisible del mercado.

¿Cómo? Me dirán, pero si el mercado se mueve por dinero, precisamente lo que desprecia Joker. Bueno, sí y no. Lo cierto es que, como señala el documental The Corporation (23 vídeos en youtube), las empresas de la economía global, las multinacionales, se comportan como psicópatas, como Joker. Aparentemente, incluso ellas lo creen, actúan por dinero, por puro interés mercantil y por el vil metal nada más; pero lo cierto es que acaban minando su propio sistema, en su afán desmedido por rapiñar, con una codicia enfermiza llegan a provocar la ruina y la destrucción del hábitat que necesitan para sobrevivir. Son como virus. A los defensores honestos del capitalismo les gusta creer que es un buen sistema porque premia al que triunfa en los negocios y castiga al que fracasa. Pero lo cierto, y esta crisis es una evidencia palmaria, es que no es así. En absoluto. La verdad es que es un sistema en el que un grupo muy reducido y privilegiado de ejecutivos y directivos puede llevar a la ruina a un empresa, exigir por su característica de "sistémica" que el Estado se haga cargo del pufo con dinero público y seguir, o bien en su puesto, o cómodamente recolocado, en alguna cátedra del alguna universidad privada desde donde seguir pontificando sobre sus prácticas caníbales. Ninguno de los responsables de la recesión global ha sido ni juzgado ni castigado, y no lo serán. Y no lo serán porque son coherentes con el comportamiento ideal de los mercados que defienden los liberales, aún los que lo hacen bienintencionadamente. Los mercados, como Joker, no quieren nada. Les da igual que se acceda a todas las demandas que exigen para que supuestamente regrese la calma, todos esos recortes y ajustes en los sistemas de protección social que se califican de gasto improductivo, despilfarro que lastra la recuperación. Tampoco las facilidades de despido de reformas laborales, las menguas en las pensiones, o los retrasos en la edad de jubilación. Todo eso son los entretenimientos de Joker, que disfruta poniendo en dos barcos una bomba y dando a cada uno el detonador de la otra, a ver quién se decide antes a cargarse al otro. Así hoy podemos culpar a los funcionarios, a los parados, a los autónomos, a los liberados sindicales, cada día nos dan un detonador para que explote alguno de los nuevos culpables de nuestros males, algún chivo expiatorio. Pero es igual porque Joker es insaciable y no lo hace por dinero ni por ninguna de las demandas nuevas que a cada momento se inventa. Solo quiere ver arder el mundo. No estoy identificando a Joker aquí con ninguna persona en concreta, ni con los especuladores de carne y hueso, sino con algo peor, intangible a las que se le ha dado forma más recientemente, que es una persona, pero jurídica; nuestro Joker es un monstruo global e imparable que han alimentando todos los pequeños y grandes mafiosos (los de los bajos fondos, pero sobre todo los que tienen una apariencia respetable) y que esconden su dinero en paraísos fiscales. También a cada momento trata de vendernos alguna historia sobre el origen de sus cicatrices, pero todas son mentira. Lo peor es cómo se vence a este tipo de enemigos. Ved la película.

Es lo que decía Nietzsche, quienes luchan con monstruos deben cuidarse de no convertirse en monstruos ellos mismos.

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