sábado, 7 de julio de 2012

El códice de veni, vidi, vinci

¡Ah! todos los tertulianos y opinadores se esfuerzan estos días en hacer del caso Bankia --después de la imputación de Rato y unos cuantos secuaces por su gestión-- una metáfora de la corrupta España contemporánea. La historia tiene de todo: enormes sumas de dinero, créditos viciosos, activos tóxicos del ladrillo y, sobre todo, implicados de los principales partidos (¡hasta hay uno de IU!) y de los sindicatos. Es perfecto, están todos. No nos representan.

Pero todos ellos se equivocan, y han elegido una historia demasiado grandilocuente. Lo que verdaderamente nos retrata, lo que habla del estado presente de este país, es --no se lleven a engaño-- el extraño caso del robo y recuperación del Códice Calixtino en Santiago de Compostela.




Recopilemos. Después de un año de investigación, el valioso libro aparece en el garaje de un electricista que había trabajado durante décadas en la Catedral de Santiago. El robo fue posible porque el acusado tenía llaves de todas las instalaciones, hasta de la caja fuerte de la catedral. El motivo, dicen, más allá del monetario, fue una "venganza" del electricista contra el deán del templo porque le habían despedido después de trabajar durante años como autónomo para la catedral. ¿Cómo? ¿se despide a un autónomo? ¿no sería más correcto hablar de prescindir de sus servicios si se trata de alguien que presta un servicio y no tiene vinculación laboral con la empresa?

Pues el caso es que sí, así lo había visto un juez, que reconoció el derecho del electricista a un despido improcedente y por lo que reclamaba cobrar una indemnización de 40.000 euros por los años trabajados. Ocurre mucho en España que las empresas obligan a darse de alta como autónomos a trabajadores que, en realidad, solo son proveedores de esa empresa. Es una argucia legal sobre la que siempre se hace la vista gorda, una manera más con la que la patronal española se dedica a defraudar tanto al Estado como a sus empleados, pero es algo tan corriente y tan usual que casi podríamos decir que es el pan nuestro de cada día. ¿Cómo no decirlo, si lo hace la propia Iglesia católica? Es un fidelísimo retrato de la cruda realidad cuando escuchamos a expertos económicos quejarse día tras día de la supuesta rigidez del mercado laboral español.

El electricista ladrón no solo atesoraba el preciado códice. En su casa los policías se encontraron con una enorme cantidad de dinero en efectivo, hasta 1'2 millones de euros, supuestamente robados del cepillo de la catedral ya que había moneda de varios países, hasta dólares. Pudo ser un robo dosificado a lo largo de los años, también es cierto que en la Catedral de Santiago deben hacerse donaciones más allá de la imaginación de una parroquia normal y corriente pero ¿casi un millón y medio de euros? ¿así, en billetes pequeños? ¿se declara eso? Mucho nos tememos que no. No en vano, hace un año aproximadamente unas monjas denunciaron que les habían sustraido una cantidad similar que guardaban en bolsas dentro de un armario del convento. Lo denunciaron así de inocentemente, luego, cuando todo el mundo se extrañó de que un convento guardara tal cantidad de pasta en efectivo, rebajaron el monto tan sospechoso. Efectivamente, si el fraude fiscal es casi una tradición general en España, en el caso de la Iglesia abre las puertas a un mundo misterioso del que nadie sabe nada. Exenta de numerosos impuestos (la UE obligó a España a cobrarles el IVA, y todavía se debate con polémica hacer lo propio con el IBI) la Iglesia católica promueve campañas de financiación a través de la declaración del IRPF como si sirviera para pagar los servicios para la comunidad que muchas de sus organizaciones llevan a cabo. Lo cierto es que esas organización se financian gracias a la otra casilla, la de "fines sociales", ya que la de la iglesia sirve principalmente para pagar los salarios de los sacerdotes. Pese a los insistentes argumentos de nuestros expertos económicos favoritos para justificar más y más ajustes, y más y más recortes de nuestro estado social; lo cierto es que la profunda recesión española se explica por una tremenda caída en los ingresos del Estado. Y es que en España, la economía sumergida ronda entre el 20% y el 25% del PIB. Para rematar, y por recuperar otro de nuestros argumentos favoritos (el de los activos tóxicos del ladrillo), al fin y al cabo, al electricista ladrón lo pillaron porque intentó comprarse un piso de 300.000 euros.

¿Pero qué retrato de la España contemporánea es este? ¿dónde están los políticos? Pues ya llegan, por lo menos el presidente del Gobierno. Mariano Rajoy, el hombre que huía por los garajes del Senado ante las preguntas incómodas de los periodistas, el que vendió el rescate de la banca como una línea de crédito un éxito personal, el que no concede entrevistas ni da declaraciones y que solo habla en actos de su partido o de la FAES y escapa como puede de dar cuentas en el Parlamento; ha anunciado que irá él a entregar el Códice recuperado. Ya está. Esto es España. Veni, vidi, vinci.



Tricampeones de fútbol, eso sí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Y que se hiciera la foto, costó 260.000 euros de dinero público; entre desplazamientos, estancios y gastos protocolarios varios:
http://www.sermosgaliza.com//artigo/internacional/dixital-espanol-afirma-que-a-foto-de-rajoy-entregando-o-codice-custou-aos-cidadans-260-000-euros/20120711220838003242.html