domingo, 10 de junio de 2012

No le digas a nadie que esto es un rescate

Yo apenas sé de economía, lo poco que conozco he tenido que ir aprendiéndolo a trancas y barrancas en los últimos cinco años. De lo que yo sé, y sé bastante, es de cómo se articulan los relatos, de cómo se fraguan las historias, de cómo se ponen en relación dos cosas que al principio no parecían tener mucha; y el rescate bancario que se ha aprobado esta semana y la manera en las que el Gobierno del PP ha tratado de venderlo como un "préstamo" o una "línea de crédito", dice mucho de la economía española y europea.

En este blog siempre hemos sostenido que el origen de la crisis (mundial) se circunscribe casi exclusivamente al sistema financiero y, sin embargo, el conservadurismo político ha logrado que se imponga su visión de que todos los problemas se deben al "despilfarro" en el sector público así que la cura debe pasar por recortes sociales. Ese es el mensaje con el que ganó el PP las elecciones en España --país que tenía superavit en las cuentas públicas hasta 2007; y que, más que a sus arcas, debe su crisis a una espectacular burbuja inmobiliaria que ha disparado la deuda privada, convertido en tóxicas a la mitad de sus entidades bancarias pero que no sé si realmente explica del todo que la mitad de la población joven esté en el paro-- y de hecho es lo mismo que ha ido repitiendo a lo largo de los cinco meses de su gobierno. "Haremos lo que haya que hacer", es decir, más reforma laboral, muchos más recortes en salud y educación, dejar a inmigrantes sin asistencia sanitaria, que se tengan que pagar tasas en la justicia... todo eran los deberes ineludibles para pagar el hecho de "haber vivido por encima de nuestra posibilidades". Y como Rajoy aplicaba el rigor espartano que se le exigía, el BCE debía comprar deuda española si se torcían las cosas. Y se torcieron, y no se compró deuda, ¿por qué?

Porque, pese a que el Gobierno del PP lleve solo cinco meses en el poder y de ningún modo se le puede achacar en exclusiva los problemas de la economía española, su estrategia de cara a las negociaciones con Bruselas y la gestión del caso de Bankia en particular, sí son lo que ha llegado ha espantar a los acreedores europeos. Primero, la negativa de Rajoy a presentar sus presupuestos antes de las elecciones andaluzas, después una chulería de macarra primerizo que le hizo apostar en Bruselas por un déficit mayor del que le exigían diciendo que era una "decisión soberana" para luego endilgarse todas las décimas. Además, luego comunidades gobernadas por el PP desde tiempos inmemoriales como Valencia y Madrid anunciaron nuevas y disparatadas cifras de déficit. Pero peor fue el caso de Bankia (que en última instancia es lo que ha provocado el rescate), al anunciar primero la marcha de Rodrigo Rato, pasar 48 horas con versiones contradictorias sobre si se iba o lo echaban, después negar la nacionalización de la entidad para anunciarla al instante; y, por último, apuntar una cifras del agujero de la entidad que iban creciendo a medida que pasaban las horas. Todo para terminar tratando de cuadrar un relato (y es lo que a mi me interesa), el de que los problemas no los tiene España sino su sector financiero; y que por eso no debemos hablar de un rescate, sino de un préstamo, que no cabe ninguna comparación con otros países rescatados.

Desgracidamente sí cabe, porque pese a los circunloquios de Luis de Guindos en su comparecencia, la deuda de ese préstamo debe responderse con fondos públicos. El monto va al FROB para que la banca pueda acudir a él, pero es como quien pide una hipoteca y se presenta con el aval de la casa de papá. Si no pagas esa hipoteca echarán al progenitor de su casa. Y nosotros somos los que estamos avalando ese préstamo a la banca, con nuestro precario estado de bienestar que será ahora jibarizado, analizado y examinado por técnicos del Eurogrupo. El problema del relato del PP es que es contradictorio, si el problema es solo de la banca ¿a qué venía lo de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades? Si es un préstamo al sector financiero ¿por qué hemos hablado tanto de derroche en el sector público? ¿Por qué nuestros hospitales y escuelas tienen que pagar los errores de gestión en bancos y cajas? Sí cabe la comparación, digo, porque este es el caso de Irlanda, el país que asumió como propia la deuda de sus bancos y acabó intervenenido. No somos Grecia, sino la verde Erín, eso es lo que dice el relato del PP.

O no. Lo cierto es que, en su peor tradición del partido que fue responsable de la mayor mentira de la historia de la democracia española, el 11M; ayer De Guindos y hoy Rajoy se han resistido a decir "rescate", han tratado de negar que el rescate acabe afectando al déficit, entre un largo sinfín de medias verdades, eufemismos y auténticas falacias. Además, para rematar, Rajoy ha terminado yéndose a la Eurocopa y lamentando que no le daba tiempo a ver el tenis. Si el asesor de comuninación de Rajoy estuviera pagado por el PSOE no lo habría hecho mejor. La forma en la que el PP trata de vender que no se trata de un rescate ha sido la risión de la prensa internacional, tanto que hasta en Time le han dedicado esta canción:




Hay que ser justos al decir que la manera en la que se ha resuelto esto también termina con el relato conservador europeo (bastante coincidente con el del PP) de que los problemas de España se deben a que es un país vago y manirroto. Europa ha terminado poniendo dinero para los bancos, pese a que todas sus peticiones hasta ahora han sido que alarguemos nuestra edad de jubilación, que perdamos derechos laborales, que trabajemos (aún) más por menos dinero, nada de eso tiene relación con la banca. Pero así pagaremos, con esas cosas, esta "línea de crédito". Hasta The Economist está señalando que hacer sangrados a los enfermos no es medicina moderna, sino superstición medieval:




Pero a Merkel eso no le importa. Se ha asegurado el pago de la deuda de la banca española a la banca alemana, que es de lo que iba todo este asunto. Paul Krugman todavía está alucinando y preguntándose qué se sacará de la manga después. ¿Y el PSOE? No sabemos, quizá algún día se decidan a hacer oposición, si se creen que la estrategia del PP de dejar que el que esté en el gobierno se queme solo funcionará con ellos tamibén está claro que no han entendido cómo fuciona este país y no merecen gobernarlo de nuevo. De momento, su relato, el de que ZP hizo todos los esfuerzos para tratar de evitar el rescate, no es defendido con convicción, ellos mismos parecen presos del temor a que se investigue qué ha pasado con los bancos y cajas de ahorros. Quizá no tengan nada que temer, pero lo parece. Y eso es lo que realmente importa en esta historia.

Porque vamos a empufar a todo el mundo, a todos los ciudadanos, a todo lo que conseguimos construir con muchísimo esfuerzo desde la restauración de la democracia, para pagar pufos por los que nadie quiere responder. No habrá comparecencias de Rato, ni de MAFO, ni de otros gestores de CajaMadrid o de Bancaja, ni de Caja de Castilla La Mancha, ni de aquella de los curas en Andalucía. Nada. El PP puede permitirse tratar a su electorado como borregos porque históricamente les ha funcionado, el PSOE no; y está empezando a formar parte del relato de los que no querían dar explicaciones, como protagonistas.

domingo, 3 de junio de 2012

La cinta blanca de Merkel


Rajoy declaró ayer que España no está al borde de ningún precipicio y, al instante, comenzaron a surgir los comentarios que lo equiparaban a los personajes de dibujos animados que, tras perder pie y saltar por un barranco, siguen corriendo en el aire, manteniéndose ingrávidos hasta que, al final, miran al suelo y caen sin remedio. Der Spiegel --que ya una vez sumó al presidente español al supuesto pacto secreto con Merkel para no recibir a Hollande-- dice ahora que Alemania no ha dejado de presionar para que España asuma el temido rescate, palabra en todo caso que es tabú y que, si llegara a producirse, no se utilizaría. Rajoy está estupefacto; con su particular retórica provinciana viene a explicarnos en sus comparecencias medidas con cuentagotas que, al fin y al cabo, él ha cumplido con lo que le pedían (ha hecho grandes recortes en sanidad y educación y también la reforma laboral soñada por los negreros sudistas) pero el BCE no cumple a cambio su parte, no le compra deuda para tratar de embridar una prima de riesgo desbocada.

Quizá ese es el problema. El relato. La tesis triunfadora sobre la crisis española ha sido la versión del conservadurismo, la del "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", Cospedal por ejemplo, aún insiste en que todos nuestros problemas se deben a un desproporcionado sector público. Con este mensaje populista (el de que la crisis se debía exclusivamente a la proverbial incapacidad de ZP y a un despilfarro no menos proverbial en el Estado por parte de los manirrotos sociatas) el PP llegó al gobierno, el central y casi todas las CCAA, prometiendo resolverlo con magia potagia y, bueno, también sangre, sudor y lágrimas pero ajenas. Luego resultó que las cifras de déficit se disparaban por comunidades que no habían contado todo lo que tenían a sus espaldas y que estaban gobernadas por su propio partido y, además, petó Bankia, el monstruo de los tóxicos del ladrillo dirigido nada menos que por Rodrigo Rato. Pero Rajoy insiste en que nada de eso tiene que ver con las dudas respecto a la deuda española, e insiste en el mantra: hay que recortar más, será necesario que se hacinen los niños en la escuela, y que los ambulatorios cierren por las tardes. Mientras, directivos de cajas quebradas se van a casa con indemnizaciones que cuentan los millones de euros por decenas.

Al final el problema no eran los servicios públicos, sino los bancos. Siempre ha sido así, tanto a nivel español como europeo. En buena medida, el relato del despilfarro público para tratar de evitar que los ejecutivos financieros paguen sus gravísimos errores se reproduce a escala continental desde el inicio de la crisis. Hay un paralelismo en la forma en la que el conservadurismo hispano recurre a los recortes sociales para cubrir los desmanes del sector bancario y el modo en el que los dirigentes alemanes han convencido a su electorado de que la culpa, al fin y al cabo, es de los perezosos vecinos del sur que no hacen más que tomar el sol y beber sangría. Krugman se ha hartado de decir recurriendo a datos, gráficas e informes, que países como España cumplían a rajatabla los objetivos de déficit antes de que se iniciara la recesión, y el país presentaba superavit en sus cuentas públicas hasta 2007. Los problemas de Italia, los de Irlanda o los de España tienen sus características particulares, pero a todos se les ha metido en el ejemplo griego de falsear las cuentas pública (si acaso, aquí se falsearon las de Madrid y Valencia, pero sobre todo las de Bankia, pequeña Hélade de la especulación inmobiliaria). Los términos en los que el ministro de finanzas alemán se refiere a la crisis no son técnicos o económicos, sino morales. No hace mucho que Schäuble dijo que, ahora, habíamos aprendido la lección. Para la CDU esta recesión es un pecado, una enseñanza de lo que les ocurre a los descarriados morenos frente al rigor de los teutones, es algo que debe purgarse, hace falta una expiación con sufrimiento. La tesis de Merkel no es distinta a lo que narra Haneke en La cinta blanca.




Gracias a  JotaInKoelle me entero además de que la canciller creció a pocos kilómetros de donde se rodó la película. La cinta blanca nos habla de un pequeño pueblo alemán de comienzos del siglo XX, en vísperas de que se desate la IGM, viven sometidos al rigor del pastor protestante, a los homenajes al señor feudal, y a una severa e hipócrita moral sexual. Bajo la candidez del decorado corre un río oscuro de mentiras y engaños que todos conocen y de los que nadie habla, cuando la inocencia se aplique en exigir el pago de estos desbarajustes lo hará con una maldad sin precedentes. Muchos vieron en La cinta blanca una parábola sobre los orígenes del nazismo, pero yo la veo más adecuada para retratar mucho de lo que nos pasa hoy. Hablando de nazis tenemos a los resultados de Amanecer Dorado en Grecia ¿les pilla de sorpresa? ¿De verdad no hay nadie en Alemania que pueda llegar a pensar que cuando se imponen a un país medidas humillantes surgen los partidos de este tipo? ¿no se enseña en sus escuelas el Tratado de Versalles? Seguro que sí. Quizá me columpie al decir que el origen de Merkel en la Alemania del Este explica en parte este comportamiento, quizá me columpie porque esto es solo una especulación. Pero lo cierto es que fue solo en el Oeste donde se dedicó un concienzudo tiempo a deshacer el complejo de superioridad ario que llevó Europa a la catástrofe en los años 30, y en la RDA el relato, desde sus inicios, es que ellos también habían sido víctimas de grupo de locos. No lo sé. De momento, el talibanismo con la austeridad no solo ha provocado que en algunos lugares estén al borde la catástrofe humanitaria sino que sigue sin atajarse el verdadero problema, la banca. Una banca europea que comienza a desintegrarse por mutua desconfianza. Una banca española que puede arrastrar al país en su caída, y que especula con rescates que son, al fin y al cabo, para pagar su deuda con la banca alemana, nada más. Desde hace años ya, desde 2009, todos vamos por la vida con la cinta blanca que Merkel nos ha anudado al brazo como signo de nuestra vergüenza, pero esto no se arregla, no funciona. El pecado, si lo hay, lo han cometido otros.


¿Significa esto que con un cambio en Berlín o Bruselas, con una apuesta por el crecimiento, o los eurobonos, se resolverían los problemas de España? Rotundamente no. Más allá de Bankia, del déficit de las CCAA o de los aeropuertos sin aviones, el problema de España es que camina a más velocidad de la que hubiera imaginado hacia el fin del régimen pactado en la Transición. Si hay que recurrir a algún símil histórico acudamos mejor al Desastre del 98, porque volvemos de estos 30 años de supuesta prosperidad sin barcos ni honra. Con la mitad de la población joven en paro (ese el mayor signo del fracaso de la España contemporánea) y con un desprestigio institucional generalizado que ya toca no solo a partidos, sino a jueces y al mismo rey. Esto tiene que acabar, la cuestión es, como siempre, si se hará por las buenas o por las malas.