sábado, 15 de diciembre de 2012

Desigual como Rouco

Me divirtió mucho la polémica sobre los anuncios de Desigual en la que no participé porque me bastó con leer los puntos de vista. Al final me ha parecido que la forma más honesta de abordarla es la de un imaginario Rouco Varela que evalúa los anuncios --que son tres-- de esta campaña; porque puede pasar que cuando nos ponemos inquisidores erramos el tiro. El primer anuncio (que no interesa a nadie) va sobre una chica que se va a otro lugar; el segundo, suculento, el de otra que se prueba ropa y anticipa sus planes para tirarse al jefe:



Por fin, el tercero, sobre una chica que le va a contar a sus padres que le gustan las chicas, y que vive feliz con una:




Nuestro Rouco Varela, que en el último encuentro de la Conferencia Episcopal señaló como los grandes males del país el matrimonio gay y la preocupación por la unidad de la patria, no tiene dudas: ese tercer anuncio es el más provocador y subversivo, el más escandaloso. Y resulta que no, al final, es el segundo.

¿Por qué? Parece evidente que el matrimonio homosexual está tan asumido que ni hace levantar una ceja más allá de la conferencia de obispos; las críticas al anuncio principal le acusan de sexista y, en cierta medida, de clasista aunque la protagonista insista en el hecho de que sea su jefe es una "casualidad". En la polémica algunos han propuesto imaginar el anuncio protagonizado por un hombre, lo cual es absurdo porque un hombre que quisiera tirarse a su jefa en un anuncio se limitaría a usar Axe y tirarse de paso por el camino al resto de chicas del departamento de contabilidad.

Igual que del catolicismo merece la pena salvar que al menos hayan hecho las catedrales y El Señor de los Anillos, del capitalismo terminaremos salvando los anuncios, desde luego éste ha logrado su objetivo porque se habla de él (bien o mal es absolutamente indiferente en este caso) y además se habla de él mencionando la marca así que es un triunfo total. Entiendo que se planteé un debate sobre los reversos de la ironía en los casos de sexismo, algo que mencionaron aquí y luego se refritó en español aquí y que yo descubrí gracias a @luzhilda

Pero al capital realmente no le importa el patriarcado, solo la rentabilidad y por eso puede promover la venta de algo tan alejado del modelo patriarcal tradicional como la cosmética masculina. Lo cierto es que también recientemente conocimos el caso de una joven china que vende su ropa en internet usando a su abuelo varón como modelo:




La apoteósis de la ironía en la publicidad respecto al sexismo se hizo en Francia, tan lejos como en 2002 y poco tiene que ver con los hipster:





"Ningún cuerpo femenino fue explotado en este anuncio", reza el cartel.

Si antes he usado el anuncio de Axe como analogía válida para el de Desigual es porque su protagonista quiere tirarse al jefe, no casarse con él para que sea marido proveedor, tampoco como amante intermitente, la otra, en el rol clásico de secretaria. Ella se prueba ropa, para lo otro Joan en Mad Men recomienda mirarte en el espejo con una bolsa de papel en la cabeza y ser "honesta" con tus "fortalezas y debilidades":



¿Por qué de los tres anuncios de la campaña el de tirarse al jefe despertó más inquietud. Quizá hacemos como Rouco empeñado en los gays al empeñarnos con el sexismo porque el motivo latente es otro y es que realmente ya es casualidad que tengas un jefe al que echarle los tejos con el paro que hay.

domingo, 9 de diciembre de 2012

En nombre de empresario




Aunque pasó con cierta indiferencia general, a mí me gustó El Aviador, de Scorsese; no sólo porque suele pasar que se infravalora a Leonardo DiCaprio, sino porque en su retrato de Howard Hughes la película ejemplifica muy bien el mito norteamericano del empresario self made man, que será tycoon pero genuinamente pionero en un determinado campo de progreso y que en Europa, no digamos en España, es mucho más difícil de encontrar.

Sólo la historia de los primos fundadores de Galerías Preciados y El Corte Inglés es comparable y en otra escala (y para conocerla solo se puede acudir al libro de Javier Cuartas) en términos de movilidad social y enriquecimiento. Eso en un país en el que aún las grandes fortunas están ligadas al expolio del franquismo y lo cierto es que Ramón Areces (Corte Inglés) vivió el Madrid del asedio durante la guerra, Pepín Fernández (Galerías Preciados) sí financió a los nacionales durante el conflicto.

 Los ídolos empresariales del presente indiscutibles son Amancio Ortega con Zara (y que ha recibido críticas por negarse a suscribir protocolos contra el trabajo esclavo en Brasil) y Francisco Roig con Mercadona (que ve en el modelo laboral chino un paraíso del hacendado). Pero es que además esta semana ha sido detenido el que fuera presidente de la patronal española, de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán con abundante dinero en metálico y hasta oro en su casa.

Se trata de un caso gravísimo que ciertamente no solo se explica porque el empresario haya estado acompañado en su ascenso por el PP de Madrid, sino por la propia manera en la que la patronal ha decidido estructurar su organización. Durante un tiempo asombrosamente largo, desde 1984 hasta 2007, la cabeza visible de la CEOE era José María Cuevas, empleado y no propietario, espina que tenía clavada y que iba a zanjarse con la llegada de Díaz Ferrán, designado a dedo por Cuevas hasta el punto de que se cambió la normativa de la elección: "Primero se presentó para su séptimo mandato cuando en su entorno se daba por hecho que no lo haría por problemas de salud. A los pocos meses cambió los estatutos de manera que si se producía su baja durante ese periodo, el sustituto tendría que salir de los 11 vicepresidentes". Con una prensa que oscila tanto en número a la derecha en España, son frecuentes (y certeras a veces) las críticas a los sindicatos por dependencia de financiación pública y cifras de liberados; aspectos que siempre se obvian sobre la patronal cuando son equivalentes o peores y además se da en una organización en la que a todos sus miembros parece importarles un bledo si funciona democráticamente o no. Este estudio de Bancaja en 2008 revela que el nivel de estudio de los empresarios en España es más bajo que el de la población ocupada:



Con una proporción, además, de las más bajas de toda la Unión Europea.






Realmente solo el grupo de directivos --que son en realidad una casta especial de asalariados-- tiene un grado de estudios superiores significativamente más alto que a todos los grupos:




El pasado 29 de noviembre la Cámara de Comercio de Oviedo ofreció una charla sobre estrategias de empresa familiar inspiradas en las prácticas de la mafia, con el buen gusto eso sí, de acudir a la película El Padrino:




Y esto ocurre en un país en el que la economía sumergida supera el 20% del Producto Interior Bruto. Los principales artículos de medios económicos y politólogos dedicados a analizar la crisis cargan sistemáticamente sus argumentos sobre la reforma laboral, sobre la "rigidez" del mercado de trabajo, la dualidad de sus contratos. Olvidan, y a a veces interesadamente, que de poco sirve modificar cualquier ley sino hay necesidad de cumplir ninguna, la impunidad es más barata.

En el diálogo social, los empresarios reclaman abaratar el despido pero siguen llevando una cuarta parte del dinero al mercado negro y los contratos que hay siguen siendo mayoritariamente temporales; no dedican una fracción del tiempo que gastan en exigir reducir prestaciones a parados en reclamar, por ejemplo, que se simplifiquen los trámites para crear una empresa; se ha logrado subir la productividad porque ahora los trabajadores cumplen más horas por menos pero no porque las empresas hayan invertido en I+D, y además la diferencia se evade a paraísos fiscales.

Quiero decir que seguro que nos urgen muchas de las reformas que estamos emprendiendo y, sin embargo, se olvida la muy necesaria reforma empresarial que nos hace falta porque el sistema actual penaliza al que sí cumple las reglas. Díaz Ferrán nos dijo que "los empresarios no son el problema sino la solución" pero resulta que tenemos un problema con muchos, demasiados, empresarios como él. Y eso precisamente es lo que está retrasando que lleguemos a una solución. Ya casi nunca decimos obrero sino operario; también se usa menos empresario porque hay quien ha visto más lustroso hablar de emprendedor y los más pedantes no se privan de un entrepreneur. Llámense como quieran pero para que cuaje el nombre que elijan como algo benéfico van a tener que distinguirse y señalar a los ladrones como ladrones.