domingo, 5 de mayo de 2013

Bangladesh aquí




La polémica más interesante de la semana ha sido la que ha provocado el artículo de Roger Senserrich sobre el derrumbe de la fábrica de Bangladesh. ¿De qué va ese artículo? No es una defensa de las condiciones infames de esas fábricas, que el artículo denuncia (aunque carga la culpa en el "corrupto estado" antes que en la codicia de las empresas) sino más bien una glorificación de la globalización como un medio para que, en países muy atrasados con una economía agraria muy poco tecnificada, los trabajadores puedan acumular un salario que, si ciertamente según cánones occidentales, es una puerca miseria, allí puede ser un monto interesante. Quizá va de eso el artículo. Yo creo, en todo caso, que también se trata de un sofisticado trolleo. Al fin y la cabo se publicó en El diario.es, que quiere ser referencia en la prensa de izquierdas y había una indisimulada intención de pasarle por la cara a los progres de salón su cortedad de miras respecto de la progresión económica de los países del antes llamado Tercer Mundo gracias a la deslocalización de empresas textiles. A mí me parecen argumentos cogidos con pinzas y así lo dije desde el día de la publicación. Tampoco entiendo de ninguna manera las críticas a que se haya publicado el artículo y mucho menos que el director se arrepienta de haberlo hecho. Me parece alucinante, ya Manolo Saco anunció su intención de dejar de escribir allí por las críticas de los lectores. La izquierda que allí lee y allí comenta debería mirarse muy mucho su intransigencia.

Dicho esto, sigo pensando que las tesis de Senserrich son equivocadas. La noticia del derrumbe en Bangladesh nos ha interesado mucho porque se trata de una tragedia impresionante (vamos ya por más de 500 muertos y 2000 heridos), pero sobre todo porque en la fábrica se han encontrado etiquetas de cadenas españolas como Mango, pero sobre todo, El Corte Inglés, y hasta hace muy poco era tabú en la prensa española denunciar el poco o nulo cuidado que tienen estas empresas por el respeto a los derecho laborales y humanos en sus fábricas. El Corte Inglés sigue siendo el segundo o tercer anunciante en medios españoles y aunque aquí no ha salido Zara, la empresa del entronizado Amancio Ortega acumula denuncias similares en sus factorías a lo largo y ancho de todo el globo; en Brasil se ha negado a firmar un protocolo contra el trabajo esclavo.

Pero yo iba a decir otra cosa. Ha parecido en este debate que cosas como estas, esa explotación, que se obligue a trabajadores a entrar en la fábrica a pesa de su renuencia por las grietas, son cosas lejanas, en el espacio y en el tiempo. Que podemos disculpar de algún modo (porque es lo que acaba defendiendo el artículo) las penosas condiciones de trabajo y los bajos salarios porque al final son países atrasados que están creciendo. Y que lo que había antes --el duro, duro de verdad, trabajo en el campo-- era peor. Parece que dice que estas cosas pasan porque allí hay estado corruptos, y empresarios sin escrúpulos, pero que las multinacionales no son culpables y que cuando se enteran toman medidas. Pues no.

Voy a coger dos casos extremos que ocurrieron en España en 2009 y en 2011. En uno, un inmigrante perdió el brazo en una panificadora de Valencia y el patrón lo arrojó a las puertas del hospital; en Girona otro perdió la mano y también recibió un trato similar de su contratador. ¿Pueden consolarles diciéndoles que estarían peor en sus países de origen? ¿puede decirse que eso ocurrió en un país atrasado y lejano? Lo segundo seguro que no porque fue aquí.

El caso es que no se puede relativizar la codicia desmedida de quien cuenta su beneficio por más del 200 ó 300%, y no habrá mano invisible, ni autocorrección del mercado que pueda evitar estas salvajadas, la pura esclavitud, sino la denuncia indignada, la intervención estatal y la posibilidad de que los trabajadores puedan sindicarse y exigir juntos mejores condiciones de trabajo. Nada de eso llovió del cielo sino que se logró con muchas lágrimas, mucho sudor y mucha sangre. Aunque ahora intenten convencernos de lo contrario.

6 comentarios:

pili dijo...

¿Qué tiene que ver la intervención estatal en ese último párrafo? ¿Qué hace la intervención estatal por los trabajadores? ¿No es el Estado el que da privilegios a muchos empresarios aquí mismo para que hagan lo que hacen? El Estado crea el problema y luego se nos vende como solución a lo que ha creado. El Estado no es contrapeso al capitalismo, es quien lo sostiene, a ver si nos vamos enterando.

Anónimo dijo...

Así consumimos como consumimos y cambiamos de ropa y de moda como lo hacemos. De usar y tirar, sin calidad alguna. Y no se te ocurra ir a comprar a la pequeña tienda de siempre, donde sabes que quizá te estafan, pero no se mueve lo que en esos consorcios, puro capital.
Y si vas al mercado de los domingos, también te acribillan a críticas.
¿Será el Estado el que crea el problema y da la solución, o se cruzará de brazos mientras mira lo que pasa y lo bobos que somos?

Anónimo dijo...

Donde me parece que el Estado tiene más responsabilidad directa es en las inspecciones de trabajo. ¿Cómo es que se contrató durante esos años de gobierno y de burbuja sin garantías para los trabajadores? No se mantuvo la legalidad.
El mercado laboral es una selva. Y cada vez peor.

pili dijo...

Al primer anónimo: No, el Estado no se cruza de brazos en absoluto, colabora activamente para que eso que indicas sea así. ¿No sabemos aún que los grandes centros comerciales no son subvencionados directa e indirectamente (construyendo carreteras e infraestructuras para llegar a ellos, por ejemplo) llevando al pequeño comercio a la desaparición?

pili dijo...

Fe de erratas: donde pone "no son subvencionados" sobra el "no".

Anónimo dijo...

Es que yo a comprar voy a pie. Si puedo, no salgo de la Plaza de Abastos para lo de la comida. Y tampoco suelo comprar en las capitales. Aunque veo que en Gijón hay (o había) mucho pequeño comercio de ropa. Yo creo que, en el fondo, nos gusta parecernos a la gente de los anuncios. Sobre todo, para no desentonar.