jueves, 18 de julio de 2013

Sobre la quietud

Nietzsche decía que había que fijarse en los frisos de los templos griegos para hacerse una idea mejor de la representación teatral en el mundo clásico, quizá así se entienda cómo imaginaron la fábula de la carrera entre Aquiles y la tortuga; es un pensamiento chocante para el espíritu contemporáneo porque, además, siempre busca en las tramas un giro inesperado que sea decisivo. Por eso por segundos Rajoy se nos va quedando anquilosado ante los ojos, como un partenón entre ruinas de argumentos, porque se va quedando quieto mientras todos los demás se mueven y eso es una desventaja en un mundo que no mira frisos sino cine. Claro que el movimiento de los demás es también sólo representación. El Psoe ha empezado a preparar una moción de censura, no podía hacer otra cosa, es la última pataleta parlamentaria, es también un poco relato fundacional y mito originario de los gobiernos socialistas tras la Transición aunque ni siquiera exija la comparecencia de Rajoy. No tiene votos para pasar de la puesta en escena; y no tiene reparto. También es una representación pedir un proceso constituyente y elecciones y referendos sin poder ejecutivo para hacer nada de eso y limitar la actividad parlamentaria a ponerse la camiseta de todos los movimientos de protesta. Para eso ya teníamos a Azagra.
  
Nada de eso puede tocar a Rajoy, seguro en su mayoría absoluta. La estabilidad de sus diputados es de hecho la última defensa que esgrime el presidente y puede hacerlo porque es cierto. Es decir, el PP no tiene elecciones a la vista pero es que ni siquiera tampoco el temor de una sangría de votos futura tan grave como para que le lleve a tomar medidas por sí mismo. Que Rajoy se vea capaz de aguantar sin rendir cuentas en el Congreso, esquivando a la prensa en una crecida absurda que va desde huídas por el garaje a usar cómo último recurso pactar preguntas para leer una respuesta escrita es porque se lo puede permitir ante su público. Él es un señor de Pontevedra, dispuesto a administrar como dios manda lo que le indiquen haciendo lo normal. A veces, en estas actividades te cae un sobre. Es lo normal. Y para su electorado también es lo normal, todos son iguales, tu también lo harías si pudieras; con el caso Gürtel el PP creció en afiliados.

Rajoy cree que si se queda quieto su electorado no le hará pagar (o no mucho) alguna corruptela y quizá así pueda llegar a ver algún signo de recuperación traído por el tiempo. A la vez ofrece ese tiempo (y poco más) hacia el exterior y los mercados como su gran valor para llevar a cabo "lo que hay que hacer". Pero ahí el público ya no es sólo su electorado el único capaz de mantener junto a Rajoy lo que sea preciso que la tortuga está un poco más adelante que Aquiles. Desde fuera, ese casticismo se muestra cutre y bestial. 
Ocurre que en una España tan cañí como que la que este gobierno propugna, los hados han hecho coincidir el tapón humano a la entrada de la plaza de toros de Pamplona con la escalada de revelaciones de Bárcenas en toda la prensa. Es la imagen que mejor ilustra lo que está haciendo el gobierno de Rajoy. Pura Marca España.




Cada San Fermín contamos más guiris que autóctonos entre las víctimas pero en la crisis de la contabilidad B del PP cada titular negativo internacional es un embiste que se le acumula al estático Rajoy. Más si es alguien que fuerza a que cada comparencia en su compañía, en una cumbre, termine llevando el turno de preguntas a sus corruptelas, porque es el único momento en que que concede alguna. No es poca cosa la representación, que no es lo mismo posar hierático que aplastado por hombres y animales aunque las dos veces se esté quieto. Si ese va a ser el papel, pueden pensar que hacer lo que hay que hacer lo puede hacer cualquier otro. Y no sería la primera vez que lo hacen.

1 comentario:

Anónimo dijo...

..., y a mí la que la imagen me recuerda al Gernika de Picasso.