lunes, 28 de octubre de 2013

Camarada Dimitir



Se puede discutir cuándo debe dimitir un político. En otros países basta una salida de tono, una metedura de pata, una mentira pillada in fraganti; en España no. Aquí se asume con la mayor tranquilidad que no hay motivo para renunciar a la responsabilidad política hasta que no entra el asunto de la polémica en los tribunales. Más aún, en muchas ocasiones, hasta que no hay una condena firme; y a veces ni siquiera eso es suficiente. Ocurre así porque en otros países la salida de tono o la mentira bastan para que en el partido afectado sientan verdadero terror a ser perjudicados en las urnas, mientras que en España la indolencia de los votantes tifosi pero sobre todo el control de hierro, falta de transparencia y cerrazón a la participación de los ciudadanos que los partidos tienen sobre sus listas les impide sentir un temor semejante.

 En los partidos mayoritarios nos encontramos con ejemplos a patadas, por eso extraña el mimetismo con que IU de Asturias ha tomado el caso de la imputación por prevaricación de su portavoz parlamentario y más cuando trata de presentarse como una alternativa ejemplar al bipartidismo, fuente, por lo visto, de todos nuestros males. A Ángel González le acusa el Tribunal Superior de Justicia de Asturias de haber fraccionado contratos para la adquisición de monolitos conmemorativos de las víctimas del Franquismo. Durante la primera fase de la acusación, la coalición no se apartó ni un ápice del manual del político típico español cuando se encuentra en estos casos. Habrá que esperar, no creo que esto llegue a nada, es una acusación falsa, la imputación me permitirá defenderme mejor. Cuando se dio el paso a la apertura del juicio oral se jugó una carta más peligrosa y es la de “aquí no se ha enriquecido nadie”. Y no es eso. Porque importa realmente un pimiento en este asunto el enriquecimiento personal del portavoz, fraccionar contratos en las contrataciones de la administración es una práctica corrupta que favorece intereses particulares, quizá no se “enriquece alguien” pero se empobrece el erario público, es decir, usted y yo.

En fin, una imputación es una imputación nada más (y nada menos) y por encima de todo se debe respetar la presunción de inocencia. Pero hay algo en este caso que sí que puede llegar a ser intolerable, y es la insinuación —porque todavía no se ha dicho a las claras pero se ha sugerido en más de una ocasión–, de que el motivo último de esta causa es la resistencia de los poderes fácticos al homenaje a los represaliados de la dictadura. Y miren no, por ahí no paso. Ha sido una tentación de muchos representantes políticos envolverse en la bandera de la patria, de la estabilidad institucional, de los motivos más extraños para defenderse de acusaciones de corrupción. Lo último que nos faltaba es enfangar así la memoria de los que han yacido tan injustamente y por décadas en el fango de las cunetas.

 Comprendo que para que el portavoz de IU en la Junta se llame Ángel González, para que su nombre pese sobre el escaño, han tenido que pasar muchos congresos y asambleas afiladas; también que si para la derecha la corrupción, cuando es la suya, es el orden natural de las cosas, la izquierda si dice que es otra cosa, que debe dar ejemplo, no sólo debe parecerlo sino sobre todo serlo. Por encima de todo, usen la estrategia de defensa que mejor les parezca pero no hagan de los monolitos un parapeto. Es un insulto.

Artículo publicado en Asturias24

Foto de Eloy Alonso.

2 comentarios:

Anónimo dijo...
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