miércoles, 9 de octubre de 2013

Pocoyó y los losers



Hay un capítulo de Pocoyó en el que el niño y Pato siguen a un pequeño coche hasta una ciudad en miniatura y ambos se ponen a jugar a los monstruos destructores, como Godzilla y un robot gigante, causando enormes daños en la ciudad que, ¡oh sorpresa!, estaba habitada por pequeñas bolitas. Pocoyó y Pato comprenden su error y arreglan el entuerto, reconstruyendo lo destruido y sirviendo para las bolitas como parque de atracciones.

He recordado ese capítulo a raíz de las informaciones sobre la advertencia de la falta de liquidez que acucia a Zinkia, la productora de Pocoyó, en el folleto de la CNMV. Zinkia pasa una mala racha, no logra suficiente financiación pese a ser una serie excelente --seguramente la mejor producción infantil española de todos los tiempos-- con difusión internacional, muy buenos guiones y una calidad técnica más que notable. Si el producto es así de bueno, los problemas de Zinkia sólo pueden deberse a la gestión. Y ahí entra el dueño de Zinkia, José María Castillejo.

Castillejo es noble, conde de Floridablanca y cinco títulos más, aunque a él le gusta presentarse como emprendedor y asegurar que la sangre azul no ha pesado ni para bien ni para mal en su fortuna. Ya. También le gusta presentarse como "creador" de Pocoyó, lo cual es rotundamente falso. El personaje, cuyo nombre es fruto de una confusión infantil a la hora de rezar "Jesusito de mi vida", fue creado por David Cantolla, Luis Gallego y Guillermo García Carsí. Después, cuando empezó a rodar, Castillejo compró el producto a través de Zinkia y ya está. Ese es todo su mérito, tener el dinero, cero creatividad, cero talento, nada de nada. Zinkia despegó en los años previos de la crisis y antes de estrellarse --sin que yo quiera establecer una relación causa/efecto-- fichó como estrella a Juan José Güemes, ex consejero de Sanidad en Madrid (que también colaboó con las empresas sanitarias que se repartían los despojos del sistema público de la capital, y tuvo que renunciar), marido de Andrea Fabra-Que se Jodan y, también, maravilloso ejemplar de la puerta giratoria entre intereses privados y cargos públicos que caracteriza la política española. Lo digo porque es una caso evidente de Crony Capitalism aunque el dueño de Zinkia se mostró decidido partidario de las bondades del mito del laissez faire y no "putear" (literalmente) a los ricos, los dijo aquí:




La entrevista a Castillejo en Salvados causó gran revuelo en las redes sociales (incluso el verdadero creador de Pocoyó, David Cantolla, tuvo que salir al paso para separar al personaje de la polémica), pero resulta ahora especialmente relevante por todas las tesis fatuas del empresario. A Castillejo le ofende mucho la recuperación del Impuesto de Patrimonio --en un país en el que el fraude fiscal en los grandes patrimonios es norma y no excepción--, asegura que pertenece a una exigua minoría que trabaja para mantener a una mayoría de vagos (algo que es fácil de desmentir) y luego lo mejor de todo, que los ricos lo son porque son muy listos. Atención que hablamos de una premisa con consecuencia lógica y es que los pobres lo son porque son tontos. Los losers, la pobreza es merecido castigo calvinista.

Y es curioso porque Castillejo no explica los problemas de financiación de Zinkia ni las advertencias de falta de liquidez que hace la CNMV porque sea tonto o vago en una confesión que esperaríamos de la coherencia de ese pensamiento. Qué va, Castillejo achaca los problemas "a los bancos" (lo hace aquí) como un perroflauta de la calle. "Lo que los Bancos están haciendo con las PYMES en España, con el cierre completo de la financiación en estos años, creo que está siendo demoledor para un gran número de empresas. Parece, por lo que dicen los entendidos, que éste era o es el único camino. No lo entiendo muy bien y creo que es un error descomunal del que se hablará durante mucho tiempo en el futuro (...)" ¿Alguien ve ahí una confesión de su estulticia, alguna asunción de responsabilidad? No, por supuesto. Si el conde de Floridablanca se enriquece es por su propio mérito, si se empobrece es culpa de "los mercaos".


Termino como empecé con el capítulo de Pocoyó. Los Castillejos y Güemes de la vida han llegado a nuestra vida como Pocoyó y Pato entraron en la ciudad de las bolitas, destruyéndolo todo como si se tratara de un juego, luego vieron que allí vivían personas pero, a diferencia de en la animación, no sólo no están arrepentidos, ni han hecho nada por la reconstrucción, ni nos sirven de parques de atracciones. Más bien tratan de convencernos por todos los medios que somos nosotros los culpables de vivir entre sus ruinas y que debemos trabajar, aún más, para reconstruirlo todo. Ellos son listos.


*La foto de Pocoyó malvado la saqué de aquí.