martes, 30 de abril de 2013

Los reyes feos



Hay quien cree que La familia de Carlos IV es una de las obras más transgresoras de Goya, pero lo cree por motivos equivocados. Lo es porque apunta muchas de las características del impresionismo que habría de llegar después, pero no porque los borbones que allí se retratan aparezcan feos y bastos. Hay quien imagina que Goya quiso mostrar con esa fealdad de sus caras la mucho más horrible de sus almas en una España que se asomaba al siglo XIX en medio del horror. Goya hizo eso con la serie de Los desastres de la guerra (una obra de una modernidad asombrosa) pero no es el caso de este retrato familiar que se limita a mostrar las cosas como son. Tiene la influencia de Las meninas de Velázquez --otro cuadro tan asombroso que podría hacer girar toda una literatura a su alrededor-- pero se circunscribe a la tradición del realismo hispano tan poco amigo de las fantasías que el mayor cantar de gesta del castellano, El Cid, no tiene dragones, ni espadas mágicas ni otros sortilegios, sino que relata pulcramente las hazañas y pesares de un esforzado caballero al servicio de malos reyes. Y eso también parece que sea una tradición española. Dios, qué buen vasallo si tuviera buen señor, nos describe tan bien como el Plus ultra de las columnas de Hércules en nuestro escudo.

No resulta difícil reconocer el gen dominante borbónico en ese Carlos IV; Juan Carlos, primero de su nombre, se le asemeja en su vejez como dos gotas de agua. Y, sin embargo, la realeza contemporánea se resiste mucho, mucho, a que algo la plasme tal cual es. Sí es cierto que han elegido para hacerlo al pintor contemporáneo español que con más talento se ha entregado a esa tradición de realismo extremo, a Antonio López, pero ese es un retrato que no acaba de entregarse porque López no sólo pinta sino que combate contra la luz y el paso del tiempo en una batalla perdida. Seguro que hay sesudos estudios que analizan este aspecto de su obra, pero es mejor, o más ameno, ver el episodio que le dedicó La hora chanante:





El cuadro de López no llega. Y mientras tanto vamos conociendo que, gracias a los avances de la ciencia, nuestras majestades tienen cada vez menos necesidad de buscar un retratista dócil que disimulara algún defecto de sus rostros porque existe la criugía estética que nos hace ser Dorian Gray sin tener que pactar con el diablo. Lo hizo, sin duda, la princesa Letizia que ha remodelado su rostro a su gusto, y también la pequeña heredera infanta Leonor que ya no tiene el angioma con el que nació. Todo esto está muy bien aunque sea curioso en representantes de un sistema, la monarquía, que se basa precisamente en la creencia de que determinados individuos son portentosos y especiales sólo por el mero hecho de nacer así como son y en el seno de su familia. En fin.

Hay una línea sutil entre la ética y la estética porque asociamos lo bueno a lo bello y no necesariamente es así. Todo lo que acabo de comentar no tiene mucha importancia. Sí la tiene la revelación de la operaciones de la amante del rey, Corinna, supuestamente a cargo del erario público aprovechando una de las muchas curaciones de cadera que ha padecido el monarca. Importan, no porque se haya hecho esas intervenciones quirúrgicas, como no nos importan las infidelidades del rey, sino porque no tienen por qué pagarlas, ni los lifting, ni los aumentos de pecho, ni tampoco las lujosas mansiones en Madrid, los ciudadanos. Y eso sí que es un escándalo.

No consta que el rey se haya arreglado la papada, ni se haya retocado la nariz pero sí ha habido recientemente una operación cosmética a su mayor gloria. La revelación de que guarda en Suiza una considerable fortuna supuestamente heredada de su padre Don Juan. Es curioso porque al fallecido Conde de Barcelona siempre se le atribuyó una frugalidad de la que hizo ostentación. Digo que es cosmética porque tendría mucha importancia en el caso de que, como se especula, el rey abdicara en favor de su hijo Felipe. Sabemos que la figura del rey es inviolable tal y como recoge nuestra Constitución, pero esa inviolabilidad no es retroactiva, no cubriría delitos que se produjeran o se descubrieran después de la abdicación, perdidos ya los superpoderes de invulnerabilidad ante la ley. Era preciso sacar ese dinero ahora para que no se descubra después. Y quizá, sólo quizá, esta información nos da a entender por eso que sí habrá abdicación. Poco importa. Si, como dije antes, no es cierto que lo bello sea siempre bueno, el realismo (de realidad y no realeza) del castellano ha sentenciado en su uso que cuando algo está mal digamos que está muy feo.
   



lunes, 22 de abril de 2013

Los merecimientos nazis

En el segundo tomo de Dune, el emperador Paul-Muad'Dib valora las sangrientas campañas que le han hecho dominar efectivamente el imperio galáctico y se compara con Hitler, legendario conquistador de tiempos remotos cuyas víctimas, también, se cuentan por millones. No han hecho falta miles de años para banalizar lo que representó realmente el nazismo; muy recientemente la secretaria general del PP, Maria Dolores de Cospedal, comparó los escraches de la PAH con el movimiento nazi, lo que le acarreó unas cuantas críticas. Esto pasa porque el nazismo es nuestra imagen del mal supremo, es la metáfora que sirve para describir cualquier conducta realmente abyecta; en el cine en el Berlín de los años 30 siempre es de noche, siempre llueve, siempre parece que una patrulla de las SS te espera a la vuelta de la esquina o va a entrar en su casa. Y no solo en el cine histórico; los oficiales del imperio que desprecian la Fuerza de Darth Vader frente al terror tecnológico de la Estrella de la Muerte son nazis; como los son los Uruk-Hai que claman ante Saruman en Isengard antes de partir a la batalla del Abismo de Helm.




Si ya hay hasta una Ley de Godwin que regula lo que tarda en aparecer el argumento "nazi" en una discusión de internet, ¿por qué no iban a aparecer acusaciones similares en la crisis europea? Como dice George Soros, probablemente el problema es que la UE se está convirtiendo en "de una asociación voluntaria entre estados iguales a una relación entre acreedor y deudor" y eso no mola. Aunque no se pueden desatender los orígenes nacionales particulares de los problemas de cada uno de los países periféricos sí hay una cierta responsabilidad alemana (más bien del conservadurismo alemán) en meterlas a todas en el mismo saco y hacer de unas cuantas pequeñas tormentas nacionales una única en modo tornado para todo el continente. La respuesta ha sido pintar a Merkel como un nuevo führer y las políticas económicas de austeridad como un remedo del lebensraum que también ha llegado a publicarse en El País. Así que en Alemania han estallado y han dicho que no se merecen nada de esto. Y tienen razón; seguramente en ningún otro país de Europa como en Alemania se toman más en serio poner coto rápidamente a cualquier coqueteo con el nazismo; y esto que podría parecer bastante evidente lo es menos si se tiene en cuenta que Alemania no era el único país del Eje en la IIGM y parece que solo ellos hicieron la guerra. El caso de España, donde hubo un fascismo triunfante que, en 1945, tuvo que mudar rápidamente en conservadurismo autoritario católico para sobrevivir en el mundo de la Guerra Fría, es especialmente repugnante. Todo el país está lleno de estatuas, calles y homenajes a asesinos fascistas y con dinero público se sufraga un diccionario histórico que suaviza sus crímenes. Todo eso es verdad; también que las comparaciones de la Alemania contemporánea con el III Reich son una respuesta a una generalización germánica, la de que el sur de europa está poblado por vagos y vividores que pretenden mantenerse sin dar palo al agua mientras les sostienen sus esforzados vecinos del norte. Alemania no se merece ser asimilada al nazismo ¿se merece el mediterráneo esta otra imagen?



Es la portada de Der Spiegel del 21 de abril. Antes, durante una de las sucesivas crisis de deuda que se repiten desde el inicio de la crisis; Merkel aseguró a su población que los sureños tenían demasiadas vacaciones; su ministro de Finanzas cree que les tienen envidia, antes explicó que los países que ahora sufren ajustes están aprendiendo una lección. Todo el relato alemán de la crisis se articula en términos morales, es justo castigo a comportamientos pecaminosos de los que siempre, por supuesto, se salvan sus propias entidades financieras. En la desnazificación de Alemania tras la guerra fue muy importante que los aliados no asumieran que todo el país era culpable, que no había una idiosincrasia alemana o prusiana que les impulsara a ser un pueblo belicoso y opresor. Sin embargo, hoy cunde en Alemania la idea de que hay una idiosincrasia mediterránea que hace a los habitantes de su orilla ser holgazanes y corruptos. Haríamos muy bien en tomarnos muy en serio esta deriva porque sí está aniquilando algunas de las premisas sobre las que se construyó la Unión Europea. El auge de Amanecer Dorado en Grecia sí presenta muchos paralelismos con la situación de la Alemania derrotada tras la IGM y las duras condiciones del Tratado de Versalles. Sí.

Sinceramente, creo que Alemania nunca se librará de la comparación con el nazismo, que surgirá cada vez que Alemania haga algo que no guste a alguien. Son los malos de las películas, como los son los españoles en las historias de piratas, al igual que nunca en Hollywood aparecerá España como un país europeo sino tropical, una extraña mezcla de Italia y México en la que los vascos cultivan plátanos. Quizá la excepción sea la Kermesse Heróica:




Otra cosa, que merece un post futuro, es la construcción social del liderazgo femenino malvado, que primero se hizo con Margaret Thatcher y ahora se hace con Angela Merkel; ese que se hace allí como tragedia y tiene su parodia en España con Esperanza Aguirre. Pero esa es otra historia que tendremos que contar otro día.

miércoles, 17 de abril de 2013

¿Basta con un lema?



Que el gobierno del PP se encuentra sobrepasado por los acontecimientos --con una política económica suicida medio impuesta desde el exterior y medio aplicada por un dogma ideológico, a la que se suma la cada vez más evidente trama de corrupción para financiar el partido-- es palmario. El Congreso está vallado desde hace meses y el presidente sólo comparece por circuito cerrado de televisión, preso del pánico a las preguntas de la prensa que solo admite, muy a su pesar, en visitas al exterior. Que en el PP se toman cualquier crítica como un ataque al que hay que responder con artillería pesada es una tradición del partido; quizá por eso, y ante la creciente popularidad de la PAH  y su cabeza más visible, Ada Colau, los conservadores han optado por la blitzkrieg despiadada, contra la persona y el movimiento al que ha calificado de etarra y nazi. Al fin y al cabo se trata de la misma gente que ante el mayor atentado terrorista de la historia de España eligió usar a 200 muertos como instrumento electoral, y luego se sacó de la manga una teoría de la conspiración en la que junto a ETA y Rubalcaba solo faltaban por participar la Spectre de James Bond; que todavía utilizan de vez en cuando si conviene. Quizá por eso, Cospedal decidió dar un paso más en su campaña de emputecimiento con la PAH, declarando que los votantes del PP prefieren quitarse de comer antes de dejar de pagar una hipoteca, no como "otros" con "excusas vagas", de lo que se deduce que (salvo, por lo visto, sus votantes) todos los desahuciados se lo tienen bien merecido.

Sospecho que el objetivo final de tanta mala baba no es otro que calentar tanto los cascos a tanta gente que, por fin, alguien se decida a tener una respuesta realmente violenta en protestas y escraches, para que se cumpla la profecía popular de que son criminales y puedan prohibirse o algo. De esto seguro que se dicen muchas cosas hoy, muchas y mejores que las que yo pueda poner aquí.

Yo quiero hablar del emputecimiento, de que vamos abandonando argumentos por lemas y cada vez nos da más pereza leer detenidamente y se prefiere resolver el debate con cuatro proclamas. Y eso no es un defecto exclusivo de la derecha, ni mucho menos. Veamos el caso de la ley antidesahucios elaborada en Andalucía y que, como contempla expropiaciones a los bancos, ha desatado pasiones. Por supuesto, entre la carcundia que, al sonido de cada sílaba de expropiación, ha saltado a recurrir a tópicos soviéticos, a burlarse de la "función social de la propiedad" que recoge el preámbulo de la ley --sin darse cuenta, por ignorancia supina o solo estúpida mala leche, de lo que dicta el artículo 128 de nuestra Constitución-- y proclamar poco menos que nos hallamos a las puertas del gulag, en las mismos arrabales de Pionyang, quién sabe si no en un campo de reeducación de Pol Pot.

Ah, pero la pasión por la expropiación también ha hechizado a la izquierda. Todo lo que algunos han oído es "expropiar a los bancos" y eso, en el país de la estafa de las preferentes, el de las indemnizaciones millonarias de ejecutivos de entidades rescatadas, en el que no pagan los gastos de comunidad de pisos vacíos; todo eso suena a justicia poética, dulce satisfaccion después de tanta mísera mezquindad bancaria. Pero no es así. Lo cierto es que toda expropiación requiere un pago al expropiado y en el caso andaluz (donde serán temporales) tendrán que hacer frente a él los beneficiados; aquellos además que cumplan unos requisitos muy estrictos. 

Que más da, la ley andaluza ya es un arma de combate entre tres partidos: el PP que quiere presentarla como una ocurrencia bolivariana; el Psoe que va a tratar de redimirse con ella ante la opinión pública, e IU que quiere hacer valer con ella su peso en el acuerdo de gobierno de Andalucía. Ocurre que también ha pasado a convertirse en un arma de lucha interna dentro del Psoe y así, de repente aparece, Asturias; la única comunidad en la que los socialistas han ganado unas elecciones.

A mí me pasa que, aunque no tengo el menor interés en ideas nacionalistas, me vuelvo independentista con la información meteorológica. Es que ver continuamente que se anuncia sol y calor en todo (todo) el país mientras pruebo la lluvia constante en diversos grados de inclinación durante semanas o meses me aleja de la comunidad ibérica. No importa, en realidad Asturias es un sitio pequeño y alejado, aislado por la Cordillera cantábrica con apenas un millón de habitantes con ningún peso real en la política nacional. A veces, el hombre del tiempo dice, como es costumbre, que en Asturias lloverá y en realidad luce el sol, lo que cabrea a todo el sector de la hostelería. En fin, a lo que iba. Más allá del túnel de Negrón a nadie le interesa mucho lo que pasa aquí y no llega mucha información así que cuando hay que opinar (como pasó con el auge y caída de Álvarez Cascos) se hacer mal y pronto, con muchos datos equivocados. En este artículo de JotDown sobre la situación general del PSOE se despacha a la única comunidad en la que han vencido en las urnas con 21 palabras, y quizá tampoco merezca más, pero no así no puede explicarse nada.

Por ejemplo, la reacción del gobierno asturiano a la ley andaluza, que no quiere imitar. Inmediatamente surgió el títular de "Asturias se desmarca", aquí está; y no pocos vieron una oportunidad de atacar a Rubalcaba con una patada en el culo a la FSA (una de las más jacobinas del partido y, sin duda, de las más fieles al actual secretario general). El Psoe asturiano se defiende con que ellos ya habían hecho su propio plan antes, y que se bastan con el parque público de vivienda que hay en el Principado. Nada de eso basta al que quiere "expropiar a los bancos" sin tener que dar más explicaciones. De ahí siguió lo habitual, el PPSOE, sois de derechas...

Pero mejor vamos a los datos, los ha dado el colegio de registradores esta misma semana. En Asturias hay muy pocos desahucios (comparando con el resto de España, claro), fueron 345 el año pasado, de ellos casi una quinta parte (115) se resolvieron con dación en pago por acuerdo con el banco; aunque solo Cantabria tiene menos desahucios que Asturias en términos absolutos, proporcionalmente (Cantabria tiene la mitad de la población) es mucho menor. Hay que tener en cuenta que, aunque en en Asturias hubo pelotazos urbanísticos y no pequeños, la especulación inmobiliaria sobre la costa ha sido mínima (aquí no hay sol, y el plan de protección del litoral es muy estricto); ni siquiera la concentración de su población menguante (prácticamente la mitad de los asturianos viven en Oviedo o Gijón) ha llenado el extrarradio de pisos vacíos. Los hay, claro que sí, pero no hay ciudades fantasma en medio de un páramo. Según la Consejería de Vivienda, la iniciativa pública dispone de más de 18.000. Resultaría realmente caro y gravoso para los afectados recurrir a una expropiación, siquiera temporal como en Andalucía, pero ¿qué más da si lo que queremos en un lema, un eslogan? Desde luego eso sería fantástico para la estrategia de emputecimiento que desea el conservadurismo pero yo pensaba que en el otro lado era otra cosa. O debería.   

jueves, 11 de abril de 2013

Escraches, una perspectiva amoral



En El Rinoceronte de Ionesco, el protagonista se despierta un día y comprueba con horror cómo todos sus vecinos se van convirtiendo poco a poco en ejemplares del ceratomorfo hasta que solo él queda como único ser humano de la población. Esta obra de teatro del absurdo es una evidente parábola del auge del nazismo pero, sin tener que caer continuamente en la ley de Godwin, también nos puede servir para estudiar la, a menudo, infravalorada presión social en la formación de la opinión pública.

Otro clásico --quizá ya superado académicamente, pero que se sigue tomando como referencia-- es la teoría de La espiral del silencio de Noelle-Neuman, a la que también le llovieron críticas por su juventud nazi, porque analiza cómo determinadas ideas pueden dejar de exponerse si el precio en crítica social es demasiado alto. En su libro, la autora describe cómo durante la campaña que le dió la victoria al SPD de Brandt una de sus alumnas decidió hacer el experimento de pasear por la facultad con una chapa en la solapa de apoyo a la CDU. Y no pudo llegar a terminar su recorrido ante las malas miradas; como poco.

He escogido ambos ejemplos también por las referencias al nazismo ya que, cuando los escraches empezaron a repetirse ante sedes y domicilios de diputados o concejales del PP, la primera reacción fue acudir a las analogías con el III Reich, lo hizo Eva Durán y también ahora Sigfrid Soria, éste último con amenaza de "ostia" (sic) si fuera menester.  Ciertamente en España tenemos nuestra peculiar versión de la Ley de Godwin, esto es "todo es ETA", que también se ha usado en este caso, pero eso es otra historia.

O no. El debate de sobre los escraches se ha manifestado en dos terrenos principalmente, el legal y el moral, con dos preguntas ¿es un delito o no acosar en domicilios privados a representantes públicos? y, en todo caso, ¿es una forma lícita de protesta, moral, legítima, buena? Ninguna de las dos preguntas ni sus respuestas me importa mucho, porque no se ha planteado, en mi opinión, la cuestión correcta ¿son útiles, son eficaces?

Urge sobre todo responder a esa pregunta porque las otras son una pérdida de tiempo. Respecto a la legalidad de los escraches se pronunciarán magistrados probablemente en contra, probablemente sin llegar a considerarlos un delito equiparable al holocausto o al terrorismo de ETA como pretende el PP. La otra cuestión, si es moral o no, llega a límites ridículos y llega precisamente por la sobreactuación de los populares ante una protesta que tiene su origen en dramas que son verdaderos, y no sobreactuados, y que no han encontrado una respuesta ni rápida, ni eficaz, ni siquiera mínimamente humana, por parte de los poderes públicos. Es decir, se puede apelar, como hizo ayer Felipe González al bienestar de los inocentes niños de los políticos que sufren este acoso y casi al instante llegará la respuesta de qué pasa con los inocentes hijos de quienes sufren un desahucio y se quedan en la calle. También se destaca que los escraches atentan contra la "inviolabilidad del domicilio", cuando precisamente surgen de la desesperación de personas que se quedan sin techo. En el ámbito legal y en el moral resulta muy difícil lograr entendimiento y más cuando la sensación de impunidad ante delitos (estos sí) de corrupción son cada vez más sangrantes. Ocurre algo así como lo que cuenta esta viñeta de Manel Fontdevilla. Finalmente este gobierno ha llegado a la conclusión de que las cuestiones morales y legales se pueden zanjar con una medida espacial, de distancia: 300 metros. Más o menos.   

Carezco de la formación en derecho mínima para pronunciarme sobre las cualidades legales de los escraches, y las cuestiones sobre su moralidad me resbalan. La cosa, decía, es otra; ¿son eficaces? y ¿para qué? Volvamos al principio. Porque esta protesta se inicia cuando la ILP sobre los desahucios  elaborada por la PAH llega hasta el Congreso y va a debatirse si la cámara la toma en consideración o no. Lo cierto es que los diputados españoles no suelen valorar mucho las iniciativas legislativas populares, no hay precedentes de que vaya a ocurrir. Se llega a prever que todos los grupos de la cámara menos el partido del Gobierno apoyarán ese debate pero ocurre algo sorprendente y es que, finalmente, el PP también decide promover su discusión. Es algo inédito, una victoria sin precedentes de la PAH ante un grupo con mayoría absolutísima pero que tiene el parlamento vallado y un presidente que sólo comparece por circuito cerrado de televisión. No se quiere comer más marrones. Se debatirá. Había un objetivo, llevar la ILP al Congreso y lograr su discusión, se cumple con creces gracias a un apoyo social mayoritario a muchas de las tesis de esa iniciativa. Se ha logrado además de forma inmaculada y legítima. El éxito (y aquí hablo del ámbito de la propaganda) es tan grande que hasta el PP tiene que sumarse al carro. Es un ejemplo de libro de la "espiral del silencio". Pero luego llega un objetivo distinto.

Ahora se trata de aprobar la ILP tal cual llegó redactada al parlamento ¿es eso lícito o legítimo? Lo es desearlo, sin duda, pero la verdad es que ninguna cámara de representantes funciona así, una ley tendrá que discutirse, cambiarse su redacción, modificarse párrafos de determinados artículos. Podría parecerme (y no es el caso) estupendo todo lo que dice la ILP desde su primera a última página y, aún así, no podría querer que todos los grupos del Congresos independientemente de su color político apoyen esa redacción literal. Sencillamente no funciona así. ¿Se trata de conseguir que con los escraches los diputados populares cambien el sentido de su voto? Realmente no va a funcionar ¿para qué se hace entonces? Cuando he preguntado, las respuestas más sinceras han sido las que reconocen que les motiva la pura rabia; ya que tanta gente sufre sin respuesta efectiva, que otros caten siquiera una mínima parte de ese sufrimiento. Muy bien (ya dije que no iba entrar en cuestiones morales) pero eso no tiene nada que ver con ninguno de los objetivos de la ILP. Más bien, en la batalla propagandística, los escraches pueden resultar contraproducentes. Las apelaciones al nazismo o a ETA (¿no acabamos de parafrasear la "socialización del sufrimiento"?) pueden llegar a funcionar a medio plazo, podría llegar un día en que efectivamente un Sigfrid Soria de la vida le meta un hostia a un manifestante y otros concentrados respondan del mismo modo; toda la legitimidad argumental de la protesta pacífica quedará aniquilada en segundos. Y tampoco se habrá logrado ninguno de sus objetivos. Lo resumía muy bien Pedro Rojo en este tuit. ¿Cuál es el verdadero fin de las protestas, el objetivo eficaz? Responda como un humano, no como rinoceronte.