lunes, 28 de octubre de 2013

Camarada Dimitir



Se puede discutir cuándo debe dimitir un político. En otros países basta una salida de tono, una metedura de pata, una mentira pillada in fraganti; en España no. Aquí se asume con la mayor tranquilidad que no hay motivo para renunciar a la responsabilidad política hasta que no entra el asunto de la polémica en los tribunales. Más aún, en muchas ocasiones, hasta que no hay una condena firme; y a veces ni siquiera eso es suficiente. Ocurre así porque en otros países la salida de tono o la mentira bastan para que en el partido afectado sientan verdadero terror a ser perjudicados en las urnas, mientras que en España la indolencia de los votantes tifosi pero sobre todo el control de hierro, falta de transparencia y cerrazón a la participación de los ciudadanos que los partidos tienen sobre sus listas les impide sentir un temor semejante.

 En los partidos mayoritarios nos encontramos con ejemplos a patadas, por eso extraña el mimetismo con que IU de Asturias ha tomado el caso de la imputación por prevaricación de su portavoz parlamentario y más cuando trata de presentarse como una alternativa ejemplar al bipartidismo, fuente, por lo visto, de todos nuestros males. A Ángel González le acusa el Tribunal Superior de Justicia de Asturias de haber fraccionado contratos para la adquisición de monolitos conmemorativos de las víctimas del Franquismo. Durante la primera fase de la acusación, la coalición no se apartó ni un ápice del manual del político típico español cuando se encuentra en estos casos. Habrá que esperar, no creo que esto llegue a nada, es una acusación falsa, la imputación me permitirá defenderme mejor. Cuando se dio el paso a la apertura del juicio oral se jugó una carta más peligrosa y es la de “aquí no se ha enriquecido nadie”. Y no es eso. Porque importa realmente un pimiento en este asunto el enriquecimiento personal del portavoz, fraccionar contratos en las contrataciones de la administración es una práctica corrupta que favorece intereses particulares, quizá no se “enriquece alguien” pero se empobrece el erario público, es decir, usted y yo.

En fin, una imputación es una imputación nada más (y nada menos) y por encima de todo se debe respetar la presunción de inocencia. Pero hay algo en este caso que sí que puede llegar a ser intolerable, y es la insinuación —porque todavía no se ha dicho a las claras pero se ha sugerido en más de una ocasión–, de que el motivo último de esta causa es la resistencia de los poderes fácticos al homenaje a los represaliados de la dictadura. Y miren no, por ahí no paso. Ha sido una tentación de muchos representantes políticos envolverse en la bandera de la patria, de la estabilidad institucional, de los motivos más extraños para defenderse de acusaciones de corrupción. Lo último que nos faltaba es enfangar así la memoria de los que han yacido tan injustamente y por décadas en el fango de las cunetas.

 Comprendo que para que el portavoz de IU en la Junta se llame Ángel González, para que su nombre pese sobre el escaño, han tenido que pasar muchos congresos y asambleas afiladas; también que si para la derecha la corrupción, cuando es la suya, es el orden natural de las cosas, la izquierda si dice que es otra cosa, que debe dar ejemplo, no sólo debe parecerlo sino sobre todo serlo. Por encima de todo, usen la estrategia de defensa que mejor les parezca pero no hagan de los monolitos un parapeto. Es un insulto.

Artículo publicado en Asturias24

Foto de Eloy Alonso.

martes, 22 de octubre de 2013

Parot y la locura

Yo no voy a hablar del fallo del Tribunal de Estrasburgo sobre la Doctrina Parot que doctores tiene el Derecho, de sobra, y lo han explicado muchos muy bien. Voy a hablar de la reacción a esta sentencia --bastante previsible, la verdad-- entre la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Partido Popular y la carcundia en general, que se aproxima a la locura. Claro que, para eso, hay que remontarse a unos cuantos años atrás.

Durante mucho, mucho tiempo, la reacción institucional a los atentados de ETA era monolítica, no digo que buena o mejor que la de ahora, pero era así. Había un pacto, firmado en Ajuria Enea, por el que la práctica totalidad de los partidos trataba de alejar el debate político de la lucha policial contra los terroristas en un tiempo en que ETA mataba a mucha gente y con una frecuencia desesperante. Esto funcionó durante el larguísimo gobierno de Felipe González (y no obvio las etapas en las que hubo guerra sucia, pero es otro asunto) y los primeros tiempos del primer ejecutivo de Aznar. Pero algo cambió. ETA --que en sus inicios se cebaba especialmente en militares y guardias civiles-- comenzó a marcarse como objetivos prioritarios a políticos, y no siempre altos cargos --Aznar también fue víctima de un atentado fallido--, sino simples concejales a los que era sencillísimo aniquilar. También se ofreció al gobierno del PP un fallido proceso de paz, ese en el que Aznar llamó a ETA "movimiento vasco de liberación", que acabó con regreso al plomo. De la evolución de la lucha antiterrorista, sus tácticas y estrategias, también pueden hablar muchos otros mejor que yo. Más bien quiero apuntar el cambio que hubo en la forma en la que se rendía homenaje a los asesinados, cuando empezaron a recibirse los ataudes con aplausos, una cosa bastante llamativa porque los entierros son uno de los rituales humanos más dados a la tristeza, la amargura o el estocismo. De la compasión hacia las víctimas se paso a la admiración; y aunque esto a primera vista pueda parecer positivo por un extraño consenso social que lo ha promovido, no lo es y tiene además consecuencias bastante peligrosas. A la vez, el consenso de Ajuria Enea se fue al carajo, seguramente en parte por un cambio en el nacionalismo vasco de entonces, pero también porque el PP se quiso eregir en el único partido que ofrecía apoyo a las víctimas (que "siempre tienen razón") y también el único que luchaba eficazmente contra el terrorismo. Para hacer eso tuvo que empezar a difundir la sospecha de que los otros, todos los demás grupos y en especial el Psoe o los partidos nacionalistas, estaban conchabados con los terroristas. Fue una estrategia de "conmigo o contra mi" en la que sólo cabía la adhesión inquebrantable o la complicidad con banda armada. ETA mató entonces a Miguel Ángel Blanco, y la ola de solidaridad y unidad que recorrió todo el Estado (fue la primera vez que partidarios de Batasuna sufrieron acoso público en la calle, en plenos Sanfermines) se convirtió en un bocado demasiado jugoso para no convertirlo en un espectáculo. Literalmente:




También en ese homenaje a Miguel Ángel Blanco se resquebrajó la unidad y la confianza en que, aún desde puntos de vista distintos, se podía condenar el terrorismo con firmeza. Cuando José Sacristán empezó a parafrasear esa cita que se suele atribuir a Bertolt Brecht de "primero vineron a por los judíos, pero como yo no era judío..." llegó al punto en que también se perseguía a los comunistas y dijo "y como yo no era comunista" pero no pudo acabar. Le abuchearon entre increpaciones de que "sí eres comunista". Y esto fue paradigmático. Nos encontramos con una derecha que exigía la adhesión inquebrantable que comentábamos antes pero también sorda a cualquier explicación y orgullosa de su ignorancia. Ni siquiera entendían que era una cita. ¡Muera la inteligencia!

La segunda legislatura de Aznar exploró nuevos caminos en la difusión del todo-es-ETA gracias al gobierno tripartito de la Generalitat catalana en la que estaba ERC y que su dirigente de entonces, Carod Rovira (ahora no sabemos nada de él pero os aseguro que entonces Carod Rovira era la personificación de Satanás en la Tierra para la derecha española) se reunió con dirigentes de ETA para pedirles una tregua. Sibilinamente, la carcundia aseguró que ERC pedía tregua sólo para Cataluña y que además, en el colmo de los despropósitos Carod Rovira se apellidaba realmente Pérez y lo quería negar (esto es real, os lo juro).

Pero la apoteósis de todo esto llegó con el 11M y los tres días en los que Aznar trató de convencer al país contra viento y marea de que los atentados de islamistas radicales eran obra de ETA. Esto quebró para siempre muchas cosas. En mi opinión, dejó meridianamente claro que para el PP las víctimas no son un fin sino un medio, una herramienta electoral, pero muchas parecieron asumirlo con tranquilidad y hasta con gusto. La AVT, entonces dirigida por Francisco José Alcaraz, se apuntó gozosa a la teoría de la conspiración promovida por la carcundia más castiza en una espiral de locura que aún dura hoy.

En realidad, el atentado del 11M también contribuyó a poner fin al terrorismo de ETA. Por su repercusión internacional, porque los tiempos habían cambiado mucho desde el 11S, ETA muy a regañadientes ofreció un proceso de paz al nuevo ejecutivo de Zapatero, que acudió al parlamento (a diferencia de Aznar) para proponer a los grupos iniciarlo. Esto fue demasiado. El fin de ETA llegaba inexorable, pero en medio de una durísima legislatura en la que una de esas Españas que ha de helarte el corazón mantenía sin enmienda que ZP había llegado al poder apoyado por ETA en un atentado de bandera falsa, y el desbarre llegó a límites insospechados.

Fue así como los paladines de "las víctimas siempre tienen razón" pudieron llegar a decirle a Pilar Manjón (la presidenta de la asociación mayoritaria de víctimas del 11M) que se metiera sus muertos por el culo. Esto dicho por jóvenes que llevaban la rojigualda de capa. Ahora había víctimas de primera y de segunda. Cada paso hacia la desaparición de ETA era una cesión intolerable, que no hubiera bombas era señal incuestionable de que el Estado había sido derrotado por los terroristas. Finalmente llegó la declaración de ETA de abandonar la lucha armada y eso no se pudo acoger con alegría sino, de forma alucinante, como la prueba definitiva de la victoria de los terroristas. También así se puede acusar a una víctima del terrorismo de ETA de simpatizar con ETA.


Todos estos mimbres han contribuido a la reacción desproporcionada y absurda de una cierta derecha a la resolución de Estrasburgo de ayer. Hay muchas pero la resumen perfectamente la portada de La Gaceta:



Que la UE, que esa es la bandera a la que unen el símbolo de ETA, no tenga nada que ver con el Tribunal de Estrasburgo importa un bledo. La culpa de este fallo es de Zapatero; lo es, dicen porque puso a un juez proetarra en el tribunal que "acabó inclinando la balanza" y todo pese a que el fallo considera por unanimidad que la doctrina vulnera un artículo del Convenio Europeo de Derechos Humanos y que hay una proporción de 16 a 1 entre los magistrados que consideran que se debe proceder a la excarcelación de la etarra que presentó el recurso. Todo en vano, la locura debe seguir. Consuelo Ordóñez considera en El Intermedio que el PP debió haber puesto en el tribunal a un juez "de su cuerda"; la actual presidenta de la AVT, Ángeles Pedraza, pide que no se acate la sentencia, o que como la Justicia española es muy lenta, se demore intencionadamente. En el colmo de la distinción entre víctimas premium y de tercera clase dice que los represaliados del Franquismo no se pueden comparar en su ansias de justicia y equidad y que es "vergonzoso" que reciban "más subvenciones", ¡ay amigo!     

Hasta aquí hemos llegado. El PP tiene que enfrentarse ahora a las consecuencias de esta larga estrategia. Serán (ojalá lo sean pronto) los administradores del final de ETA y tendrán que hacerlo en un clima de chiflados promovido por ellos mismos en el que cualquier paso, un acercamiento de presos, una medida de gracia para arrepentidos, será inevitablemente un triunfo de los terroristas hasta su disolución final. O quizá no, tendrán la suerte de que nadie, salvo sus propias criaturas, les acusarán de pactar con ETA. Suerte de que todavía haya gente con cordura, lo que no quiere decir que no tengan memoria.

lunes, 14 de octubre de 2013

La desfachatez y tú




Esta semana la empezamos maravillados con la desfachatez de Jaime Botín, el hermano de Emilio, que se dedica a escribir artículos (uno y dos) de recomendación moral como alumno de la Escuela de Filosofía mientras la CNMV le abre expedientes y tiene que devolver a trancas y barrancas los millones de cuentas en Suiza. Tenemos un problema porque en España ya no es que los defraudadores no pasen vergüenza cuando les pillan en un renuncio, es que se sienten capacitados para impartir lecciones. Ojalá el caso de Jaime Botín fuera uno aislado, pero lo cierto es que es la generalidad. Cuando se reveló que el vicepresidente de la CEOE, Arturo Fernández, había pagado en negro a algunos de sus empleados ni si quiera se planteó dimitir. Dijo que se tomaría “un tiempo de reflexión”, se lo tomó, y luego volvió tranquilamente a sus quehaceres en la patronal que se reducen mayormente a conseguir contratos de la administración y exigir a los currelas que “trabajen más por menos” y que se esfuercen un poco más, que la cosa está muy mala y todos estamos en el mismo barco. No pasó nada.

Por una cuestión de impagos a Hacienda llegó a plantearse dimitir el presidente de la patronal asturiana, Severino García Vigón, pero luego –sin decirlo ni nada– se tomó también un tiempo de reflexión, midió con precisión su balanza de lealtades dentro de la FADE y decidió que no, que no dimitiría. Y ahí sigue, con el aplauso de buena parte del empresariado asturiano. Hay que recordar que Severino García Vigón fue de los primeros en reclamar que los parados que cobran la prestación por desempleo (algo que él y la patronal consideran caridad y no un derecho por el que se ha cotizado) fueran a limpiar montes para hacer algo útil y no vivir de la sopa boba del Estado. ¡Ah!, pero la desfachatez no se limita sólo al peculiar mundo empresarial español -de los más ineptos del globo, y esto no es una opinión, es una evidencia- también campa a sus anchas en nuestros sindicatos. Nada menos el secretario general de la UGT en Asturias ha sido condenado por “vulneración de los derechos fundamentales” del presidente del comité de empresa del propio sindicato; tampoco se le pasó en ningún momento por la cabeza dimitir ni nada parecido. Hagan cuentas que tenemos unas organizaciones patronales que respaldan como normal defraudar al fisco y unos sindicatos donde no es para tanto atentar contra los derechos de los trabajadores.

Todo esto es posible por lo que ha cuajado en España el lema fraguado por Camilo José Cela –brillante escritor y delator franquista– de que “Quien aguanta gana”. La apoteosis de esta divisa –que lleva más a gala que el “Se acerca el invierno” de los Stark en Juego de Tronos– es nuestro presidente, Mariano Rajoy, quien no sólo aguantó dos derrotas electorales impasible el ademán, sino que una vez lograda la ansiada victoria se ha dedicado a hacer todo lo contrario de lo que había prometido en campaña, a eludir a la prensa a través de pantallas de plasma o huidas por el garaje del Senado y esperar tranquilamente que pase el chaparrón de la presunta financiación irregular del partido que se intuye en el Caso Bárcenas. No pasa nada, Rajoy tiene tiempo de sobra y puede esperar. Si en España quien aguanta gana es sobre todo por la indolencia del resto, de los empresarios que dejan sus organizaciones en manos de defraudadores, de los trabajadores que disculpan desmanes de dirigentes sindicales y sobre todo, por encima de todo, de los votantes que no sancionan las corruptelas del partido que votan, del suyo, no de los otros. Eso es lo que importa.


*Artículo publicado en Asturias24

miércoles, 9 de octubre de 2013

Pocoyó y los losers



Hay un capítulo de Pocoyó en el que el niño y Pato siguen a un pequeño coche hasta una ciudad en miniatura y ambos se ponen a jugar a los monstruos destructores, como Godzilla y un robot gigante, causando enormes daños en la ciudad que, ¡oh sorpresa!, estaba habitada por pequeñas bolitas. Pocoyó y Pato comprenden su error y arreglan el entuerto, reconstruyendo lo destruido y sirviendo para las bolitas como parque de atracciones.

He recordado ese capítulo a raíz de las informaciones sobre la advertencia de la falta de liquidez que acucia a Zinkia, la productora de Pocoyó, en el folleto de la CNMV. Zinkia pasa una mala racha, no logra suficiente financiación pese a ser una serie excelente --seguramente la mejor producción infantil española de todos los tiempos-- con difusión internacional, muy buenos guiones y una calidad técnica más que notable. Si el producto es así de bueno, los problemas de Zinkia sólo pueden deberse a la gestión. Y ahí entra el dueño de Zinkia, José María Castillejo.

Castillejo es noble, conde de Floridablanca y cinco títulos más, aunque a él le gusta presentarse como emprendedor y asegurar que la sangre azul no ha pesado ni para bien ni para mal en su fortuna. Ya. También le gusta presentarse como "creador" de Pocoyó, lo cual es rotundamente falso. El personaje, cuyo nombre es fruto de una confusión infantil a la hora de rezar "Jesusito de mi vida", fue creado por David Cantolla, Luis Gallego y Guillermo García Carsí. Después, cuando empezó a rodar, Castillejo compró el producto a través de Zinkia y ya está. Ese es todo su mérito, tener el dinero, cero creatividad, cero talento, nada de nada. Zinkia despegó en los años previos de la crisis y antes de estrellarse --sin que yo quiera establecer una relación causa/efecto-- fichó como estrella a Juan José Güemes, ex consejero de Sanidad en Madrid (que también colaboó con las empresas sanitarias que se repartían los despojos del sistema público de la capital, y tuvo que renunciar), marido de Andrea Fabra-Que se Jodan y, también, maravilloso ejemplar de la puerta giratoria entre intereses privados y cargos públicos que caracteriza la política española. Lo digo porque es una caso evidente de Crony Capitalism aunque el dueño de Zinkia se mostró decidido partidario de las bondades del mito del laissez faire y no "putear" (literalmente) a los ricos, los dijo aquí:




La entrevista a Castillejo en Salvados causó gran revuelo en las redes sociales (incluso el verdadero creador de Pocoyó, David Cantolla, tuvo que salir al paso para separar al personaje de la polémica), pero resulta ahora especialmente relevante por todas las tesis fatuas del empresario. A Castillejo le ofende mucho la recuperación del Impuesto de Patrimonio --en un país en el que el fraude fiscal en los grandes patrimonios es norma y no excepción--, asegura que pertenece a una exigua minoría que trabaja para mantener a una mayoría de vagos (algo que es fácil de desmentir) y luego lo mejor de todo, que los ricos lo son porque son muy listos. Atención que hablamos de una premisa con consecuencia lógica y es que los pobres lo son porque son tontos. Los losers, la pobreza es merecido castigo calvinista.

Y es curioso porque Castillejo no explica los problemas de financiación de Zinkia ni las advertencias de falta de liquidez que hace la CNMV porque sea tonto o vago en una confesión que esperaríamos de la coherencia de ese pensamiento. Qué va, Castillejo achaca los problemas "a los bancos" (lo hace aquí) como un perroflauta de la calle. "Lo que los Bancos están haciendo con las PYMES en España, con el cierre completo de la financiación en estos años, creo que está siendo demoledor para un gran número de empresas. Parece, por lo que dicen los entendidos, que éste era o es el único camino. No lo entiendo muy bien y creo que es un error descomunal del que se hablará durante mucho tiempo en el futuro (...)" ¿Alguien ve ahí una confesión de su estulticia, alguna asunción de responsabilidad? No, por supuesto. Si el conde de Floridablanca se enriquece es por su propio mérito, si se empobrece es culpa de "los mercaos".


Termino como empecé con el capítulo de Pocoyó. Los Castillejos y Güemes de la vida han llegado a nuestra vida como Pocoyó y Pato entraron en la ciudad de las bolitas, destruyéndolo todo como si se tratara de un juego, luego vieron que allí vivían personas pero, a diferencia de en la animación, no sólo no están arrepentidos, ni han hecho nada por la reconstrucción, ni nos sirven de parques de atracciones. Más bien tratan de convencernos por todos los medios que somos nosotros los culpables de vivir entre sus ruinas y que debemos trabajar, aún más, para reconstruirlo todo. Ellos son listos.


*La foto de Pocoyó malvado la saqué de aquí.

viernes, 4 de octubre de 2013

La vergüenza y la hipocresía

Hoy el ABC nos despierta con una portada contundente, de las que no nos llevan a equívocos y quieren llamar a las cosas por su nombre, es ésta:



El diario recoge las declaraciones del Papa Francisco quien, ante el naufragio de Lampedusa, describió con esas palabras, "vergüenza, vergüenza", lo que allí había ocurrido por enésima vez. Es importante usar bien las palabras. Aunque es curioso en el caso del ABC que suele preferir otra: Avalancha.












Cuando no es una "avalancha", es un "asalto". Atención a las denotaciones de ataque, de agresión, de fénomeno natural destructivo.

Por no hablar del "efecto llamada", que también se usa, aquí o aquí, aunque hay muchos más ejemplos, tiene hasta una entrada en la wikipedia dedicada al Partido Popular.

Que la inmigración es un problema complejo que no tiene soluciones sencillas se nos alcanza a todos. Pero empezar por usar un lenguaje correcto, que no trate de exaltar la xenofobia, eso sí que es sencillo y no tiene ninguna complicación.

jueves, 3 de octubre de 2013

Ragnarok





En el Ragnarok, el particular fin del mundo de los mitos nórdicos, mueren todos, los buenos y los malos, los gigantes y los dioses, muere Loki y su bajel hecho con las uñas de los muertos y también Odín y Thor, poderosos entre las divinidades. La destrucción absoluta es una imagen muy sugerente que tiende a fascinar a los fanáticos de toda laya, aunque también para inspirar música muy interesante de esa que cuando la escuchas te entran ganas de invadir Polonia.




Ahora nos encontramos una Italia de nuevo al borde del colapso porque el hecho de que la justicia haya comenzado a pisarle los talones a Berlusconi ha llevado al “cavaliere” a romper el muy débil gobierno italiano, quizá intentando forzar unas nuevas elecciones, arrastrando a los abismos a la bolsa del país y, de paso, a la española, quizá comprometiendo la muy frágil esperanza de una recuperación europea. Al otro lado del Atlántico, el partido republicano de EEUU también se deja seducir por los fuegos del Valhalla y ha cumplido su amenaza de llevar al desastre las cuentas de la república provocando el llamado “shutdown”, el cierre del gobierno norteamericano –con nada menos que 800.000 funcionarios enviados a casa sin cobrar– por la negativa del GOP a aprobar el presupuesto si no se retiraba o se mutilaba gravemente el “Obamacare”, la tímida reforma sanitaria que pretende extender algo de atención sanitaria al general de la población. Lo que en EEUU es inquina declarada de una derecha que entiende el libertarismo francamente mal, en Italia es más bien el puro chantaje de un político con hechura de proxeneta que chulea al Estado igual que hacía con las “velinas” que llevaba a su villa; pero ambos casos tienes algo en común y es el desprecio por el bienestar general por un interés bastardo así se hunda el universo.

 En España, el PP presume hoy de poder sacar adelante todas sus reformas gracias a su sólida mayoría absoluta pero en la pasada legislatura llegó a recibir serios avisos de Bruselas por no querer apoyar –bastante hipócritamente visto lo visto– la primera tanda de recortes de ZP que sólo se aprobó in extremis con el respaldo de CiU. Pese a que el mantra universal del conservadurismo es el respeto a “los valores” lo cierto es que la derecha contemporánea es profundamente nihilista. En todo el orbe.

 ¿Y Asturias? De nuevo vuelve a enfrentarse a la posibilidad de que no se apruebe su presupuesto. Después de haber sufrido un adelanto electoral forzado por la negativa del gobierno de Álvarez-Cascos a negociar nada y la amenaza de una intervención desde Madrid, la mínima mayoría (de un solo escaño) que sostiene al ejecutivo de Javier Fernández ve peligrar el respaldo a sus cuentas si UPyD no ve cumplida su propuesta de reforma electoral. A primera vista, las razones de la reticencia socialista a aprobar esta reforma –a la que se ha visto empujado– parecen razonables. Cambiar la ley por la que se elegirá a los parlamentarios asturianos requiere, dicen, el máximo consenso posible para garantizar que subsista a largo plazo. Es necesario, dicen, que al menos el PP o Foro Asturias se sumen a esta iniciativa. Parece razonable pero también es un argumento con trampa. La reforma electoral incluye medidas que van más allá de la reducción de tres a una de las circunscripciones (lo que más espanta a los partidos mayoritarios), también contempla listas desbloqueadas o el voto anticipado, papeletas en braille; medidas que verdaderamente pueden acrecentar la tan demanda participación ciudadana en un tiempo en que todo se carga contra “los políticos”. Buscar el consenso con los conservadores es algo más que positivo, buscarlo sin descanso hasta el tedio y la parálisis es una pérdida de tiempo. En un lugar como Asturias, con una derecha dividida como un dragón de dos cabezas, más volcada en repartirse el botín del electorado carca que en buscar soluciones para todos, no merece la pena distraerse con sus cuitas. Si no es posible ese pacto es mejor seguir adelante, lo contrario es jugar con fuego, aunque sea una hoguera fascinante por su tamaño, como un Ragnarok.



Este artículo está publicado en Asturias24

Recomiendo completar esta lectura con este artículo de @kanciller y este otro de @rober_mf

ACTUALIZADO. Finalmente PSOE, IU y UPyD apoyarán juntos la reforma.

MÁS ACTUALIZADO, ahora que no se apoya la reforma