sábado, 30 de mayo de 2015

Ouija de Asturias





El juego chorras de moda entre el espiritismo consiste en dividir un papel en cuatro y escribir sobre cada cuadrante Sí y No; sobre ellos se cruzan dos lápices que se desplazarán para responder a las preguntas de los invocantes que reciten adecuadamente el conjuro “Charlie, Charlie, ¿estás aquí? Viene muy al caso esta ouija barata para analizar el escenario post electoral de Asturias porque los dos lápices marcan dos ejes: arriba y abajo e izquierda y derecha.
            Tal y como se esperaba han sido finalmente seis grupos los que han entrado en el nuevo parlamento asturiano. Lo hace por primera vez Ciudadanos con 3 escaños, aunque realmente su número dos en la lista ya había estado la pasada legislatura porque en el Principado los naranjas no celebraron primarias para estas elecciones e integraron a los desertores de UPyD  apenas unos meses antes de los comicios. También con 3 se certifica el desplome de Foro, con un Cascos en el último puesto de la lista incapaz de asumir como un paisano la debacle que se avecinaba. Aún con una pérdida de votos IU de Asturias ha mantenido sus 5 diputados encabezados por un Gaspar Llamazares que no ha dudado en hacer valer su resultado frente al que ha cosechado la coalición en el resto del país, devorada en muchos casos por candidaturas afines a Podemos. El PP (con 11) logró el segundo puesto de milagro (en la circunscripción central le superó Podemos) lo que le permite disfrazar momentáneamente que Mercedes Fernández no ha logrado recuperar en estos cuatro años los votos fugados entonces hacia la escisión de Cascos, aunque ha sido el único territorio en el que los conservadores han subido en unos pocos sufragios respecto a la pasada legislatura. Podemos entra en la Junta General con 9 escaños, un resultado muy bueno si no fuera porque las expectativas de la formación eran infinitamente mayores –su candidato, Emilio León, no dejó de repetir en campaña que vencería y su secretario general, Daniel Ripa, auguró una participación gigantesca (del 70 u 80% del electorado) que, a la hora de la verdad, ha sido menor que en los pasados comicios--; mientras que el PSOE bajó en votos y en escaños (hasta 14) pero manteniendo la primera posición y con las posibilidades más altas de entre todos los grupos para gobernar.
            Charlie, Charlie ¿qué ha pasado aquí? El análisis más extendido para analizar los resultados municipales para el conjunto de España –giro a la izquierda, castigo del electorado conservador-- no sirve para el caso asturiano. No ha habido en Asturias fagocitación de IU por parte de Podemos, y pese a las llamadas en el mitin de la Corredoria de Pablo Iglesias para que los socialistas de corazón votaran esta vez morado, tampoco la pérdida de votos del PSOE refleja un trasvase a Podemos. Cascos se lamentaba esta semana de que era a él a quien le habían quitado voto indignado y no le falta parte de razón. Según el CIS el voto-simpatía de exvotantes de FAC hacia Podemos era el 12’4%, y como explicaron los politólogos Jorge Galindo y Kiko Llaneras en un artículo de El Español previo a los comicios, el votante asturiano de Podemos es con bastante diferencia el más transversal y “centrista” de todo el territorio. De ahí que a la candidatura de Emilio León le interese (en coherencia con la tesis mantenida hasta ahora por el partido) mantener el debate sobre el eje arriba-abajo antes de como reclaman otras formaciones (y ahora Podemos en otras partes de España) llevar los pactos postelectorales al eje izquierda-derecha.
            Ouija no es más que SíSí en francés y en alemán. Si la derecha se ha estrellado en Asturias es principalmente porque hace décadas que está dividida, peleada consigo misma y presa, en buena medida, de los caprichos y la egolatría de Álvarez Cascos (porque él protagonizó la última escisión y fue causa mayor de la anterior con el URAS de Sergio Marqués); y si la izquierda del PSOE e IU ha resistido es por la larguísima tradición que la ideología progresista tiene en una Asturias muy envejecida –sobre un millón de habitantes el censo es de 900.000—y hay un electorado mayor que no cambiará su voto. Podemos, aquí al menos, ha recogido un voto que desea castigar duramente a los dos grandes partidos tradicionales, y a los más jóvenes.

            En uno de sus últimos mítines de campaña, el ex presidente Felipe González reivindicaba su legado frente a las críticas de partidos emergentes destacando que están formadas por universitarios que si alcanzaron ese grado fue por la extensión de derechos educativos en sus primeros gobiernos. Hay proclamas en mítines que pueden estar cargas de cinismo pero yo no creo que este sea el caso en absoluto. Realmente Felipe González lo cree así y su estupefacción (motivada o no) es sincera. Se le puede aplicar lo que cantaba Serrat de que cuando se abre una flor, al olor de la flor, se le olvida la flor. El PSOE puede felicitarse en Asturias por su resistencia pero tiene los días contados si sigue dependiendo de un electorado envejecido. Son muchos los logros de las administraciones de la década de los 80 del siglo pasado; pero la realidad es que hoy el 50% de los jóvenes menores de 35 años está en el paro. El 50%, la mitad. Pensemos un momento en esa cifra. El 50%. Ese simple dato nos habla de que España es un estado fracasado. Dan igual el resto de datos, cifras y estadísticas. Si la mitad de jóvenes no tiene trabajo no hay ningún futuro posible, ni para ellos, ni para las pensiones, ni para el conjunto del país. Los cambios que deben hacerse son profundos y requieren valentía. También dejar atrás ambigüedades de “todos son lo mismo” y eslóganes de trazo grueso contra la casta. Repartidos ya todos los cromos, las urnas reflejan mejor que nada qué dice el pueblo, la gente, la ciudadanía. No es necesario consultar a ningún espíritu fantasmal.